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Las claves

De Barcelona a Málaga, y de una crisis personal a una visión muy nítida del nuevo tablero económico del sur. Marc García, socio de EMA Corporate, defiende que Málaga ya compite en primera división, pero advierte de que la vivienda, la movilidad y la burocracia pueden frenar una ciudad en plena ebullición.

Desde esa experiencia personal, lanza una reflexión muy directa sobre el auge económico de la capital de la Costa del Sol y la provincia y sobre el cuello que pueden suponer unas infraestructuras que, a su juicio, ya van por detrás del crecimiento.

-¿Dónde nació usted?

-En Terrassa, una ciudad que está a unos 25 kilómetros de Barcelona, en el año 91. Pero es verdad que mi familia proviene de aquella base que emigró en los años 60 y 70. Mi madre tiene orígenes malagueños y mi padre es salmantino.

Se cruzaron en Cataluña y montaron sus negocios de restauración. Gracias a eso pudimos estudiar y dedicarnos a lo que queríamos.

-¿En su caso?

-Estuve trabajando en despachos cada vez de mayor rango, de mayor importancia. Hasta que llegué, creo, a la cúspide en mi vida laboral, trabajando para terceros. Por causas personales decidí venirme para Málaga.

-¿Qué cosas le contaba su madre de Málaga?

-En el caso de mi familia no pudo elegir quedarse o marcharse. Y más con el modelo familiar de antes, con cinco o seis hijos. Si querían prosperar y tener oportunidades, tenían que emigrar. Eso es lo que pasó con mis abuelos, que no tuvieron la opción de conectarse a internet y trabajar donde quisieran.

Además de lo que me contaba mi madre de su tierra de origen estaba que veníamos a veranear aquí. Y notabas un ecosistema totalmente diferente, donde las cosas se miran con un prisma diferente.

A cada cosa se le dedica el tiempo que requiere. Es verdad que la cultura nuestra de ahí arriba es más de caballos de carga, de arrastrar y arrastrar. Siempre digo que parece mentira que siendo del mismo país seamos tan diferentes. Y eso que nos separan solo mil kilómetros.

La cultura de ahí arriba es objetivo, levantarte a trabajar, salir a trabajar e irte para casa. Y luego ya al fin de semana, si te queda algo de tiempo, sales.

-En Andalucía se vive diferente

-Recuerdo la primera vez que estuve aquí. Me propusieron cenar un martes y para mí fue una locura. ¿Cómo vas a salir a cenar un martes? La respuesta que me dieron fue: "También te puedes morir un martes". Cuando lo escuché algo hizo un click dentro de mí y me cambió.

Suelo subir a Barcelona de manera habitual porque el 30% de nuestros clientes están allí. Y cuando lo hago empiezo a ver la diferencia tan grande. Cuando llego les digo: "No entiendo cómo podéis seguir un ritmo así".

-¿Esa imagen que se tiene de los andaluces en Cataluña es tan estereotipada?

-Sí, creo que es un canon general. Igual que también recibo aquí adjetivos sobre los catalanes de tacaños, que son de la cofradía del puño... Pero sí que es verdad que cuando bajas aquí… La buena vida, la playa, la siesta, la fiesta.

Recuerdo que a mis amigos, cuando les hablaba de los andaluces, les decía: "Cuidado con esta gente que sigue el ritmo, que son currantes". Lo que ocurre es que todo va ligado a la cultura. Aquí se vive, se disfruta, pero en cuanto a nivel de trabajo, no noto diferencia. Lo que cambia es la manera en que se afronta.

Marc posa apoyado en una silla.

-¿Cuánto hace desde que se vino a Málaga?

-Cuatro años.

-¿Por qué?

-Cuestiones personales. Había pasado una época muy mala en Barcelona y me fui a hacer el Camino de Santiago por aquello que decían que curaba. No se lo dije a nadie, ni a compañeros de trabajo. Me fui para saber si venía a Málaga porque mi madre y mis hermanas ya habían vuelto buscando calidad de vida. Cuando hablaba con ellas o las veía notaba cómo les había cambiado la cara y el ánimo y demás.

