El 23 de agosto de 1995 un pastor que paseaba por los alrededores del Cortijo la Hormiga, a escasos kilómetros de Casares (Málaga), encontró tres cadáveres semienterrados. Esta persona fue probablemente testigo del primer ajuste de cuentas de la Mafia rusa en España porque los cuerpos hallados eran del matrimonio Rizhov y su hija de 7 años.

El hombre era Andrey Rizhov, un empresario ruso propietario de varias empresas en Rusia y que se había asentado con su familia en la Milla de Oro de Marbella en un chalet de la urbanización Pueblo Bermejo. Este caso se juzgó en dos sentencias de la Audiencia Provincial de Málaga, pero solo resolvieron una pequeña parte de los hechos. 

Está probado judicialmente que la familia Rizhov tenía pensado en esa época adquirir un inmueble en la Costa del Sol y que dos ciudadanos rusos —a la postre, sus asesinos—, Mihail Mugrugelov y Wyacherlar Bakal, fingieron ser unos inversores inmobiliarios para ganarse la confianza de la familia, porque se ofrecieron a ayudarles en la búsqueda de esa ansiada vivienda. Uno de esos sujetos hablaba español, porque en ese momento mantenía una relación sentimental con una mujer malagueña, y ayudó a convencer a los Rizhov de que tenía contactos en Málaga.

El 8 de agosto de 1995 la familia Rizhov, acompañada de Mugrugelov y Bakal, visitaron varios inmuebles en la Costa del Sol juntos a unos agentes inmobiliarios. Ese día Mugrugelov y Bakal convencieron a los Rizhov de que les llevasen a la vivienda donde vivían en Marbella, para supuestamente conocer todos los pormenores sobre de la casa que querían adquirir: así, pudieron saber detalles de la vivienda que usaron más adelante para cometer el fatídico crimen. 

El 20 de agosto de 1995 se presentaron Mihail Mugrugelov y Wyacherlar Bakal, junto a Iván Ivanov, en la casa marbellí de los Rizhov después de reunirse con un conocido de la familia: Anton Chyrev, al que los Rizhov debían dinero. Más adelante hablaremos de él, porque es clave en el caso. 

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Con Mihail, Wyacherlar e Iván, ya dentro de la vivienda, inmovilizaron a Andrey Rizhov y le taparon la boca con un trapo. Luego llegó el turno de su mujer y de su hija Elena. A la niña de 7 años la asfixiaron sin piedad, a la mujer de Rizhov la asesinaron de 4 puñaladas en diferentes lugares del cuerpo, y con Andrey Rizhov acabaron de una única puñalada. 

Los tres asesinos, temiendo ser descubiertos, huyeron del chalet por si algún vecino pudo oír los gritos de las víctimas. Antes de abandonar la casa, depositaron los cuerpos de los Rizhov en una bañera de uno de los cuartos de baño. Viendo que no fueron descubiertos, volvieron al día siguiente al mismo lugar para introducir los cadáveres de las víctimas en unas maletas para trasladarlos a la Finca la Hormiga de Casares y enterrados bajo unas piedras.

Para desplazarse utilizaron una Renault Express que alquilaron en lo que era la Explanada de la Estación de Málaga capital, que ahora es la Estación María Zambrano. También robaron de la vivienda de los Rizhov una serie de joyas, equipo de música, cintas de vídeo y un Mercedes 190. En cuanto supieron por la prensa que se habían encontrado los cadáveres, los tres asesinos decidieron abandonar la provincia de Málaga de forma separada. En las sentencias se defendía simplemente la tesis de un robo, pero ni la Fiscalía ni la policía creían que ese fuera el motivo de un crimen tan cruento. 

A Anton Chyrev, al que hemos mencionado antes, le debía bastante dinero el empresario Andrey Rizhov, según la información que le proporcionaron a Fiscalía y la policía nacional. El Ministerio Fiscal defendía que Chyrev contrató a dos sicarios para acabar con la vida de los Rizhov y que resultaron ser Mugrugelov y Bakal: a Iván Ivanov lo mantenía al margen de este asesinato en un principio, porque compartía piso con las dos personas anteriormente mencionadas. Que este triple asesinato tiene un trasfondo del crimen organizado es más que probable: en 1995 la llegada de mafiosos de la esfera soviética a la Costa del Sol era conocida por las autoridades. El CESID, ahora llamado CNI, emitió informes ese año sobre la atención que debían recibir los miembros del crimen organizado de Rusia, Ucrania, o Bielorrusia que desde la caída de la URSS se habían instalado en toda la costa española. 

