Cuando a Bernardo, un joven almeriense de apenas 24 años, le sonó el teléfono a finales del pasado mes de mayo, no se imaginaba que en nada y menos estaría haciendo la maleta para marcharse a un pueblo que ni siquiera ubicaba.
Graduado en Historia por la Universidad de Almería y con un doble máster a sus espaldas, llevaba tiempo inscrito en las bolsas de empleo con la vista puesta en el turismo, un sector en el que ya había trabajado en la Alpujarra almeriense, la tierra de su familia.
La oficina del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) en su ciudad está en la avenida de Ronda y cuando cogió la llamada pensaba que lo llamaban desde allí para darle trabajo. Todo se trataba de una confusión. Al otro lado del teléfono le hablaban desde la Ronda malagueña para ofrecerle un puesto de agente de turismo rural en Benalauría.
"Lo primero que dije fue que me tenían que dar un rato, que ya les llamaría por la tarde, porque no sabía ni dónde me iba. Tuve que buscarlo en Google porque no conocía ni siquiera la zona", reconoce entre risas.
Varias semanas después de aquella llamada, Bernardo ya es un vecino más de este pueblo del Valle del Genal.
Se incorporó el 1 de junio, con el tiempo justo para encontrar casa, y desde entonces trabaja para que a nadie más le pase lo que a él. Que Benalauría deje de ser un nombre que hay que buscar en internet.
Su contratación forma parte del Programa Activa-T Joven, una línea de ayudas de la Consejería de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo de la Junta de Andalucía financiada por la Unión Europea con cargo al Programa FSE+ Andalucía 2021-2027, dirigida a jóvenes desempleados inscritos en el Sistema Nacional de Garantía Juvenil.
Gracias a esta iniciativa, el Ayuntamiento de Benalauría ha podido contratar a seis trabajadores durante seis meses cada uno, con una subvención total de 70.400 euros.
Los puestos son dos jardineros, dos animadores socioculturales, un asistente para el acompañamiento de mayores y el propio agente de turismo rural.
En el caso de Bernardo, los objetivos que le ha marcado el Consistorio pasan por reabrir la oficina de información turística de la localidad, diseñar material informativo con los puntos de interés del municipio, dar un impulso a la nueva web de turismo y acompañar a los visitantes que decidan conocer el pueblo y su entorno.
Todo con una meta final: potenciar el turismo rural y las pernoctaciones.
Un historiador de la Alpujarra
Las raíces familiares de Bernardo están en Laujar de Andarax, considerada la capital de la Alpujarra almeriense. "Yo soy la primera generación de mi familia que ya se mudó a la ciudad, así que estoy un poquillo a caballo entre el pueblo y Almería", cuenta.
Precisamente en esa comarca, en el Ayuntamiento de Fondón, empezó su relación con el turismo rural. Primero a través de prácticas universitarias del programa Campo Rural y después de la mano de una cooperativa de historiadores que gestionaba el patrimonio del pueblo.
De ellos aprendió una filosofía que ahora aplica en Benalauría. "Venían a decir que la historia no es solo para dar clases en un instituto o meterte en un archivo, que hay otras salidas. Que sean los propios historiadores los que expliquen el patrimonio, los que conozcan toda la historia a través del archivo y de la fuente oral", explica.
Otro tipo de turismo
Su primer mes en el pueblo lo dedicó a tomar contacto, detectar necesidades y fijar objetivos. Y también a asimilar un cambio de escala. "En Almería el turismo es más reducido, no hay tan buenas conexiones de aeropuerto ni por carretera.
Aquí en Málaga me di cuenta de que el turismo es otra cosa. Tenemos muchísimo turismo inglés, alemán, de todo tipo de Europa, y además en grandes cantidades", compara.
En Fondón presumía de haber contribuido a duplicar y hasta triplicar las cifras de visitantes en cuestión de meses. En Benalauría, en cambio, ha comprobado que nadie quiere masificación.
"Es normal, porque se sabe lo que se está dando en la costa. Aquí lo que se busca es un turismo sobre todo sostenible, como es la vida del pueblo. No se quiere cambiar eso", resume. Tampoco habría infraestructura para lo contrario. "No podemos decir que vamos a coger 20 autobuses, no se puede realizar", admite.
