Málaga

Cuando el incendio sigue devorando, sin saciar aún el hambre; cuando la ceniza cae como si fuese lluvia y el humo casi lo oculta todo, los gestos tienen un valor mayor. El esfuerzo impagable de quienes se afanan sobre el terreno en la extinción cobra más sentido si cabe con ofrecimientos como el de Mercedes Méndez, dueña del hotel Bannu Rabbah.

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Aunque a distancia de las llamas, Mercedes es testigo directo de cuanto ocurre en el vecino Genalguacil. La humareda que se levanta al mirar al frente de su establecimiento no esconde la dimensión de la tragedia. Incluso, mientras dialoga con EL ESPAÑOL de Málaga, queda impactada al comprobar todo lo arrasado.

"Esto es un desastre, un desastre", se lamenta, describiendo que todo a su alrededor está lleno de ceniza. A su modo, intenta colaborar con el reto de vencer a uno de los mayores incendios ocurridos en la provincia y que los expertos subrayan como altamente peligroso.

No. Mercedes no lleva una pala o una azada, ni pilota un helicóptero, pero trata de servir como puede. Y su manera es la de abrir su hotel rural a quienes lo necesiten. Por medio de las redes sociales saltó la buena nueva. Un hotel de Benarrabá pone a disposición sus habitaciones.

Otra de las vistas desde el establecimiento.

"Lo que me queda libre está para quien lo necesite, por si hubiese evacuados; tengo también un salón grande, y piscina con vestuario", explicaba. A fecha de ayer, el establecimiento tenía ocupadas nueve de sus 12 habitaciones. Para este domingo, su previsión es que queden libres nueve.

Mercedes explica las razones. "Si estuviese más lejos el incendio también lo haría, pero cuando lo vives de cerca, ves el humo, el fuego, es tu valle, es tu gente, lo menos que puedo hacer es ofrecer lo que tengo", comenta. Por el momento no han llamado para aceptar la propuesta. Sí han preguntado por la furgoneta de 9 plazas que tiene, en caso de tener que evacuar a más vecinos de la zona.

Debido al humo y la ceniza, todas las ventanas que dan a la terraza han permanecido cerradas. "La gente que habitualmente salía a comer fuera hoy lo ha hecho en el salón", detalla, porque "era irrespirable el aire". "Veo el pico de Los Reales y salen estelas de humo; algo se ha tenido que quemar de los pinsapos", decía.

El cliente habitual que tiene suele buscar tranquilidad, "mucho senderista". Dice con satisfacción que los que tenían intención de venir ya se encontraban instalados cuando se inició el incendio, aunque algunos han llegado cuando ya empezaba a conocerse la dimensión del fuego. En lo que sí ha notado cancelaciones es en el restaurante.

"Ha habido un poco de miedo porque solo se veía humo", relata. Echa la mirada muy atrás para recordar algo semejante. Al año 1996, en concreto, cuando cree que hubo un siniestro parecido. "Pero este ha sido muy bestia y ha corrido muy rápido", sentencia.