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Las claves

La malagueña Marta Andrade pasa las horas mirando de reojo el teléfono en el Aeropuerto Internacional de Malé, aferrada a una respuesta que no termina de llegar. El cierre del espacio aéreo, provocado por la escalada del conflicto entre Israel y Estados Unidos frente a Irán y las posteriores represalias de Teherán contra bases norteamericanas en el Golfo Pérsico, ha dejado en suspenso su regreso y el de decenas de viajeros.

La joven forma parte de un grupo de unas veinte personas españolas que viajaban juntas a Maldivas y que han visto cómo su regreso previsto a casa para el sábado quedaba en el aire tras la cancelación de sus vuelos por la situación internacional actual.

Desde la agencia han publicado un comunicado en sus redes donde aseguran que no pueden "controlar el espacio aéreo ni saber qué va a pasar". "Seguimos sin noticias de próximos vuelos y grupos. Vamos a mantener la calma y ver cómo evoluciona todo", han escrito.

Según cuenta la propia Andrade, ella y sus amigos han intentado contactar sin éxito con el consulado de España en Malé y con la Embajada española en Nueva Delhi, que es la misión diplomática competente por demarcación. "No nos cogen el teléfono ni nos responden a los correos, ni a nosotras ni a otros españoles que están en la misma situación", explica.

"Estamos retenidos sin información", resume Marta en conversación con este periódico. El grupo tenía billetes de vuelta con Qatar Airways, pero los vuelos fueron cancelados y, desde entonces, la incertidumbre, relata, se ha hecho con todos los usuarios del aeropuerto.

Como única alternativa, se les ha facilitado un número de emergencia del Ministerio del Interior difundido en redes sociales, que, según denuncia, "lo único que hace es decirnos que volvamos a escribir al consulado", pese a que durante el fin de semana las oficinas permanecían cerradas. "Cosa que no entiendo, porque en caso de emergencia debería estar abierto", critica.

Mientras tanto, el grupo permanece en Malé costeándose de su bolsillo el alojamiento y la manutención. "Estamos pagándonos todos los gastos de hotel y comida. Hemos comprado incluso nuevos vuelos para intentar llegar a Málaga y también han sido cancelados, así que hemos perdido ese dinero", lamenta Marta.

La primera noche durmieron en el aeropuerto, pensando que la cosa sería más sencilla y ante la duda de qué hacer. Este domingo, en cambio, se encuentran en un hotel junto al aeropuerto, pero asegura que los precios de los alojamientos están subiendo "por minutos", por no hablar de los vuelos, que ya superan los 3.000 euros, con muchas escalas, algunas de ellas de 12 horas de espera. "Es una auténtica locura", asevera.

Siete días para decidir, pero sin fechas

A través de la aplicación de la aerolínea, las personas afectadas solo han recibido un mensaje automático que les concede un plazo de siete días para solicitar el reembolso o la reubicación en otros vuelos, sin concretar fechas ni alternativas cerradas. "No sabemos cuándo vamos a poder salir ni en qué vuelo", insiste.

Además, aseguran que otras compañías sí han ofrecido cobertura a sus pasajeros, incluyendo alojamiento, mientras que en su caso no han recibido confirmación de que la aerolínea vaya a asumir esos gastos. Incluso, relatan que algunos miembros de la tripulación con los que coincidieron en el aeropuerto les trasladaron que la compañía no se haría cargo de la estancia.

El seguro de viaje tampoco ha activado cobertura inmediata al considerar que se trata de un supuesto de fuerza mayor vinculado a la crisis internacional, lo que deja a todo el grupo en un limbo administrativo y económico.

Comunicación constante y miedo a quedarse bloqueados

Los españoles que se han ido conociendo en el aeropuerto se mantienen en contacto permanente entre ellos para compartir cualquier novedad y coordinar posibles alternativas. La preocupación no es solo económica, sino también logística. Cada día que pasa, los precios de los alojamientos aumentan y la disponibilidad de plazas aéreas se reduce cada vez más.

"Estamos aquí dando tumbos, sin soluciones claras y sin saber cuándo podremos volver a casa", insiste Marta, que agradece al menos no tener problema en el trabajo, donde han comprendido la situación tan difícil en la que se encuentra. Desde Málaga, su familia la situación con inquietud, pendiente de que las autoridades españolas articulen algún mecanismo de asistencia o repatriación en caso de que el cierre del espacio aéreo se prolongue.

Por el momento, su única certeza es que el regreso no tiene fecha y que cada jornada en Maldivas suma gastos y desgaste emocional a un viaje que comenzó como unas vacaciones de ensueño y que ahora se ha convertido en una verdadera pesadilla.