Un lituano de 31 años fue atacado a plena luz del día esta semana en el aparcamiento público situado junto a un chiringuito en Estepona. El establecimiento se desvincula de los hechos: "Socorrimos al herido y pasamos muchísimo miedo", afirman.
A las cinco y media de la tarde, con la playa todavía llena y los coches entrando y saliendo de la zona, sonaron los disparos. No fue de madrugada ni en una carretera apartada. Ocurrió a plena luz del día, en el aparcamiento público situado junto al chiringuito Sonora Beach, en Estepona.
Un hombre de 31 años y nacionalidad lituana cayó al suelo después de recibir varios impactos de bala. Los testigos que llamaron al 112 hablaron de una persona desplomada y sangrando.
Hasta allí acudieron sanitarios del 061, agentes de la Policía Local y efectivos de la Policía Nacional. El herido fue atendido en el lugar y trasladado al Hospital Costa del Sol, en Marbella.
Fuentes policiales citadas por EL ESPAÑOL elevaron a cuatro el número de impactos, localizados en una pierna y en la zona abdominal.
Los autores huyeron antes de que llegaran las patrullas. Las primeras pesquisas apuntaron a un vehículo de color oscuro y a la posibilidad de que los tiradores actuaran encapuchados.
La Policía Nacional asumió la investigación y comenzó a revisar las cámaras de seguridad de las urbanizaciones y negocios próximos. Hasta la última información publicada no habían trascendido detenciones.
La escena duró apenas unos minutos, pero bastó para colocar de nuevo a Estepona ante una realidad incómoda: los ajustes de cuentas ya no buscan necesariamente la oscuridad. Los pistoleros aparecen donde está su objetivo.
Puede ser un aparcamiento, una urbanización, la terraza de un restaurante o la puerta de un supermercado. Alrededor quedan turistas, trabajadores y familias completamente ajenos a la disputa.
El comunicado del chiringuito
La difusión del nombre de Sonora Beach obligó al establecimiento a reaccionar. El tiroteo no se produjo dentro del local, sino en una zona de estacionamiento que sirve de acceso público a la playa. Aun así, el negocio quedó ligado al suceso desde los primeros mensajes difundidos en redes sociales.
Sus responsables publicaron un comunicado para dejar claro que no mantenían relación alguna con el ataque. "Lo único que hicimos fue socorrer al herido y pasar muchísimo miedo", explicaron.
Los empleados escucharon las detonaciones sin comprender qué ocurría y, al ver al hombre tendido en el suelo, trataron de auxiliarlo hasta la llegada de los servicios de emergencia. Los clientes también vivieron momentos de enorme tensión.
Sonora Beach fue el negocio más cercano, no el escenario empresarial de una disputa. El establecimiento quedó atrapado en una historia ajena. Una circunstancia parecida a la que vivió, un año antes, el supermercado Aldi de Isdabe, cuyo aparcamiento terminó convertido en el escenario de otro enfrentamiento armado.
El precedente de la mafia turca
El 20 de julio de 2025, miembros de los Daltons y los Caspers, dos organizaciones criminales turcas enfrentadas, se tirotearon en el aparcamiento del Aldi de Isdabe, también en Estepona. Una persona que acudía a comprar y no tenía relación con los implicados recibió una bala perdida en un brazo.
Aquel episodio reveló la presencia en la Costa del Sol de dos clanes jóvenes y violentos que habían trasladado fuera de Turquía una rivalidad vinculada al tráfico de drogas, las extorsiones y el control territorial. El supermercado, como ahora el chiringuito, no tenía relación alguna con las organizaciones. Simplemente estaba allí cuando los pistoleros decidieron disparar.
El paralelismo explica parte de la inquietud, pero no significa que ambos sucesos estén conectados. Ya que la Mafia lituana no tiene mucha relación con la turca.
Lituania, como otros países europeos, ha tenido organizaciones implicadas en narcotráfico, blanqueo de capitales, trata de personas, robos de vehículos y otros delitos transnacionales. Europol ha participado durante los últimos años en distintas operaciones contra redes lituanas activas en varios Estados europeos, incluida España.
Disparar donde sea y a cualquier hora
La provincia de Málaga lleva años conviviendo con grupos criminales de procedencias muy distintas. La Costa del Sol ofrece conexiones internacionales, puertos deportivos, urbanizaciones de lujo y una elevada población flotante. Es un territorio atractivo para vivir, invertir y hacer turismo; también para ocultarse, reunirse y mover dinero.
Durante 2024 se contabilizaron alrededor de una quincena de episodios con armas de fuego en la Costa del Sol, la mayoría relacionados con el narcotráfico, en municipios como Marbella, Estepona, Mijas y Fuengirola.
Aquella cifra no describe por sí sola la situación actual, pero sí señaló una tendencia: determinadas bandas recurren cada vez con menos reparos a las armas para resolver deudas, robos de droga, traiciones y disputas internas.
El último aviso llegó apenas unos días antes del tiroteo de Sonora Beach. La Policía Nacional anunció la incautación en Málaga de 36 armas largas, 11 cortas, 11 granadas de mano y abundante munición durante una investigación contra una estructura dedicada al tráfico de armas y drogas. También fueron intervenidos silenciadores, chalecos antibalas y miles de cartuchos.
Ese arsenal ayuda a comprender el riesgo. No se trata únicamente de que los clanes dispongan de pistolas. Algunos cuentan con fusiles automáticos, vehículos robados, matrículas falsas, equipos de vigilancia y personas dispuestas a abrir fuego en lugares concurridos.
Cuando un pistolero aprieta el gatillo en un aparcamiento lleno, la distancia entre un ajuste de cuentas y una tragedia con víctimas inocentes se reduce a unos centímetros.
En el Sonora Beach, los trabajadores auxiliaron al herido dejándoles un triste recuerdo para toda la vida. Estepona volvió a escuchar disparos bajo el sol. Y la Costa del Sol comprobó, una vez más, que la violencia del narcotráfico no siempre espera a que caiga la noche.