Si la intención de Mihail Mugrugelov y Wyacherlar Bakal era la de simplemente robar una vivienda, y ya habían realizado un estudio exhaustivo del chalet que iban a asaltar, es bastante sorprendente que se introdujeran en la vivienda con los moradores dentro. Añade mucha dificultad a un robo en una casa que los propietarios estén en el interior, por lo que la tesis que defendía la fiscalía y la policía de que era un ajuste de cuentas de algún clan de la mafia rusa gana con fuerza. Y más cuando todo el proceso fue financiado por Anton Chyrev, que siempre estuvo en busca y captura. 

Al año siguiente de este triple de asesinato, se emitió un documental en Antena 3 sobre la presencia de la mafia rusa en España. El interés mediático sobre el crimen organizado ruso se disparó tras la caída de la URSS porque siempre ha interesado la presencia en nuestro país de verdaderos Vor V Zakone. Este triple asesinato recuerda a las extrañas muertes que han ido sucediendo desde enero de este año de empresarios rusos que trabajan en el sector del gas o estratégicos, y que se resumen así:

El 30 de enero de este año se encontró muerto en la bañera de su casa de tres plantas en Leninsky, un pueblo a las afueras de San Petersburgo donde vive la élite de Rusia, a Leonid Shulman, jefe de transporte de Gazprom Invest. Gazprom Invest es una empresa subdiaria de la gasística Gazprom y que se encarga de construir instalaciones para la industria del gas. Dejó una nota de suicidio donde se aquejaba de unos fuertes dolores en la pierna que le habían provocado estar de baja. 

En el mismo pueblo, murió en febrero Alexander Tyulakov. Esta persona era el director general adjunto de la tesorería de Gazprom, la empresa estatal de gas ruso. Supuestamente se suicidó en el garaje de su casa con una soga, aunque un día antes de morir recibió una paliza, según su esposa. 

En abril, encontraron muerto de un disparo en Moscú a Vladislav Avayev junto a su mujer e hijas. Avayev fue vicepresidente de Gazprombank, la filial financiera de Gazprom y que es el tercer banco de Rusia. La versión oficial dice que Avayev mató primero a su hija y su mujer para suicidarse luego. 

Al día siguiente de esas muertes encontraron ahorcado en una villa de Lloret de Mar a Sergey Protosenya, luego de haber asesinado a hachazos a su mujer e hija. Esa fue la versión oficial. Protosenya era un multimillonario y fue un alto directivo de Novatek, la mayor empresa privada que produce gas en Rusia. 

El 30 de abril murió Andrei Krukovsky: era el director de la estación de esquí de Krasnaya Polyana en Sochi, que incluye un complejo turístico muy conocido en Rusia. Murió realizando senderismo, y supuestamente cayó por un barranco. La propietaria de todo ese complejo es Gazprom, la empresa estatal rusa de gas. 

En mayo murió Alexander Subbotin: fue un directivo de la petrolera rusa Lukoil. Subbotin supuestamente murió en la casa de un chamán en la ciudad rusa de Mytishchi. 

En junio murieron Vladimir Gabrielyan y Sergey Merzlyako: eran directivos de VK, la mayor red social de Rusia, donde ejercían de primer director general adjunto y de director de compras. Tuvieron un accidente realizando una excursión en unos todoterrenos por el río Bugryanitsa en Shoyna (Rusia).

En julio acabó muerto de un disparo en la cabeza en su casa a las afueras de San Petersburgo Yuri Voronov, fundador de la empresa de logística Astra-Shipping. Esta empresa tiene los contratos de transporte marítimo en el Ártico de Gazprom y su principal cliente es la petrolera rusa estatal rusa Rossneft. Le dispararon a quemarropa, y se sospecha que el motivo es una disputa entre los socios principales de la empresa.

Son algunos ejemplos de muertes en circunstancias extrañas de personas muy relevantes en empresas estratégicas de Rusia, y que recuerdan a la muerte de los Rizhov en Marbella en 1995. Como dice la canción de Airbag sobre la mafia rusa en la Costa del Sol: 

La cosa aquí en Moscú se puso fea

casi prefiero irme de aquí, que no me vean.

Tengo dinero ahorrado de mi última estafa

y el pasaporte falso que me dio la mafia.

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