Mientras muchos jóvenes abandonan el pueblo para buscar empleo en la ciudad, un joven agricultor de la Axarquía ha apostado por quedarse en el campo y trabajar en la finca familiar.
Con solo 23 años, Antonio gestiona ya varias hectáreas de invernadero y asegura que el problema del sector no es la tierra, sino la falta de relevo generacional.
El sol empieza a caer sobre las laderas de la comarca malagueña mientras el ruido de un tractor rompe el silencio entre bancales. Entre árboles de aguacate y mango, revisa el sistema de riego antes de que anochezca.
Hace apenas unos años, su futuro parecía estar lejos del campo. Como muchos de su generación, valoró estudiar o buscar trabajo en la ciudad. Sin embargo, terminó tomando una decisión distinta: quedarse en la explotación familiar y apostar por la agricultura.
"No fue algo inmediato. Al principio lo veía como algo temporal, pero poco a poco me enganchó", explica.
Reconoce que no es un oficio sencillo, pero defiende que ofrece más estabilidad de la que muchos imaginan. “Aquí siempre hay trabajo. Lo que pasa es que no todo el mundo está dispuesto a este tipo de vida”, explica.
Su jornada comienza muy temprano, a menudo antes de que salga el sol. Entre riegos, podas, mantenimiento de maquinaria y control de plagas, el día pasa rápido en el campo. “Hay épocas muy duras, sobre todo en verano, cuando el calor aprieta y no puedes parar. Pero también tiene algo que engancha", detalla.
El sector agrícola en la Axarquía vive una situación de contraste. Por un lado, el crecimiento del cultivo ha convertido la zona en una de las más productivas de Europa. Por otro, cada vez cuesta más encontrar jóvenes que quieran dedicarse al campo.
"Muchos amigos han preferido irse a Málaga o trabajar en otra cosa. Es normal, pero el campo se está quedando sin gente joven", comenta, al tiempo que apunta que existe una visión distorsionada del trabajo agrícola. "Parece que esto es algo antiguo o sin futuro, pero en realidad es un sector que ha cambiado muchísimo. Hay tecnología, maquinaria y oportunidades".
En su caso, valora la independencia que le da trabajar al aire libre y gestionar su propio ritmo. "No me imagino en una oficina. Aquí ves directamente el resultado de lo que haces", insiste.
La explotación en la que trabaja combina tradición y modernización, con sistemas de riego automatizado y técnicas de cultivo cada vez más especializadas. Pero reconoce que el futuro del campo dependerá de que más jóvenes den el paso.
