En Monda, perder algo puede sacarte hasta una carcajada. Como leen. Objetos perdidos en el pueblo malagueño, como una cartera, unas gafas... ¡o hasta un maniquí! han acabado convirtiéndose en protagonistas de las publicaciones más divertidas del Facebook de la Policía Local de Monda. Detrás de ese tono cercano, con guiños y bromas, está Emilio, un agente de 52 años que ha encontrado en el humor una herramienta más eficaz de lo que muchos imaginan.
“Intenta uno ser un poquillo más desenfadado y acaban saliendo esas cosas”, dice con cierta timidez Emilio, que no encuentra nada especial en ese estilo que ha creado en redes sociales, pero la cosa es que le funciona. Basta una publicación para que, en cuestión de minutos, alguien reconozca el objeto perdido y se comunique con ellos. Lo del maniquí es una anécdota totalmente real. “A la hora de poner que lo había perdido alguien... ya me estaban llamando”, cuenta. Era de la Marbella Design School, cuyos alumnos lo habían dejado olvidado en la plaza. "Lo agradecieron mucho".
Pero el anuncio no era nada parecido a "Se ha encontrado maniquí"... Emilio, tan gracioso como es, escribió lo siguiente: "Se han dejado en Plaza de la Ermita este maniquí, si no aparece dueño/a se reculará por esta Policía para prácticas de tiro".
Y cuidado con los móviles y llaves, que ya van varias ocasiones las que aparecen con fondos de pantallas o escudos relacionados con el Real Madrid, un club que, precisamente no es santo de su devoción. "Unos niños se han encontrado este móvil, tiene de fondo de pantalla a CR7 así que lo mejor es que no aparezca el dueño", escribió con rotundidad.
También amenazó con regalar "sujetagafas" a los vecinos del pueblo, ante la oleada de pérdidas de gafas de ver e incluso dibujó nazarenos en calles vacías para recordar a los vecinos cómo debe quedar el pueblo en Semana Santa, sin ningún coche aparcado para el fácil caminar de las cofradías. "Al parecer, algunos vecinos no lo comprenden", escribía Emilio en el post.
Emilio no es solo el policía que escribe con gracia. Es, literalmente, el policía del pueblo. Vive en Monda desde hace años, después de tomar una decisión que sus propios compañeros le desaconsejaban. “No te vengas a vivir donde trabajas, que no vas a descansar nunca”, le decían desde la Guardia Civil. Hoy lo confirma entre risas. Está de vacaciones y aun así le paran por la calle, le llaman, le buscan. “Para una cosa u otra, siempre estás”.
Malagueño de la calle La Unión, lleva 18 años de servicio en el municipio. Su historia personal también explica esa cercanía. Se quedó viudo cuando su hijo tenía apenas cuatro años, lo que le llevó a instalarse definitivamente en Monda. Ese vínculo con el pueblo ha terminado marcando su manera de entender el trabajo. Para él, el uniforme no es solo el que lleva placa. También un chándal y unas zapatillas.
Durante la pandemia esa relación se hizo aún más fuerte. Lo que empezó como algo anecdótico, cantar cumpleaños desde la calle para animar a los niños confinados, se convirtió en una rutina diaria en muchos puntos de España.
Sin embargo, en un pueblo pequeño, más aún. “Fue un error ponerlo en un grupo”, recuerda sarcástico el agente. El mensaje se corrió y, desde entonces, cada tarde salían con la sirena a celebrar cumpleaños por todo el pueblo. También llevaron regalos de abuelos a nietos que no podían verse. “Tenemos hasta un mural con dibujos que nos hacían los niños”, cuenta.
Esa cercanía sigue presente en las clases de educación vial y en el día a día del pueblo. Emilio habla con todos, bromea con todos y, cuando toca, también tiene que poner multas. “Es lo peor del trabajo”, admite este agente, al que conoce ya todo el pueblo, lo que dificulta su trabajo, pero al final siempre llegan las partes al entendimiento.
Quizá por eso sus publicaciones funcionan. No hay estrategia detrás, solo un policía campechano que ama su trabajo y las ganas de cachondeo. El mismo tono con el que habla en la calle es el que utiliza en redes. Un lenguaje que convierte un objeto perdido en una pequeña historia y que, sin pretenderlo, ha hecho de la Policía Local de Monda algo más que un servicio público: se ha convertido en el cuerpo de un pueblo donde perder algo... también tiene su lado bueno.