Desde el primer día solo conocía a gente de Andalucía… De Sevilla, de Cádiz. Aquello en lugar de ayudar me estaba condicionando mucho la decisión. Hasta que en el último pueblo, de unos 100 habitantes, la última parada antes de llegar a Santiago, conocí a la que a día de hoy es mi mujer y la futura madre de mi hijo.

Y fue cuando me dije a mí mismo, ¿quién soy yo para decir al destino que no? Eso fue un 5 de mayo. El 6 de mayo llegué a la Plaza de Obradoiro y le mandé un mensaje a mi jefe diciéndole que teníamos que hablar.

Yo trabajaba en uno de los mejores despachos de Barcelona. Mi jefe me hizo una propuesta. Le dije que no necesitaba más dinero, sino levantarme tranquilo, tomarme un café con mi madre y estar relajado.

Mi idea, con 29 años, era tomarme un tiempo sabático, cobrar el desempleo… Eso me duró dos semanas. Me aburría y tenía muchas ideas.

El motivo para venir

"Si un alemán se jubila y viene a vivir aquí es que algo hay. Con 29 años tenía claro que quería subirme a la ola de una ciudad que estaba explotando. Y creo que fue una decisión acertada"

-¿Antes de llegar qué referencias tenía de Málaga?

-Una de las cosas que me caracteriza es que la primera hora del día la dedico a leer prensa. Cuando la idea de venirme empezó a tomar forma me daba cuenta de que Google venía a Málaga, que las grandes tecnológicas iban a hacer un hub en Málaga, que las grandes constructoras estaban, que se estaba liberando mucho suelo. Era evidente el empuje que estaba cogiendo Andalucía. Algo se estaba cociendo. Y, como economista, lo comparaba con el modelo de Barcelona, que es un modelo que está llegando al límite.

Málaga estaba lejos de este momento, pero empezaba una inercia muy buena. Cuando venía de viaje paseaba por Málaga, veía las infraestructuras, veía que se estaba modernizando, que se estaba poniendo al día. Miraba cuántos países estaban destinados a abrir vuelos en Málaga, dónde se estaba concentrando la inversión extranjera en compra de viviendas.

Pensé que si un alemán, que algo sabe de cosas estructuradas, se jubila y viene a vivir aquí, es que algo hay. A todo eso se sumaban las referencias familiares. Con 29 años tenía claro que quería subirme a la ola de una ciudad que estaba explotando. Y creo que fue una decisión acertada.

-¿Y tras estos años?

-Siempre se habla de Málaga como la tercera ciudad de España, por detrás de Madrid y de Barcelona. En muchos de los aspectos discrepo, creo que es la primera ciudad de España.

Ahora que trabajo con ciertos clientes de calibre, sobre todo del sector inmobiliario, industrial, de servicios y demás, creo que es cuestión de tiempo… Es una sociedad que no para de crecer.

Nos tienen aquí como unos catetillos, pensando que cuando vivimos bien es de abril a agosto. Ya me gustaría a mí que mucha gente de allá arriba hiciera operaciones inmobiliarias, industriales, logísticas, como las que se hacen aquí. Ya me gustaría que gente de la meseta para arriba hiciera los negocios que se hacen aquí abajo y se darían darían cuenta de que no somos de segunda.

Marc García antes de iniciar la entrevista.

-¿Málaga puede convertirse en la segunda ciudad de España?

De largo, sí, no me cabe duda. Hubo una campaña con la que se promocionó a Cataluña que incluía a modo de eslogan la pregunta "¿Qué tenemos?". Y se respondía: "Tenemos tantos kilómetros de costa, la gastronomía, tenemos tal y tal". Una vez se lo enseñé a mi mujer y le dije: "Compáralo solamente con Málaga".

Málaga y Andalucía son tierra de grandes personalidades, con costa, conexión, con un continente a escasos 20 kilómetros… Tenemos todos los ingredientes para estar en primera línea si no lo estamos ya.

Un ejemplo práctico es el fútbol. Escuchas siempre eso de que una ciudad como Málaga no puede tener un equipo en segunda división. Y es lógico porque eso es algo que trae sponsors, infraestructuras, estadios nuevos. Málaga lo tiene todo.

