Están siendo días muy complicados en la ciudad de Málaga. Dos tiroteos en apenas cinco días y a escasa distancia del centro de la capital han marcado profundamente a la ciudadanía y han puesto en alerta máxima a las autoridades, que saben que durante los próximos años tienen un reto por delante: plantar cara al crimen organizado y al tráfico de drogas.
Este mismo miércoles, el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, junto a responsables de la Policía Nacional, confirmaba que va a reforzarse el Plan Costa del Sol con más efectivos y presencia policial en las calles, aunque sin precisar la fecha concreta ni el número de agentes que se desplazarán desde otras provincias.
La ciudad se encuentra sumida en el estupor tras el injusto asesinato de Ignacio Varela, conocido en su entorno como Nacho, el pasado viernes en el barrio de Barcenillas.
La investigación policial ha demostrado con rotundidad que el joven no era el objetivo real de los tiradores, sino que su muerte fue el dramático resultado de una confusión criminal.
Apenas unos días después, el martes por la noche, la violencia volvía a golpear a la capital con un segundo tiroteo en pleno Muelle Uno. Allí, un sicario disparó a la cabeza a Ümit Yalçın, ciudadano turco de 47 años ampliamente conocido a nivel internacional.
Yalçın guarda relación con los Casper, una peligrosa organización criminal enfrentada en una cruenta guerra de bandas a los Dalton, célebres por protagonizar el año pasado un tiroteo en el aparcamiento de un supermercado en Isdabe (Estepona). Ambas estructuras representan dos de las mafias más influyentes de Turquía.
Aunque muchos pensaron en un primer momento que el fatal desenlace de Nacho y el ataque a Yalçın en el puerto eran sucesos aislados, una de las líneas de investigación que manejan desde la Policía Nacional es que no es así. La prensa turca sostiene también esta idea.
Según sostiene el periodista especializado en crimen organizado Ümit Erkan Demircan, el plan de ejecución contra Ümit Yalçın —conocido en el hampa con el apodo de "Gitano Ümit" por sus vinculaciones con las guerras de la droga en Turquía— estaba diseñado para llevarse a cabo antes, pero el asesinato de Nacho cambió sus planes.
De acuerdo con las informaciones del periodista turco, el primer equipo de ejecución enviado a la zona para matar a Ümit precipitó los acontecimientos al matar en medio de la calle a Nacho, un joven de 20 años al que confundieron con otro sicario que, a su juicio, les estaría haciendo una contravigilancia.
La rápida captura de este primer grupo por parte de la Policía Nacional pudo provocar que todo el plan inicial se viniera abajo, obligando a las mafias a poner a actuar a un segundo equipo de sicarios para culminar apenas cinco días más tarde el ataque contra Yalçın en el Muelle Uno, uno de los enclaves turísticos más visitados de Málaga.
Yalçin se encontraba cenando tranquilamente con dos mujeres y otro hombre en el Lounge Bar La Plaza hasta que recibió la visita de un sicario que, acompañado de un cómplice con el que escapó, le hizo acabar en la UCI con un balazo en la cara.
Tuvo la suerte de que cuando se percató de su presencia se giró a mirar al tirador y la bala tuvo orificio de entrada y salida, lo que ha salvado su vida.
Estas bandas, que en Turquía ya no pueden actuar con impunidad total, han trasladado sus ajustes de cuentas a suelo europeo, convirtiéndose en una auténtica pesadilla para los cuerpos de seguridad como es la Policía Nacional, que ahora investiga si el objetivo claro y principal de la operación era Yalçın, y si varios grupos de sicarios se desplegaron por Málaga vigilando sus movimientos para matarlo.
Los investigadores sospechan que Nacho, lamentablemente, tuvo la desgracia de cruzarse y mirar a los ojos al primer grupo, conformado por unos sicarios suecos somalíes, que interpretó su presencia como un desafío. Creían que en su riñonera, esa que tantos chicos de su edad llevan, escondía un arma de fuego.
Un experto en crimen organizado consultado por este periódico ha explicado que aunque no es habitual en grupos criminales de renombre como los Dalton y los Caspers, no sería raro que de verdad los Dalton hubieran contratado a estos sicarios "para hacer el trabajo sucio".
Por un lado, con ánimo de tener refuerzos para acabar con una figura muy fuerte como la de Yalçın y a la vez, para demostrar el músculo de su organización dejando ver entre líneas que ya no tienen que encargarse ellos de esos asuntos.
Detrás del cruce de acusaciones y de las guerras entre mafias internacionales queda la memoria golpeada de Nacho. Un chaval inocente, un "currante" de la construcción que era hijo único y se desvivía por su madre, que siempre confió en que él no tenía nada que ver con los hechos delictivos que se le relacionaban en las primeras informaciones. El chaval no tiene ningún antecedente ni vínculos delictivos con ninguna banda criminal.
El viernes de su asesinato, Nacho simplemente estaba sentado en la plazoleta Virgen del Rocío, junto a la puerta de un supermercado Día de su barrio, cuando se topó con los sicarios.
Recibió dos disparos, uno en la pierna y otro en la espalda, que acabaron con su vida poco después tras ser trasladado al hospital. Con su marcha, deja atrás a una madre rota y a un grupo de amigos desolados que lo recordarán siempre por su buen corazón y su "cara de ángel".
Este jueves, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, pidió un minuto de silencio en su recuerdo en el pleno del Ayuntamiento de Málaga indignado por su muerte, que atribuye a una confusión de alguno de estos "grupos indeseables ligados al narcotráfico".
