La red de recarga para vehículos eléctricos avanza con rapidez en España, pero en Málaga y en buena parte de Andalucía el gran reto ya no es solo sumar enchufes: es conseguir que haya puntos suficientes, bien distribuidos y con la potencia necesaria para responder a la movilidad real de residentes, turistas y profesionales.
Ese es uno de los mensajes que deja el último estudio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que analiza el mercado de la recarga pública y concluye que el sector crece con fuerza, pero sigue arrastrando desequilibrios territoriales, barreras administrativas y problemas de competencia que se notan especialmente fuera de los grandes núcleos urbanos.
La radiografía de la CNMC encaja con una realidad muy reconocible en la provincia. Málaga concentra una parte importante de la demanda de movilidad eléctrica por su peso demográfico, su actividad económica y su condición de destino turístico, pero la recarga útil para viajar —la de media y alta potencia— sigue siendo la pieza más delicada del sistema.
El informe cifra en 53.072 los puntos de recarga de acceso público operativos en España a finales de 2025, frente a 8.545 en 2020, un salto muy notable que refleja la expansión del mercado. Sin embargo, la CNMC advierte de que ese crecimiento no se está repartiendo de forma homogénea y que la densidad sigue siendo mayor en los principales núcleos urbanos, la costa mediterránea y el sur.
Para una provincia como Málaga, esa observación tiene lectura directa. La capital y la Costa del Sol concentran buena parte de la actividad y de los desplazamientos cotidianos, pero el mapa cambia cuando el conductor sale de las zonas más rentables y necesita cargar en trayectos interurbanos o en áreas con menos tráfico.
Ahí es donde aparece el principal problema: no basta con contar cargadores, sino con saber si sirven para la vida diaria, si están bien ubicados y si permiten viajar sin depender de unos pocos puntos muy concretos.
La alta potencia, el gran reto
La CNMC pone el foco en la recarga de alta potencia, la que hace posible parar poco tiempo y seguir viaje, algo clave en una provincia atravesada por desplazamientos constantes y por flujos turísticos muy intensos. Según el estudio, el despliegue está avanzando, pero sigue habiendo tramos de carretera con cobertura insuficiente y una oferta menos densa fuera de los centros más poblados.
Ese punto es especialmente sensible en Málaga, donde la movilidad no se limita a la ciudad. La provincia funciona como un corredor continuo entre la capital, la costa occidental, el litoral oriental y los enlaces con el interior, lo que obliga a pensar la recarga no solo como un servicio urbano, sino como una infraestructura estratégica de territorio.
La CNMC señala además que la expansión se está produciendo más por abrir nuevas localizaciones que por reforzar la potencia de los emplazamientos ya existentes. Traducido a pie de calle: hay más presencia en el mapa, pero no siempre más capacidad real donde el usuario la necesita.
El estudio también advierte de que la recarga pública no es un mercado completamente abierto. En la práctica, el acceso a ubicaciones, la conexión a la red eléctrica, la tramitación administrativa y la capacidad financiera condicionan mucho quién puede operar y dónde.
En una provincia como Málaga, con una fuerte competencia por el suelo y con ubicaciones muy valiosas en la costa y en los ejes de paso, ese factor pesa todavía más. La CNMC insiste en que el sector necesita reglas más simples, menos fragmentación administrativa y procedimientos más transparentes para evitar que el despliegue quede en manos de unos pocos actores con ventaja en los mejores emplazamientos.
Qué pide la CNMC
La autoridad de competencia propone simplificar trámites, reducir cargas burocráticas, mejorar la transparencia de precios y reforzar la competencia en concesiones y ubicaciones. También pide diseñar mejor las ayudas públicas para que impulsen la red sin distorsionar el mercado ni frenar la entrada de nuevos operadores.
En el caso de Málaga, esa receta tiene una traducción muy concreta: la provincia necesita que la recarga no se quede solo en los puntos de mayor rentabilidad, sino que llegue también a los trayectos más usados, a los accesos metropolitanos y a los corredores que conectan la capital con el resto de la provincia.
La transición eléctrica depende, en buena parte, de esa capilaridad. Y el informe de la CNMC deja una idea clara: el coche eléctrico no terminará de consolidarse en territorios como Málaga si la recarga rápida sigue avanzando más despacio que la demanda.