Si ahora viene alguien de Asturias y me pregunta por Barcelona o Málaga le digo que venga a Málaga, sin duda. Primero de todo, por el espíritu. El modelo catalán lleva a estudio A, estudio B, estudio C, estudio D. Todos tienen que tener la coincidencia del 90%, lo elevamos a reunión, lo elevamos más… Aquí hablas con un cliente y dices "oye, hay que hacer esto". "Vale, ¿cómo lo ves?" No quiero decir que un procedimiento sea mejor que otro, pero sí el espíritu. Si hay dos puntos que nos están llevando al mismo destino, no perdamos tanto tiempo en analizar, actuemos.

A favor

"Si ahora viene alguien de Asturias y me pregunta por Barcelona o Málaga le digo que venga a Málaga, sin duda. Primero de todo, por el espíritu"

-Hasta el momento me habla de las cosas buenas de este territorio. Pero también hay debilidades.

-Estas grandes ciudades y sus metrópolis van muy de la mano. Y es que en cuanto te alejas 20 o 30 kilómetros notas que la onda expansiva todavía no ha llegado.

Es cierto que el tema de la vivienda influye mucho. Todos esos pueblos tienen una función. Porque lo que no cabe dentro de la ciudad tiene que ir afuera. Eso es algo que también pasa ahí arriba.

Si fuéramos personalidades pesimistas y grises pensaríamos en lo que me decía un profesor de macroeconomía: "Hay que saber crecer". Las autovías están muy bien, pero ¿cuánta gente está aquí ahora y cuánta gente había?

-Ese debate está en Málaga desde hace años, porque la población ha crecido de manera clara mientras que las infraestructuras son las mismas.

-Y quizás cuando se quieran hacer ya sea tarde. Hay que analizar ciertos indicadores. Ver que hay ciertas empresas que se vienen… Lo mismo cuando queramos actuar sea tarde. En España somos muy partícipes de agotar lo que hay. La personalidad nacional es asumir que es lo que tenemos y si me tengo que tirar una hora y media en una caravana…

Veo que aquí tenemos dos carriles en la autovía y no pasa nada. Es lo que hay, me tengo que levantar una hora antes. Nos falta egoísmo. ¿Queremos hacer esto grande?

-Lo de la autovía lo extrapolamos a los Cercanías o a que Marbella no tenga tren.

-Veo el aeropuerto desde mi terraza. ¿Cada cuánto tiempo aterriza un avión? Ahí sí que damos servicio, pero ¿y para los de aquí, para los que estamos trabajando? De abril a octubre los coches de la pegatina. A lo mejor el tráfico se multiplica por tres, pero la infraestructura sigue siendo la misma. En el momento que hay un repunte esto es insufrible.

-¿Este tema de las comunicaciones es elemental en los clientes que están interesados en asentarse en la provincia?

-Tenemos empresas que se dedican al sector industrial que ya están pensando dónde ubicar el tema logístico. ¿Por qué? Porque vemos cómo aumenta el tráfico, cómo aumenta el censo, cómo aumenta todo… Es lo que hablamos, tú puedes crecer todo lo que tú quieras, pero al final los dos carriles de la autovía son los que tienes y si tienes que meter un camión ahí no te puedes arriesgar a que no llegue a tiempo. De nuestros clientes industriales no creo que haya alguno que sirva en el Centro de Málaga.

-¿Y el tema de la vivienda?

-No es justo que nosotros, con un nivel de renta que no está ni de mitad para arriba de la media europea, tengamos que competir con gente de la primera línea.

Si hay un ingeniero con un salario de apenas 1.500 euros y esa misma categoría en Alemania gana 3.000 euros, ese ingeniero puede venir aquí, comprar un piso, teletrabajar desde aquí y seguir contribuyendo en Alemania. ¿Qué ha hecho ese ingeniero alemán? Subir el precio de la vivienda. El listón sigue subiendo y el problema es que se paga.

Esto hace que cada vez más los de aquí nos tengamos que ir fuera, a vivir en esos pueblos dormitorio, que están en un radio de 30 o 40 kilómetros, los que la gente está dispuesta a recorrer para ir a trabajar. Vamos destinados a ello. Barcelona ya lo está viviendo.

