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Las claves

El precio de la vivienda en España continúa al alza y ha cerrado el primer trimestre del año con un incremento cercano al 14%, hasta situarse en una media de 2.315,7 euros por metro cuadrado, según la estadística de valor tasado del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana.

En ese contexto de encarecimiento generalizado, Málaga se mantiene como uno de los principales focos de tensión inmobiliaria del país y la provincia más cara de Andalucía, con un precio medio de 2.988 euros/m².

El informe sitúa a Málaga en el grupo de provincias con mayor valor de la vivienda en España, solo por detrás de Madrid (4.047,5 euros/m²), Baleares (3.885,6), Guipúzcoa (3.419,7) y Barcelona (3.207,7).

Con esos datos, se consolida como la quinta provincia más cara del país, un posicionamiento que refleja el impacto combinado de varios factores: el dinamismo de sus grandes núcleos urbanos, el tirón del mercado laboral y el peso del turismo residencial.

Además, ha registrado una de las subidas más intensas del país, con un incremento del 14,2 % interanual en el primer trimestre del año.

Datos de Andalucía

En el conjunto de Andalucía, el valor tasado de la vivienda se ha encarecido un 13 % hasta los 1.924,9 euros/m². Sin embargo, la realidad provincial es muy desigual.

Málaga destaca de forma clara sobre el resto del territorio andaluz. Es la única provincia que supera los 2.000 euros/m² y la única que roza los 3.000 euros, mientras que otras provincias quedan muy por debajo de esos niveles.

En el extremo opuesto, Jaén es la provincia más barata de Andalucía, con 898,2 euros/m², sin alcanzar siquiera los 1.000 euros.

El Ministerio de Vivienda apunta a que los mayores precios se concentran en los grandes núcleos urbanos y en las zonas con mayor presión turística y económica, donde la oferta existente no es capaz de absorber una demanda creciente.

Ese patrón encaja de forma directa con la realidad de Málaga, donde la combinación de atracción residencial, inversión extranjera, turismo y empleo vinculado al sector servicios y tecnológico mantiene una presión constante sobre el mercado inmobiliario.