España es campeona del mundo y Málaga lo ha celebrado como si el título se hubiera ganado en el mismísimo estadio de La Rosaleda. La selección se impuso 1-0 a Argentina en una final que la ciudad vivió muy unida, convertida en un equipo más para empujar a los suyos desde el otro lado del charco.
Desde las 20.00, con el calor empezando a dar tregua, las calles se tiñeron de rojo y sobre todo de blanco, el color de la segunda equipación que se ha convertido en la sensación de este Mundial y a la que ahora habrá que añadir una segunda estrella de color burdeos.
Los más jóvenes ansiaban ver a sus jugadores favoritos alzarse con la Copa del Mundo. Los que tuvieron la suerte de vivir la hazaña de Iniesta y compañía en 2010 solo deseaban repetir una celebración similar.
Juntos, emocionados, aplaudían a los héroes de aquella época cada vez que las cámaras los enfocaban en la grada del estadio del área metropolitana de Nueva York. En un pub de la zona oeste, un grupo de jóvenes gritaba: "¡Van a ver un nuevo Mundial!".
La gran cita llevaba días preparándose. Había bares con mesas reservadas desde la victoria ante Francia y plazas y parques con ambientazo frente a pantallas gigantes desde las primeras horas de la tarde.
En el ambiente, un sentimiento generalizado de ir todos a una. Costaba encontrar un rincón de la ciudad sin una camiseta de la selección, una bandera colgada de un balcón o una tele sacada a la puerta de un bar.
Una familia celebra la victoria.
A las 21.00, cuando el balón comenzó a rodar, en el entorno del Parque del Oeste no se escuchaba una mosca. Apenas pasaban coches y nadie levantaba la cabeza de las televisiones, pendiente de cada movimiento del balón.
Solo las ocasiones de gol rompían el silencio, con un rugido contenido que recorría las terrazas cada vez que España pisaba el área argentina. "Nos merecemos ganar, están siendo muy bestias", era la frase más repetida en cada bar.
Los locales estaban absolutamente abarrotados de un público que comenzó a enfadarse, poco a poco, con el arbitraje y las entradas de los argentinos. El primer gol anulado terminó de reventar los ánimos y pocos aguantaban sentados ante tanto nerviosismo.
Arrancada la prórroga, muchos apostaban ya por una tanda de penaltis. Entonces llegó el minuto 106, el del héroe del partido, Ferrán Torres, que le dio a España un gol que vale una estrella.
El delantero, que ha callado bocas tras tanta crítica recibida, declaró tras el encuentro que el destino estaba escrito y sentenció: "Lo han marcado 47 millones de españoles".
Una familia argentina que ha visto el partido en un bar.
Tras un nuevo gol anulado que pudo ser su doblete, la tensión saltó por los aires con el pitido final. Bocinas, lágrimas, abrazos entre conocidos y desconocidos y saltos llenos de emoción se convirtieron en los protagonistas de la noche. "¡Somos campeones del mundo!", gritaba un grupo de amigos del barrio de La Luz.
Con banderas de España pintadas en los mofletes y otras atadas al cuello a modo de capa de superhéroe, contaban a EL ESPAÑOL de Málaga que se sienten unos afortunados: "Teníamos 10 años cuando Iniesta marcó aquel gol y hemos tenido la suerte de ver ganar dos Eurocopas y dos Mundiales a nuestra selección".
En el bar donde este periódico ha seguido el partido se encontraba también una familia argentina encabezada por Laura, que al acabar el encuentro aseguró alegrarse por los españoles. "Esto es solo fútbol", dijo, rodeada de cientos de aficionados de la Roja. Sin perder el tono de humor, reconoció que, de haber ganado Argentina, la fiesta que habría montado sería por seguro mucho mejor que la de los españoles.
Unas mesas más allá, una madre y su pequeña, de origen ucraniano, veían el partido con una amiga rusa, boquiabiertas por el alma que los españoles le ponían a la celebración. No quitaron ojo a una sola reacción en toda la noche.
La multiculturalidad primó en las calles de Málaga. Justo frente al pub Old Times, los propietarios de un local de kebabs acabaron saltando bandera en mano al ritmo de "¡El del kebab es español!". A la juerga se sumaron también algunos de los migrantes acogidos en el colegio mayor Arunda, entregados a la causa, y unos cuantos turistas alemanes que agitaban sus banderitas mientras los coches pitaban.
Confeti, cohetes... No faltó de nada en las calles de Málaga. La locura colectiva estaba más que justificada. La selección ha cerrado con esta brillante final un torneo apoteósico con una generación joven, de 26,5 años de media, y comprometida con su país.
Una imagen de la cola para ir al centro en autobús.
España ha firmado 8 partidos con 7 victorias y un empate, 14 goles a favor y solo uno en contra, el registro defensivo más sólido de todo el torneo. Tras un debut con empate sin goles ante Cabo Verde, la selección de Luis de la Fuente reaccionó con un 4-0 a Arabia Saudita y un 1-0 a Uruguay para liderar el grupo H invicta.
En dieciseisavos arrolló 3-0 a Austria, en octavos eliminó a Portugal con un gol de Mikel Merino y en cuartos superó 2-1 a Bélgica, antes de imponerse 2-0 a Francia en semifinales con un penalti de Mikel Oyarzabal y un remate de Pedro Porro.
Un camino que llevó a España a disputar la segunda final mundialista de su historia, 16 años después de la conquista de Sudáfrica 2010, y que ha quedado firmado por el gol de Ferrán Torres en el minuto 106, en la prórroga de una final que acabó sin tantos tras los 90 reglamentarios.
Una imagen del momento en el que España ha levantado la copa.
Una gesta que en Málaga se ha seguido partido a partido con el mismo ambientazo en sus diferentes distritos.
La fiesta, al cierre de este artículo, apuntaba a alargarse hasta bien entrada la madrugada, con baños en las fuentes malagueñas en mitad de una auténtica algarabía. No va a ser fácil dormir con el ruido de los coches pitando y los grupos festejando por las calles. Málaga, como el resto del país, ya puede decirlo: campeones del mundo. Ahora toca coser esa segunda estrella a esta icónica camiseta blanca. ¡Vamos, España!