Estaba en mi casa en Benalmádena pueblo, tocan al timbre y me preguntan que cuánto quería por la casa. El problema es que me pagan 600.000 euros pero ¿adónde vas?.

La libertad de capitales está muy bien, todo es muy bonito, hay euros para todo el mundo, pero somos un país que no tiene tejido industrial, no somos buenos en nada más allá que en costa, en dieta, en calidad de vida.

Ya lo vivimos en 2020. Nos viene una pandemia y qué tenemos. Somos totalmente dependientes. Y, a lo mejor por necesidad, nos vendemos al mejor postor. Creo que somos nuestro peor enemigo.

Vamos al día y eso va a ser un problema muy grande. Va a llegar un momento que la vivienda va a ser como una suscripción. El público objetivo de la vivienda va a estar súper concentrado. Y como la necesidad es tanta, habrá una especie de oligopolio. ¿Y con eso qué va a pasar? Precio, precio, precio…

Eso se soluciona con más oferta, pero si tenemos todos los trámites burocráticos que tenemos… Por eso digo que somos nuestros peores enemigos. Somos punteros en el sector de la construcción. ¿Cuánto suelo tenemos? Eso aliviaría mucho el precio, pero ¿interesa? Creo que hay muchos intereses de por medio.

-¿La vivienda entrará en crisis?

-No. La crisis anterior fue más una crisis financiera. Cuando no hay límites, cuando es la jungla, hay un momento en que el sistema no aguanta más deuda. Era aquello de café para todos. Ahora los bancos han escarmentado. Parece que fue el crack del 29, pero de esto hace 15 años. Eso es nada, un chasquido.

Crisis no va a haber porque el sistema financiero… El Euribor está en positivo. Eso significa que las transacciones interbancarias a nivel europeo se están dando. Solo hay que ver la viabilidad de las entidades financieras. Dinero hay, pero ¿cuántas viviendas se han prometido?

Somos muy solidarios y queremos acoger a todo el mundo. Eso es perfecto, pero hay que darle techo y no podemos crear techo. Si eres promotor y tienes unos terrenos puedes pensar en hacer 3.000 viviendas. Pero ahora pide el permiso, el estudio, la viabilidad…

Partimos de la base de que el empresario es el diablo, es el malo, porque es el que concentra la riqueza. Si cojo un suelo y antes de hacer la primera cata, de meter la primera tubería, de poner el primer ladrillo, ya llevo gastados 400.000 euros en carga tributaria. ¿Qué esperamos, que el empresario perdone este dinero? No nos equivoquemos. ¿Por qué no solucionamos y abreviamos todo esto? Si algo tenemos que hacer en este país es respetar los plazos. ¿Por qué la Administración pública no soporta plazos?

Un promotor quiere crear vivienda, generar empleo, generar valor, comprar los materiales a todo el mundo. Y si se lo permiten ganar algo de dinero porque para eso arriesga su patrimonio. Pero premiamos más una regata de barcos en Barcelona porque deja un impacto de 30 millones de euros. Aquí lo único que tenemos son trabas, inseguridad jurídica...

-El problema es que nadie es capaz de ponerle el cascabel al gato.

-¿Quién me tiene que solucionar el problema de la vivienda? ¿Una persona que nunca ha estado en una constructora? ¿Una persona que nunca ha estado en el sector privado? Alguien que nunca ha hecho nada le dice al que se ha dedicado toda la vida a eso cómo tiene que hacer las cosas.

No hablo de un partido concreto. Hablo de las 350 personas que están allí metidas. ¿Quién nos lidera? ¿No tenemos catedráticos en Economía que puedan ser ministros de Economía? ¿No tenemos constructores? ¿No tenemos ingenieros de caminos que puedan liderar Transportes? ¿Cuántas empresas hay en este país que solucionarían el problema de la vivienda?

Marc y sus compañeras de despacho.

-Usted es socio de EMA Corporate. ¿Cómo es eso de acompañar a las empresas?

-Tenemos que entender y saber de todo. Primero, las reglas del juego. Tienes que saber el antes, el durante y el después. Porque para saber dónde quieres ir, primero tienes que saber de dónde vienes y, sobre todo, saber dónde juegas.

