Desde hace unos días se alza imponente la 'entrada' al Chinatown madrileño. Un arco chino (paifang) en medio del distrito de Usera, de colores vivos y formas geométricas que representan dos dragones –símbolo de la cultura china– y un oso –que recuerda a Madrid–.
Habla de diversidad, de unión entre culturas... Lo que es Usera para Óscar San Miguel, mejor conocido como Okuda: "El barrio más diverso de todo Madrid".
Bajo el nombre de Okuda firma desde hace más de 30 años sus obras: pinturas, esculturas, murales... Todas ellas con un punto de unión: el estilo único que le caracteriza, con muchos colores, formas geométricas y sobre temas que giran en torno, precisamente, a la diversidad.
Y Usera es su punto neurálgico. Ahí tiene su estudio, donde trabaja su equipo formado por unas 20 personas. Una nave de paredes blancas y unos 1.000 metros cuadrados con multitud de esculturas, colores por todas partes, botes de pintura en spray y hasta un Porsche tuneado en medio de una de las salas.
Y él, en medio de todo el bullicio de herramientas cortando y limando esculturas, aparece con una energía desbordante, un conjunto de uno de sus ídolos, el artista Keith Haring, y unas gafas de color azul. Habla rápido, gesticula mucho y cuenta sus comienzos, que empiezan por su nombre artístico, el que adoptó con 15 años: "De pequeño, mi hermano jugaba a videojuegos y en los créditos lo vi y sentí que tenía que ser mi nombre".
Así, Okuda empezó en Santander, su ciudad natal, cuando todavía era un adolescente. Pintaba vías o fábricas abandonadas. "Eran sitios que para la gente no significan nada, pero para mí eran grandes tesoros. Porque podía estar horas, las horas que quisiera, o días enteros pintando espacios grandes y nadie te molestaba".
Llegó a Madrid en el año 1999, con 17 años, para estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense. "Al moverte aquí, había un escaparate mayor. Sin Instagram y sin nada, en aquel entonces, empezabas en revistas de street art. Muy poco a poco. Me empezaron a invitar dentro del círculo del graffiti a festivales internacionales". El primero fue en 2002 en Alemania.
Okuda con el Porsche tuneado en su estudio de Usera.
"A partir de ahí empecé a viajar más y a hacerme mi nombre. Digamos que por la puerta de atrás del mundo del arte. Porque el espacio público era mi entorno natural y donde empecé a crecer como artista", añade.
Ahora, sus obras están en fachadas y plazas de ciudades de toda España. E, incluso, del mundo, en ciudades de Ucrania, Rusia, Alemania, Japón, China, Estados Unidos, Canadá, Australia, Marruecos...
Más de 300 grandes proyectos en 100 ciudades de distintos países. Algunos también en faros o iglesias. "Uno de los retos que me ha marcado mucho es el pintar los techos de las iglesias", recuerda.
Por ejemplo, su pintura Kaos Temple en la antigua Iglesia de Santa Bárbara, un templo desacralizado de Llanera (Asturias), o la 'Iglesia del Cannabis' —conocida así por ser el primer santuario comunitario dedicado a la búsqueda de compañerismo entre consumidores— en una antigua ermita luterana de Denver.
Pregunta.- Habiendo conocido tantas ciudades y países diferentes, ¿por qué decide asentarse en Usera?
Respuesta.- Yo vivo en Embajadores, tengo un ático en Embajadores. Y antes de la pandemia pasaba muy poco tiempo en mi casa porque teníamos unos 200 vuelos y unos 60 murales al año. Ahora se ha diversificado más el trabajo. Tengo más peticiones de esculturas para el espacio público o de obras para coleccionistas. Buscaba algo para poder ir andando y este es el lugar más cercano y con más tamaño que encontramos.
Era un parking, lo tiramos entero y lo volvimos a hacer a medida para lo que es: un espacio creado para la creación, nunca mejor dicho. No solo para mí, hay músicos, hay una galería, está mi fundación... La idea es la retroalimentación entre artistas.
Okuda en una de las zonas de su estudio.
P.- ¿Ha habido algún otro sitio al que hubiera querido irse?
R.- Esa sensación la hemos tenido Chelo y yo. Chelo es una artista increíble, mi mano derecha, la directora cromática del estudio y mi pareja también.
Hemos viajado por todo el mundo y esa sensación de "queremos mudarnos aquí" nos ha pasado en Hong Kong. Es el Nueva York de Asia. Una ciudad más moderna y, a la vez, con una armonía con la tradición increíble. La típica ciudad en la que pasan muchas cosas al mismo tiempo. A nivel cultural también hay muchas galerías, muchos artistas...
Pero la verdad es que continuamos viajando y me di cuenta de que Madrid es perfecto. Porque digamos que somos Europa, pero al final somos Latinoamérica. Somos muy diversos también. Madrid al final me ha dado todo; fue donde me mudé y de donde me siento. Viajo por todo el mundo, pero siento que vuelvo a casa cuando vengo.
P.- ¿Cómo llegó a encontrar este estilo tan suyo?
R.- Lo más importante para ser artista, lo primero es emocionar, porque el arte es emoción. Pero lo segundo es tener una identidad única. Generar tu identidad es más importante que pertenecer a algo. Nunca he estado bien visto por el mundo del arte y quizá tampoco por el mundo del graffiti, porque al final estoy en el medio de todo.
En la facultad pintaba en cartones grises porque tampoco me lo permitía mi economía. Para aprender a trabajar las formas, sobre todo con modelos al natural, creo que era muy guay trabajar con blanco y negro, que era muy barato también. Y a partir de ahí, de estar años pintando en blanco y negro, dije: "Ahora, explosión de color". Fue una necesidad el color.
