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Las claves

A las once de la mañana de este sábado, mientras se preparaba en su casa a apenas quince minutos del Burj Khalifa, la malagueña Ciara Centurión recibió una llamada que cambiaría totalmente el rumbo de su fin de semana. Era su novio, que se encontraba en una cafetería debajo de su casa y que le preguntaba si había escuchado "la explosión". Ahí comenzó su preocupación y comenzó a ser consciente de los efectos de la escalada bélica desencadenada tras la declaración de guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán y las represalias de este país, que está atacando bases de Estados Unidos ubicadas por todo el Golfo Pérsico.

Centurión no escuchó aquella primera explosión desde su apartamento, pero su pareja, su suegra, y varios amigos sí. Hasta le enseñaron vídeos que, según describe, muestran los misiles como “una estrella fugaz cruzando el cielo” que acababa estallando en lo más alto al ser interceptados. Después llegaron dos o tres detonaciones más. Cada vez se preocupaba más, pero en ese momento todavía no imaginaba que, apenas unas horas después, bajaría corriendo 51 pisos presa del pánico.

Sobre las tres de la tarde se desplazó con su suegra a un exclusivo club con piscina situado en la planta 51 de un hotel de Dubái. “Habría unas 500 personas”, recuerda. Una hora más tarde sonó otra explosión. El personal intentó calmar a los clientes asegurando que la ciudad estaba a salvo y que no había de qué preocuparse.

Pero hacia las seis de la tarde la escena cambió por completo. “Escuchamos tres explosiones seguidas, fue como 'búm, bú, búm' y vimos cómo empezaba a salir muchísimo humo justo enfrente de donde estábamos. El edificio retumbó”, cuenta. Entonces cundió el pánico. Gritos, empujones y carreras hacia las escaleras. “Las cuentas ni se pagaron. Le dijimos al camarero que teníamos que pagar y nos gritó que saliéramos de allí corriendo”.

El descenso desde la planta 51 fue, según sus palabras, “traumático”. “Yo sentía que el edificio iba a explotar y que no iba a salir. Pensaba que no llegaba abajo”. Finalmente, ambas lograron alcanzar la calle, donde se encontraron con cientos de personas intentando huir. No había taxis disponibles y las aplicaciones estaban colapsadas.

Su pareja consiguió recogerlas minutos después. De camino, pasaron por la zona donde, según les explicaron, un fragmento de misil habría impactado en un hotel provocando un incendio que los bomberos extinguieron rápidamente, pero que le impactó muchísimo.

Alertas en los móviles y noche en vela

Ya en casa, se reunieron varios españoles. Las explosiones continuaron escuchándose de fondo sin parar. A las diez u once de la noche llegó la alerta oficial al móvil, un sistema de emergencia que activa un sonido estridente y vibración continua. El mensaje instaba a permanecer en interiores, evitar ventanas y cristales y no salir a la calle ante la previsión de la caída de nuevos misiles.

“Me despertaba cada dos o tres horas con los bombazos”, relata. Según la información que manejan y que les tranquiliza, el objetivo de los ataques no sería directamente Dubái, sino una base militar estadounidense en Abu Dabi, mientras que son los restos de las intercepciones los que caen en territorio dubaití.

“He leído que han interceptado más de 130 misiles y más de 250 drones, y que ya hablan de más de 500 intercepciones”, explicaba este domingo, en referencia al sistema de defensa que neutraliza en el aire los proyectiles antes de que impacten en la ciudad.

Esos destellos que tanto ella como sus amigos han grabado en el cielo corresponderían, según esa versión, a la destrucción en vuelo de esos artefactos. “Están parando casi todo en el aire, pero los restos se ven y se oyen”, añade.

Entre la inquietud y la normalidad

A las siete y media de la tarde de este domingo, hora local, Ciara aseguraba que llevaban una hora sin escuchar nuevas explosiones. Pero las recomendaciones oficiales seguían estando vigentes: permanecer en casa, alejarse de ventanas y evitar desplazamientos innecesarios.

Sin embargo, relata, la ciudad intenta mantener cierta normalidad. “La gente está yendo a trabajar, los repartidores siguen entregando pedidos, aunque las aplicaciones van más lentas. Los supermercados están abiertos, algunos restaurantes han cerrado y otros siguen funcionando... Tengo amigas que hoy han salido a comer”, cuenta.

Coach y mentora especializada en crecimiento personal, Ciara admite que lo vivido ha sido impactante incluso para alguien acostumbrada a hablar de gestión emocional. “Ayer fue muy traumático. Ahora estamos más tranquilos porque el gobierno dice que tiene la situación bajo control, pero la inquietud está ahí”, zanja la joven, que también es creadora de contenidos (@ciaracenturionn) y está compartiendo con sus seguidores el minuto a minuto de la situación que le ha tocado vivir.