Cuando te entra un proyecto empresarial tienes que conocer las herramientas de las que dispones, de las que puedes llegar a disponer, de las que necesitas ir a buscar y, sobre todo, que los planes sean reales.

Nuestro trabajo es que cada decisión se base en criterios y en una hoja de ruta a seguir. Cuando nos sentamos en las reuniones con las empresas ponemos el análisis frío, sin sentimientos. Al final lo único que buscas es que el último número de la casilla se ponga en verde.

Defendemos el modelo del asesor. Cuando era niño recuerdo a mi padre decir: "Lo que diga el gestor". Pero quién es el gestor, es que mandaba más que mi padre. Obviamente tú vas a saber cosas de tu empresa que yo no sé. Pero yo voy a tener puntos de vista de tu empresa que tú a lo mejor no estabas contemplando. Problemas que puedes tener hoy, mañana, en un año, en cinco años, en diez años, donde te quieres ver.

Nuestro trabajo es acompañar, hacer seguimiento, proponer cosas al cliente que no estaba contemplando. Siempre decimos que si no capitaneas un proyecto nunca le vas a poner el sentimiento y la empatía necesarios.

-¿La cercanía con las empresas hace que sientan en primera persona el sufrimiento y los éxitos?

-En el despacho siempre decimos que si el proyecto no ha salido bien tenemos mucho que ver. Nuestra tasa de éxito es bastante alta, pero si sale mal algo hemos tenido que ver y si sale bien hemos estado ahí. Nuestro crecimiento va mucho más allá de cuánto hemos facturado, de cuántas personas somos o de qué número de clientes tenemos. El mayor indicador es la suma de la facturación de todos nuestros clientes.

España

"Tenemos un país que se enfrentó a una crisis económica, a una pandemia y aquí estamos, vendiendo pisos por 800.000 euros. En todo este tiempo no estamos liderados por gente que diga "¿habéis visto el potencial de esta gente?"

-¿Qué tipo de clientes tienen ?

-Tenemos clientes en todo el territorio español. En Asturias, en Barcelona, en Madrid, en Sevilla, en Málaga. Estamos intentando ahora tocar la zona de Cantabria. Sobre todo prestadores de servicios e industrial. E inmobiliario. No creo que haya un despacho en España que no tenga sector inmobiliario dentro de sus clientes.

En España no hay un tejido industrial productor. Si paras a cualquier persona de a pie y le dices qué produce Alemania te dirá coches. Pero ¿qué produce España? Servicios, sí. Cuidado, porque se caen las conexiones, hay un apagón y no valemos para nada.

Tengo 34 años y he vivido dos crisis económicas mundiales y una pandemia en 15 años. ¿Qué hemos cambiado?

Llegará la encuesta del INE y dirá que el paro baja en julio y que se han creado 600.000 empleos. Pero ¿qué empleo? Con todo el respeto, los seis camareros que ha contratado este restaurante de la costa, ¿en qué fortalece a la economía? Contrátame a ingenieros, a científicos, a arquitectos… Trabajos que den valor.

Estamos en una economía que acaba de batir récord en recaudación de impuestos. Va muy ligado a la idiosincrasia del pueblo español, de échame lo que quieras que vamos a salir adelante. Y eso tiene otra lectura, ¿qué potencial estoy desperdiciando?

Tenemos un país que se enfrentó a una crisis económica, a una pandemia y aquí estamos, vendiendo pisos por 800.000 euros. En todo este tiempo no estamos liderados por gente que diga "¿habéis visto el potencial de esta gente?"

Habría que hacer una lectura general. Estamos solucionando mucho la papeleta para ahora, pero de aquí 30 años… ¿Qué futuro a largo plazo estamos dando? Nos quitan el turismo y no somos nada, somos una colonia. Eso es un riesgo brutal y en 2020 quedó demostrado. Somos totalmente dependientes.

Creamos modelos económicos cortoplacistas. Y no me creo que en este país no haya cabezas pensantes que digan, señores, la hoja de ruta es esta. Cuando hubo el crack del 29, ¿qué hicieron? El New Deal. Cojo a todos los parados que hay, endeudo el país hasta más no poder y todo el mundo a trabajar, a hacer infraestructura.