La receta tiene un ingrediente principal: mantener la esencia. "Si el pueblo gusta ahora mismo es por lo que es, no por lo que se pueda llegar a transformar", defiende. Y por llenar las pequeñas casas rurales, que son la capacidad de alojamiento real del municipio, con un visitante que busque tranquilidad.
"Que no vengan de paso, de pasar una mañana y ya está. Que se queden a dormir, que disfruten del día a día del pueblo", pide.
Su gran apuesta de futuro son los grupos del Imserso, que a su juicio encajan a la perfección con el modelo. Viajan en temporada baja y entre semana, cuando los vecinos están trabajando, de modo que no interfieren en su descanso del fin de semana.
"Y al mismo tiempo pueden ver el pueblo vivo, a la gente trabajando, moviéndose", argumenta.
Un molino del siglo XVIII y la bodega más pequeña del mundo
Si mañana llegara un turista al pueblo, Bernardo lo tiene claro. La primera parada sería el museo etnográfico, abierto en los años 90 e instalado en un molino del siglo XVIII que rehabilitó una cooperativa de vecinos. Una historia que a este graduado en Historia le fascina.
"En los años 80 y 90 se hicieron preguntas muy básicas que en el medio rural no se estaban dando. ¿Qué tiene que hacer la gente para venir al pueblo? Lo primero, dónde dormir, y montaron las casas rurales. Después, dónde comer, y la cooperativa montó un restaurante. Y por último, qué ver", relata.
La rehabilitación del molino, además, se hizo con criterio. "No fue de lo tiro todo abajo y lo pongo todo nuevo. Se llamó a una experta que hizo estudios de arqueometría y se mantuvo todo lo que se pudo", valora.
La ruta seguiría por el casco urbano, donde la arquitectura tradicional se conserva de forma llamativa.
"Todas las casas mantienen esa estructura blanca con tejados a dos o cuatro aguas. No veo una casa que desentone, y eso es lo más importante, porque en muchos pueblos cada uno reforma como quiere", señala.
El itinerario incluye también un horno de pan de 1882 que todavía funciona de manera tradicional y se puede visitar, y una joya para los amantes de las curiosidades, la bodega más pequeña del mundo, de apenas 28 metros cuadrados, que en verano organiza veladas en las que el vino se marida con una parte gastronómica al caer la tarde.
El pueblo cuenta además con tres tiendas, dos bares en la plaza y un restaurante junto a la piscina municipal, situada en la parte alta con toda la intención. Al estar Benalauría en la ladera este de la montaña, el sol se retira pronto, y ese punto elevado garantiza más horas de luz y un agua más templada.
A este almeriense de secarral le ha sorprendido, sobre todo, el verde. "Te vas caminando por esas rutas muy abrigadas por la masa verde y en cuanto te llega un poquito la brisa te sientes más a gusto", describe. El acceso al río, solo a pie, forma parte para él del encanto.
Y aún le queda por descubrir el gran imán de la zona, el otoño, cuando el Valle del Genal se convierte en el famoso Valle del Cobre por los tonos rojizos de sus castaños.
Piña entre los jóvenes contratados
Bernardo no está solo. Aunque son seis los jóvenes contratados para este programa, él trabaja mano a mano con una compañera de prácticas de marketing, y otros compañeros se ocupan de la asistencia a mayores o de la dinamización cultural con los niños en las escuelas de verano.
En un pueblo con poca población joven, han hecho piña. "Yo soy vecino de una de mis compañeras, estamos por ahí por casa, hablamos, mantenemos contacto", cuenta. Tampoco faltan planes.
Hace poco disfrutaron de un torneo de fútbol de 24 horas, del viernes a las 21.00 al sábado a las 21.00, que reunió a equipos de toda la zona junto a la piscina.
Y en San Juan, la hoguera coincidió con la fiesta de fin de curso del Colegio Público Rural, que este año tocaba celebrar en Benalauría, con la plaza llena, talleres de pintacaras y mensajes lanzados al fuego para quemar lo que no se quiere.
En su corto tiempo en el pueblo su hito ha sido la reapertura de la oficina de turismo, prevista en unas dos semanas. Mientras trabaja, prepara oposiciones para profesor, con ánimo de mantener todas las puertas abiertas. "Estoy abierto a todo tipo de posibilidades. Nadie descarta que al final me quede por aquí bastante más tiempo. Por mi parte no habría ningún problema", concluye este almeriense, que ya es todo un benalauriano de adopción y corazón.
