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Las claves

Hay una escena que se repite en muchas viviendas cuando llega el verano: el propietario recibe la factura de la luz, mira la cifra y se pregunta cómo puede haber subido tanto.

El aire acondicionado tiene buena parte de la culpa, pero no siempre es el único responsable.

Después de años entrando en casas para revisar instalaciones, averías y equipos eléctricos, Miguel, que es electricista, reconoce determinadas señales.

"Muchas veces entro en una vivienda y ya puedo imaginar que la factura es elevada antes incluso de verla", explica este profesional.

No porque exista un aparato mágico capaz de vaciar el bolsillo, sino porque se repiten los mismos errores: temperaturas demasiado bajas en el aire acondicionado, equipos antiguos, aparatos que permanecen conectados durante horas, termos mal gestionados o una potencia contratada que no se corresponde con las necesidades reales de la vivienda.

El aire a baja temperatura

Es una de las costumbres más extendidas. Llegar a casa después de varias horas de calor y colocar el aire acondicionado a 19 o 20 grados con la intención de que la habitación se enfríe cuanto antes.

Pero el termostato no funciona como un acelerador. Fijar una temperatura mucho más baja no significa que el equipo vaya a enfriar más deprisa, sino que tendrá que seguir trabajando hasta alcanzar una temperatura que, en pleno verano, puede ser innecesariamente baja.

La recomendación habitual es mantener la vivienda en torno a 24-26 grados, una horquilla que permite encontrar un equilibrio entre confort y consumo.

El problema aumenta cuando se combina una temperatura excesivamente baja con otras malas prácticas: puertas abiertas, ventanas sin cerrar correctamente o estancias vacías que continúan climatizándose durante horas.

Por eso, antes de tocar el termostato, el electricista recomienda algo mucho más sencillo: evitar que el calor entre en la vivienda.

Persianas y toldos cerrados durante las horas de mayor radiación solar, ventanas cerradas mientras funciona el aire acondicionado y ventilación durante las horas más frescas pueden reducir la carga que tiene que soportar el equipo.

El aparato que está 'apagado' puede seguir consumiendo

Otro de los errores que aparecen una y otra vez es asumir que un aparato que no está funcionando no consume electricidad.

Televisores, ordenadores, consolas, equipos de sonido, impresoras y otros dispositivos pueden permanecer en modo de espera durante muchas horas.

Individualmente, el consumo suele ser pequeño. El problema está en sumar todos esos pequeños consumos durante todo el año.

La solución tampoco requiere una gran inversión. En aquellos equipos que no necesitan permanecer permanentemente conectados, una regleta con interruptor permite cortar completamente la alimentación cuando no se utilizan.

Pero hay una advertencia importante: no todo aparato conectado consume lo mismo ni todo consumo en espera es significativo. Por eso, si se quiere saber dónde está realmente el gasto, lo más útil es medirlo.

Un sencillo medidor de consumo permite comprobar cuánta electricidad demanda un aparato en funcionamiento y cuánto mantiene cuando aparentemente está apagado.

El aire acondicionado antiguo

No todos los equipos de climatización consumen lo mismo. La tecnología ha evolucionado y los sistemas modernos, especialmente los equipos con tecnología Inverter, pueden adaptar su funcionamiento a la demanda en lugar de trabajar continuamente a máxima potencia.

Eso no significa que cambiar un aparato antiguo vaya a compensar siempre económicamente. La decisión depende de las horas de uso, la potencia, el estado del equipo y el consumo real.

Pero cuando un aparato tiene muchos años, funciona durante buena parte del día y presenta un rendimiento claramente inferior, conviene hacer números antes de seguir utilizándolo simplemente porque todavía funciona.

El error habitual es pensar únicamente en el precio de sustituirlo y olvidar cuánto cuesta mantenerlo funcionando durante años.

El termo eléctrico: otro consumo que pasa desapercibido

El termo es otro de los equipos que merece atención. Su funcionamiento consiste en calentar y mantener caliente un volumen de agua. Por eso, la gestión de la temperatura y los horarios de uso puede tener un impacto importante en el consumo.

Aquí tampoco existe una regla universal de "apagar siempre" o "dejar siempre encendido". Depende de la capacidad del termo, del número de personas que viven en la vivienda, de los horarios y de cuánto tiempo permanece sin utilizarse.

Lo que sí tiene sentido es evitar temperaturas excesivamente altas y revisar que el equipo esté correctamente aislado y en buen estado.

Una familia que consume agua caliente principalmente por la mañana y otra que la utiliza durante todo el día no tienen necesariamente la misma estrategia óptima.

La potencia contratada

Hay otro punto de la factura que muchos consumidores miran menos: la potencia contratada. No es lo mismo consumir mucha electricidad que necesitar simultáneamente una gran potencia.

Una vivienda puede tener varios electrodomésticos, pero si no funcionan todos al mismo tiempo quizá no necesite una potencia contratada tan elevada como la que tiene actualmente.

Revisarla puede permitir reducir el coste fijo de la factura, aunque hay que hacerlo con cuidado: bajar demasiado la potencia puede provocar que los dispositivos de control desconecten el suministro cuando se utilizan varios aparatos simultáneamente.

Por eso, antes de modificarla, lo recomendable es comprobar los picos de potencia de la vivienda y estudiar el historial de consumo.

La piscina también entra en la factura

En Málaga y la Costa del Sol hay un elemento que adquiere especial importancia durante el verano: la piscina.

La depuradora puede permanecer funcionando varias horas al día y convertirse en otro consumo relevante. El tiempo necesario depende del volumen de agua, del sistema de filtración y de las condiciones de la piscina.

El error no está necesariamente en hacer funcionar la depuradora, sino en utilizarla más tiempo del necesario sin comprobar qué necesita realmente la instalación.

Lo mismo ocurre con bombas, sistemas de riego y otros equipos eléctricos exteriores.