Empecé a convertir las letras de la calle en 3D: en círculos, triángulos y rombos. Es decir, en geometría. De alguna manera creo que mi mente funciona como los programas de 3D.
Una de las esculturas del estudio de Okuda.
P.- Y ahora que el minimalismo domina el diseño y la decoración. ¿Los colorines han pasado de moda?
R.- El arte no es moda. Cuando tienes una identidad única, no te pones de moda. No representa solo una estética, sino también unos valores.
P.- ¿Qué tiene su arte que haya tenido tanta repercusión?
R.- El venir de la calle es de alguna manera democratizar el arte. Es arte para todos. No necesitas nada para entenderlo, solo sentirlo. Entonces creo que llega muy bien a todo tipo de gente, porque además me he dado cuenta de que tengo más fans señoras mayores y niños que todo lo demás. Es como un lenguaje fácil, muy simple, porque es un triángulo, pero a la vez muy complejo. Representa a todos, con toda esa multiculturalidad de color. De alguna manera llega tanto a la gente de la calle como a instituciones y al mundo del arte.
Y estoy muy agradecido de que el profesorado se haya rejuvenecido. Me estudian en muchos colegios del mundo, no solo de España.
Okuda durante la entrevista con EL ESPAÑOL.
P.- Ha trabajado también en países con contextos muy distintos y sus obras tienen en gran medida un componente de repercusión y reivindicación social. ¿Alguna vez ha tenido miedo de que alguna obra o algún mensaje pudiera traerle consecuencias?
R.- Por supuesto. Chelo y yo hemos estado dos veces en Rusia, donde la propaganda LGTBI está prohibida. Chelo se quitaba las uñas; ella es una chica trans. Queríamos ir como perfil bajo, no vaya a ser que nos detengan.
Pero claro, luego te plantas en un edificio de 25 pisos con una construcción del círculo cromático, es decir, la bandera LGTBI pura y dura. Abajo, a pie de calle, íbamos a poner un violeta, es decir, que se hacía la bandera completa. Bueno, pues la política que nos contrató lo pintó de azul marino, que es un color que odio, para evitar posibles repercusiones con la policía o lo que sea. Me da igual porque realmente representa lo mismo.
Y generó un debate en la ciudad a partir de esto. Es decir, yo tengo dos edificios gigantes de activismo LGTBI en una ciudad donde no se puede. Y esos edificios se mantienen en un país donde ahora mismo están en guerra y donde supongo que la comunidad LGTBI no lo tiene fácil.
P.- Muchos de sus grandes proyectos son encargos de instituciones. ¿Qué peso tienen las administraciones públicas en su carrera y cuánto necesita también de marcas y proyectos privados para poder seguir?
R.- Las marcas y las instituciones son como una especie de los mecenas antiguos. Las marcas o las instituciones vienen a mí para contar un mensaje que representa a todos. Pero al final el mensaje es el mío, que es el de la diversidad: todos somos iguales pero distintos. Ahí está la gracia.
Creo que es necesario muchas veces, para hacer cosas gigantes, si no vas sobrado de dinero, que nunca he ido porque vengo de una familia trabajadora, pues el tener compañeros de viaje. Entonces las marcas y las instituciones básicamente son compañeros de viaje que me permiten hacer lo que quiero. Mientras seas libre creando, ¿por qué no?
El arco chino de Usera durante la inauguración.
P.- ¿Sigue quedando algo de aquel Okuda que salía a pintar grafitis con sus amigos en naves de Santander?
R.- Por supuesto, esta noche me voy a dormir en la acampada de Sol, así que fíjate si queda. De hecho, me siento más representado con los chavales que no tienen cómo pillarse una casa, porque yo cuando llegué a Madrid con 17 años tampoco tenía. Y estuve en un piso compartido con cinco personas maravillosamente. De hecho, ahora tengo mi casa y vivo con gente, porque me gusta vivir con gente.
Pero por supuesto que queda todo de ese chaval; sigo teniendo los pies en la tierra en ese sentido. A pesar de que tenga más o menos y que mi obra esté en más de 60 países, no hace que pierda nada la perspectiva y que apoye las causas que tengo que apoyar. Que el privilegio no te haga olvidar de dónde vienes.
Two Cultures in Love
El nuevo paifang de Usera tiene por nombre Two Cultures in Love. Se encuentra desde el pasado 1 de octubre en la Plaza del Hidrógeno del distrito. Se trata de un arco de 11 metros de altura y 12 de anchura en sus cotas máximas, mientras que el paso interior mide ocho metros.
La actuación contó con un presupuesto de 490.000 euros financiado por la Junta Municipal de Usera: 210.000 para la obra civil y 280.000 para la intervención artística, como informó el Ayuntamiento de Madrid.
Como explica Okuda, fue un trabajo en el que ha estado inmerso más de tres años, entre gestión, producción y creación. "Ha sido muy guay porque hemos estado trabajándolo con la comunidad china". Menciona al maestro Ren Sha, con el que ha colaborado para desarrollar el concepto creativo y el mensaje de las caligrafías tradicionales escritas en el arco.
Así, enumera alguno de sus próximos proyectos. "Estamos pensando millones de cosas muy locas". Uno de ellos será la primera "escultura gigante habitable". "Quiero sintetizar mi geometría y convertirla en arquitectura y vivir en ella. Estoy intentando llevar mi lenguaje a nuevos mundos y está siendo todo un reto".
