Entre el Monte Sancha y la playa de La Malagueta se erige una pequeña urbanización de paredes blancas, patios pequeños y paseos infinitos. Un paraíso diminuto en el que la luz y el aire del Mediterráneo coquetean cada mañana con los cientos de habitantes que deambulan por sus avenidas y callejones. En este caso, el elemento en común que tienen todos sus ciudadanos no responde a una inquietud geográfica, sino académica: son alumnos de la Academia Santa Teresa

Este colegio (inicialmente femenino) fue construido en 1963 y pronto se convirtió en una suerte de gargantúa para unir el mar con la montaña a través de la educación. Pero detrás del trabajo de la institución Teresiana (fundada por san Pedro Poveda y Josefa Segovia a principios del siglo pasado), se esconde una joya de la construcciónLa calidad de este pequeño Edén ha salido a la luz después de que Ico Montesino publicara en Twitter un hilo destacando su valor.

En conversación con EL ESPAÑOL de Málaga, este arquitecto explica desde Berlín que la idea de recopilar la historia del centro educativo surgió a raíz de una efeméride. En concreto, los 25 años que han pasado desde que él y su promoción finalizaran una etapa en las teresianas: “Hace bastante tiempo busqué información al respecto, pero no vi demasiadas cosas. Ahora, con la reunión de antiguos alumnos, me volvieron las ganas y esta vez sí que la encontré”, subraya.

El vínculo de Montesino con la obra va más allá de lo emocional. Asegura que el trabajo desarrollado por Manuel Barbero y Rafael de la Joya en los 60 no está lo suficientemente reconocido: "Pasa desapercibido". La presencia de asociaciones que defienden el estilo moderno ha vuelto a poner en su lugar a uno de los inmuebles imprescindibles dentro del urbanismo local. 

El quid de la cuestión está en que el edificio "no solo es bonito, sino que también es inteligente". Montesino destaca las referencias a la arquitectura vernácula malagueña, combinadas con valores típicos modernos, pero sin caer en lo superficial. Así, se conjuga la "rigidez de la trama" con el tratamiento enraizado de un pueblo blanco de la serranía andaluza, como puede ser Mijas. 

[José Seguí rompe su silencio para repasar en detalle el avance de la ciudad y su peso como capital territorial]

Desde un punto de vista empírico, la sensación que uno tiene es que “nunca se está dentro”: “Tiene sus desventajas, como cuando hace frío o llueve. Recuerdo cuando era pequeño que incluso llegaban a echar serrín para que no resbalara”. Pero el clima de Málaga es lo suficientemente benévolo como para poder disfrutarlo. Mediante este entramado de pasillos sin paredes, se genera una urbe con sus calles exteriores y “sus plazas”. 

Ese es el término que usa para referirse a las terrazas individuales que se ubican delante de cada clase (a excepción de la primera planta, que es un patio corrido): “Generan un efecto más parecido al de una plaza o jardín por la vegetación que lo rodea. Los únicos sitios aclimatados son las aulas, que dan al mediterráneo”, subraya.

Esa referencia al mar no se reduce únicamente al accidente geográfico. Su alcance adquiere una connotación física y conceptual. “Siempre se nos enseña que la arquitectura moderna es una ruptura, pero desde la época de Le Corbusier ya se hacían congresos para analizar cómo tenían que ser las ciudades. Josep Lluís Sert, en los años 30, dijo que esta corriente tenía mucho que ver con la arquitectura del mediterráneo. Es decir, no hay una contraposición, como sí puede ocurrir con el modelo centroeuropeo en el que se apuesta por otros materiales, como el vidrio”, expone.

Explicado de un modo más resumido, el aforismo sobre el que se sustenta el colegio de las Teresianas de Málaga vendría a ser el siguiente: “Algo radicalmente moderno, pero a la vez radicalmente mediterráneo”, afirma.

[Rafael Moneo defiende su proyecto en Málaga: “Es impecable el modo en que se ha recuperado La Mundial"]

Prueba de ese virtuosismo es la forma en la que la escuela coquetea con el terreno: “Se eleva para permitir que las escorrentías fluyan bajo o a través. Está completamente abierto hacia el sur, tanto en las galerías de acceso como en las aulas y sus grandes ventanales; hacia el cielo, mediante los patios que salpican el recorrido e incluso hacia “abajo” y hacia el propio terreno en el que se apoya levemente sin apenas horadarlo”, relata en su hilo de Twitter. 

¿Y esto en qué se traduce? En la posibilidad de instalar una capilla junto a las rocas de la colina o de mantener un conjunto arbolado con espacio suficiente para seguir creciendo. La clave está en que siempre se juega a favor de la estructura. 

¿Por qué Manuel Barbero y Rafael de la Joya?

No todos los estudiantes de la capital tienen la suerte de formarse en un colegio que recuerda a los pueblos blancos malagueños. Ico Montesino relata que no fue hasta su etapa en el instituto cuando empezó a valorarlo: “Me di cuenta de que había estado en un sitio muy especial”. Ese vínculo afectivo forjado hace más de 25 años es el que hoy le lleva a exponer el sentido casi espiritual de algo tan sencillo como ir desde la puerta de la Academia hasta la puerta de la clase.

“La cuesta, de la que tanto me quejaba, era algo así como un ascensor que me llevaba hacia arriba, hacia la luz, y me iba separando poco a poco de la ciudad hasta aislarme al completo. Un sendero rodeado de zonas verdes, con vegetación, y unas terrazas con vistas al mar en las que predominaba la luz”, describe. 

Colegio de las Teresianas de Alicante.

Esa defensa a ultranza de la luminosidad no es un elemento aislado, sino que forma parte del hilo conductor sobre el que otros centros de la misma institución se han erigido. Montesino destaca los trabajos de Rafael de la Hoz en los colegios teresianos de Córdoba y Alicante. Ambos comparten ciertos parecidos con el de Málaga: estructuras vistas (en el último caso, con vigas blancas), ventanas sobresaliendo, proyección de un techo para proteger del sol… 

La hipótesis principal es que existía un consenso a la hora de integrar el edificio en el espacio y la naturaleza. Prueba de ello es la coetaneidad de estos trabajos (todos realizados durante la década de los 60). 

Planos del colegio de las Teresianas de Córdoba.

Un malagueño en Alemania

Aunque rechaza definirse como divulgador, lo cierto es que sus hilos sobre arquitectura han ido adquiriendo cada vez más repercusión. Unos trabajos que arrancaron con la propuesta de un Nuevo Mercado de la Merced recuperando la estructura metálica de la antigua estación de tren de Málaga y que evolucionaron hacia los análisis del hotel de Moneo. 

El motivo de estas reflexiones está en su actual residencia: “Me fui a Madrid con 18 años y llevo en Alemania desde los 29. Al principio quieres descubrir cosas nuevas, pero ahora quiero mirar hacia atrás. Nunca he podido trabajar en Málaga, pero tengo ideas sobre mi ciudad. Me gusta pensar en ella”.





Noticias relacionadas