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Las claves

Atrás ha quedado aquel paisaje seco que había hace apenas un año a lo largo y ancho de la provincia. Ese paisaje, que llegaba hasta donde alcanzaba la vista, colocaba a los pantanos malagueños en una situación crítica. Doce meses después, todo es verde y los embalses rebosan agua, pero el alivio, según advierten expertos, es engañoso porque Málaga ha dejado atrás esta sequía, pero en unos años volverá a repetirse.

El pasado miércoles 17 de junio se celebró el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía y la ONU ha declarado este 2026 Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.

Así lo explica Enrique Salvo Tierra, director de la Cátedra de Cambio Climático de la Universidad de Málaga (UMA), en una conversación con EL ESPAÑOL de Málaga, donde asegura que “el Mediterráneo es un punto caliente de la crisis climática”.

La subida de las temperaturas está provocando que las borrascas tengan cada vez más dificultad para entrar en la región, de forma parecida a como se originó hace miles de años el desierto del Sáhara, según señala el experto.

Esto ha hecho que el resultado sea una doble anomalía protagonizada por menos lluvia en general, pero más intensas cuando se producen, porque las precipitaciones se forman a mayor altura.

El descenso de las precipitaciones y el aumento de su intensidad cuando se dan sitúa, según un informe de la NASA recogido por Salvo, al cuadrante suroriental de la península Ibérica, es decir, Andalucía oriental, Murcia y algunos territorios del sur de Castilla y Navarra, como la zona con una tendencia más clara hacia la desertificación y la sequía prolongada de toda España.

De esta manera, estos expertos determinaron que las ciudades de esta franja podrían volverse “inhabitables” hacia mediados de siglo, entre 2050 y 2070, por la pérdida de humedad y el aumento de la aridez.

La desertificación

En este punto, Salvo señala que esa desertificación del clima en las ciudades está provocada por dos motivos. Uno de ellos es el proceso natural, razón por la cual el desierto del Sáhara sigue creciendo. Y la segunda es la desertificación en la que interviene de forma directa el ser humano con “el abandono de campos de cultivo y el mantenimiento del territorio acelera la pérdida de suelo fértil”.

La situación climática de Málaga en el siglo XX

No hay que olvidar, según el experto, que a mediados del siglo pasado, Málaga partía de una situación “muy negativa” que escenificaban pintores de la época a través de “paisajes muy secos”.

“Hay imágenes desde Marbella a Gibraltar, en donde se ve que todo era una zona extraordinariamente sin vegetación ninguna. En el caso inverso, hay imágenes en donde se pinta la bahía de Málaga y se ve que en el entorno no hay árboles”, apunta.

Fue en las décadas de los 60, 70 y 80 cuando se llevó a cabo una intensa reforestación de la provincia, la misma que hoy sostiene la masa forestal de calidad de la que disfruta Málaga.

Medidas para hacer frente a la desertificación

Para evitar que Málaga vuelva a estar como a mediados de los 50, el experto sostiene que debe haber dos frentes prioritarios.

El primero es mantener esas masas forestales, porque los pinares de repoblación han permitido que vuelvan a aparecer debajo formaciones boscosas mediterráneas. Además, subraya que "no es simplemente el hecho de prevenir incendios, que es muy importante, sino que además da una garantía de futuro total y absoluta".

El segundo es tratar de hacer más fresca la ciudad. "Parece mentira que no haya desertificación, pero la hay", advierte, en referencia al calentamiento del suelo urbano.

Su receta pasa por los árboles antes que por los toldos, ya que las copas dan sombra, pero además liberan agua a través de los estomas de las hojas en un proceso de evapotranspiración que refresca el ambiente. "Tienen esa doble proporción de beneficios que hacen mucho más eficaz refrescar la ciudad con árboles que con lona", concluye.