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Las claves

La aparición de dos Toyota Land Cruiser abandonados en la entrada de Huelva desde Punta Umbría, justo en la Avenida de la Luz, durante la madrugada del pasado lunes podría ser mucho más que un episodio aislado.

Según fuentes de la Policía Nacional consultadas por EL ESPAÑOL de Málaga, los vehículos estarían relacionados con un alijo de hachís frustrado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Una actuación que terminó con varios individuos encapuchados huyendo a pie mientras eran perseguidos por agentes de la Guardia Civil.

La investigación permanece bajo secreto y ninguna de las circunstancias de la operación han sido confirmadas oficialmente.

Sin embargo, las fuentes consultadas sostienen que el operativo refleja un fenómeno que preocupa cada vez más a las unidades especializadas: la creciente capacidad de las organizaciones criminales para desplegar dispositivos de apoyo destinados exclusivamente a garantizar que la mercancía llegue a su destino o, en caso de fracaso, facilitar la huida de los integrantes del grupo.

Ese escenario cobra especial relevancia apenas dos semanas después del alijo abortado en la mañana del martes 30 de junio en la playa de La Luna, en Mijas.

Alijo en Mijas. EE

Aquel dispositivo volvió a demostrar que la Costa del Sol ya forma parte de las rutas habituales utilizadas por las organizaciones dedicadas al tráfico de hachís y que la presión policial en el Campo de Gibraltar ha provocado un desplazamiento parcial de la actividad hacia otros puntos del litoral andaluz.

Aquella mañana se realizó un alijo que fue parcialmente abortado porque acudieron al lugar varios vehículos de las FFCC, y parte de los fardos de hachís fueron abandonados en plena playa por los narcos, aunque otros sí los introdujeron en vehículos y huyeron con ellos.

Aunque no existe confirmación oficial que vincule ambos episodios, fuentes consultadas por este medio consideran que forman parte de una misma evolución del fenómeno criminal: organizaciones con mayor movilidad territorial, capacidad logística y recursos suficientes para operar simultáneamente en distintas provincias andaluzas.

Los Toyota Land Cruiser ocupan desde hace años un lugar protagonista en esa logística. Su potencia, resistencia y capacidad para circular por playas, caminos agrícolas y pistas forestales los convierten en el vehículo ideal para transportar cientos de kilos de hachís desde las narcolanchas hasta las conocidas como "guarderías", donde la mercancía permanece oculta antes de ser distribuida por carretera hacia distintos puntos de España y Europa.

Pero el verdadero cambio no está únicamente en los vehículos utilizados. Los investigadores describen una transformación mucho más profunda en la estructura de las organizaciones criminales.

Ya no se limitan a organizar desembarcos en la costa. Funcionan como auténticas empresas ilegales con equipos perfectamente diferenciados: pilotos de embarcaciones, cargadores, conductores, vigilantes, enlaces de comunicaciones y grupos encargados exclusivamente de detectar movimientos policiales o retrasar la llegada de los agentes. Precisamente esa última función es la que más preocupa a los especialistas.

Cada vez resulta más frecuente encontrar vehículos preparados para ser abandonados, utilizados como señuelo o incluso empleados para bloquear temporalmente accesos estratégicos mientras el resto del convoy consigue escapar con la droga.

Son maniobras que apenas requieren unos minutos, pero que pueden resultar decisivas cuando una organización intenta salvar un cargamento valorado en cientos de miles o incluso millones de euros. Se han dado casos de incendios provocados o de algún otro tipo de emergencia que provoque el desplazamiento de autoridades para resolverla.

La escena registrada en Huelva —si finalmente se confirma la reconstrucción que manejan los investigadores— respondería precisamente a esa lógica. Tras frustrarse el alijo, los sospechosos abandonaron los todoterrenos y continuaron la huida a pie mientras los agentes intentaban darles alcance.

Para los investigadores, la prioridad en ese momento pasa a ser la seguridad de los agentes y la persecución de los fugitivos, mientras los vehículos quedan como prueba dentro de la investigación. El episodio constituye aviso sobre la evolución que puede experimentar el narcotráfico en la Costa del Sol.

La provincia de Málaga reúne actualmente muchos de los factores que históricamente favorecieron el crecimiento del narcotráfico en el Campo de Gibraltar: cientos de kilómetros de litoral, numerosas calas de difícil vigilancia, excelentes conexiones por carretera y una enorme afluencia turística que facilita el anonimato de los integrantes de las organizaciones.

Por ese motivo, las organizaciones criminales pueden recurrir también en la Costa del Sol a maniobras destinadas a dificultar la actuación policial mediante vehículos cruzados, accidentes provocados o bloqueos puntuales de carreteras.

No se trata de una práctica constatada de forma habitual en Málaga, pero sí de un escenario que las Fuerzas de Seguridad contemplan dentro de sus análisis operativos ante la creciente profesionalización de estas redes.

Algunos investigadores encuentran incluso paralelismos con tácticas observadas desde hace años en México, aunque advierten de que cualquier comparación debe hacerse con prudencia.

En aquel país, los conocidos como "narcobloqueos" constituyen auténticas operaciones militares organizadas por los cárteles, con quema de vehículos, barricadas, ataques coordinados e incluso enfrentamientos armados para impedir el avance de las fuerzas de seguridad.

Andalucía está muy lejos de ese nivel de violencia y las organizaciones asentadas en el sur de España presentan características muy diferentes.

Sin embargo, la utilización de vehículos como elemento táctico para proteger un alijo o retrasar una intervención policial representa un patrón que merece especial atención.

El objetivo no es enfrentarse directamente a los agentes, sino ganar los minutos suficientes para que la droga desaparezca o los responsables logren escapar. Esta evolución coincide además con un cambio significativo en las rutas del narcotráfico internacional.

Durante años, las narcolanchas estuvieron prácticamente asociadas al transporte de hachís procedente del norte de África. Hoy, sin embargo, las investigaciones desarrolladas por Policía Nacional, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera han detectado un incremento de operaciones relacionadas con la cocaína.

El estuario del Guadalquivir y su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) se han convertido nuevamente en un punto de enorme interés para las organizaciones criminales, que aprovechan la compleja geografía de la zona para introducir cargamentos con destino al mercado europeo.

A ello se suma otro dato que manejan investigadores especializados en cooperación internacional. Como ejemplo de ello, esta misma semana la Armada colombiana detectó un alijo de más de 3 toneladas en el Caribe en la que han aparecido fardos de cocaína marcados con referencias a Sanlúcar de Barrameda.

-Narcolancha que transportaba paquetes de cocaína con marca con el escudo de Sánlucar. EE

El narcotráfico que hoy opera en Andalucía ya no responde al esquema tradicional de hace apenas una década. Las organizaciones disponen de mayor financiación, mejor tecnología, comunicaciones encriptadas, drones, embarcaciones cada vez más rápidas y una capacidad logística que les permite mover recursos entre provincias con enorme rapidez.

Por eso, para muchos investigadores, el verdadero significado del episodio de Huelva no reside únicamente en unos vehículos abandonados o en una persecución frustrada.

Representa una advertencia sobre la velocidad con la que estas organizaciones están adaptando sus métodos y sobre la necesidad de anticiparse a un fenómeno criminal que ya no entiende de fronteras provinciales y que busca convertir cualquier punto del litoral andaluz, incluida la Costa del Sol, en un nuevo escenario para sus operaciones.