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Las claves

A sus 22 años, Jaime de Carvajal compagina el primer año del máster en ingeniería con una responsabilidad que va mucho más allá de las aulas. Es el 'team leader' del ISC Racing Team, el equipo de Formula Student de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI) de la Universidad Pontificia Comillas.

Formula Student es una competición internacional de ingeniería en la que equipos universitarios de todo el mundo diseñan, fabrican y desarrollan sus propios monoplazas para después ponerlos a prueba en distintos circuitos.

Bajo su coordinación trabajan 81 estudiantes que, durante meses, diseñan, desarrollan y construyen un monoplaza eléctrico con el que después compiten en circuitos europeos.

Su llegada al puesto de director del equipo fue, en buena medida, consecuencia de su implicación durante el curso anterior. Jaime comenzó trabajando en uno de los departamentos mecánicos y fue asumiendo cada vez más responsabilidades.

El anterior líder del equipo quería centrarse en una vertiente más técnica del proyecto y Jaime dio el paso para ocupar el puesto que ahora desempeña.

Ser 'team leader' significa encargarse de que un proyecto en el que participan decenas de estudiantes avance a buen ritmo. Jaime coordina la gestión, el presupuesto y los tiempos, mantiene la comunicación entre los distintos departamentos y supervisa que se cumplan los plazos necesarios para diseñar y construir el coche.

También se ocupa de una parte fundamental para que el proyecto pueda continuar: la financiación y la relación con los patrocinadores. El ISC Racing Team cuenta con el apoyo de Santalucía, que ha firmado un acuerdo de colaboración con ICAI para impulsar el proyecto y acercar a los estudiantes a entornos reales de innovación y desarrollo tecnológico.

El coche en competición. Cedida

"Es el cargo de responsabilidad máxima en el equipo", explica. Una responsabilidad que obliga a tener una visión global del coche y de todo lo que sucede alrededor de él. Porque el monoplaza no se construye únicamente con conocimientos de ingeniería. También hacen falta organización, financiación, planificación y capacidad para coordinar el trabajo de 81 personas.

Para Jaime, esa es precisamente una de las grandes diferencias entre estudiar ingeniería y enfrentarse a un proyecto de estas características. Formula Student "significa aplicar lo que estudiamos en la carrera a un entorno real y muy exigente", señala.

El proyecto, además, obliga a los estudiantes a asumir responsabilidades que no siempre aparecen en el aula. Cada integrante dedica como mínimo entre cinco y diez horas semanales al equipo, mientras que quienes ocupan puestos de mayor responsabilidad emplean todavía más tiempo.

Jaime lo compara con unas prácticas profesionales: una experiencia en la que los alumnos tienen que enfrentarse a problemas reales y conseguir que las soluciones funcionen sobre el terreno.

"Donde más hemos aprendido es en esto", reconoce. El trabajo con el coche, explica, permite comprobar cómo funcionan en la práctica los conocimientos adquiridos durante la carrera y obliga a ampliar los propios límites. La exigencia del proyecto también les enseña a asumir responsabilidades y a trabajar para que las cosas salgan adelante.

Y hacerlo no siempre resulta sencillo. Uno de los momentos más complicados llega durante el verano, cuando se acerca la competición y el trabajo se intensifica. Son semanas en las que el coche tiene que estar preparado para pasar las inspecciones y competir. Para Jaime, esa etapa se traduce también en "noches sin dormir".

El coche en competición. Cedida

El trabajo tampoco consiste en fabricar absolutamente cada pieza del monoplaza. El equipo diseña y produce una parte importante del coche, mientras que determinadas piezas se encargan a empresas colaboradoras cuando requieren tecnologías o procesos de fabricación que los estudiantes no tienen disponibles.

El objetivo es, aun así, mantener dentro del equipo una parte esencial del proceso de diseño y construcción.

El resultado de ese trabajo es el IFS-08, un monoplaza eléctrico que esta temporada incorpora uno de los grandes retos tecnológicos del equipo: el sistema 'driverless'. No se trata simplemente de añadir una función al coche, sino de competir en una categoría que incorpora la conducción autónoma a las pruebas de Formula Student.

El equipo lleva alrededor de dos años y medio desarrollando esta tecnología y ha tenido que adquirir nuevas capacidades para poder llevarla al coche.

En la temporada pasada, además, el ISC Racing Team ha afrontado un nuevo escenario. El equipo compitió en Formula Student Spain y participó por primera vez en Formula Student Austria, en el Red Bull Ring. También realizaron jornadas de pruebas en el Circuito de Jerez.

Llegar a Austria es el resultado de un proceso que comienza meses antes de poner el coche sobre el asfalto. La temporada empieza en septiembre y se prolonga hasta las competiciones del verano siguiente.

Durante ese periodo, el equipo tiene que desarrollar el nuevo monoplaza y prepararlo para competir. Parte del coche anterior puede mantenerse, "pero la ambición es construir cada temporada un vehículo mejor a partir de la experiencia acumulada y del 'feedback' obtenido en las competiciones", explica Jaime.

No es un proyecto que termine cuando el coche sale del taller: "Cada temporada supone volver a analizar lo que funcionó, detectar qué puede mejorarse y comenzar de nuevo", señala Jaime.

Jaime hablando con el equipo. Cedida

El verano es el momento de comprobar si todo ese trabajo ha funcionado. Antes de competir, el monoplaza debe superar una serie de inspecciones que permiten verificar que cumple los requisitos de seguridad y de la competición. El equipo consiguió superarlas y pudo participar en todas las pruebas dinámicas, aquellas en las que el coche se pone a prueba directamente sobre la pista.

Para Jaime, el atractivo de todo este proceso va más allá del propio coche. Desde pequeño le ha interesado el mundo del motor y la competición, aunque reconoce que ha pasado por épocas de mayor y menor intensidad.

Lo que mantiene constante es su interés por cualquier ámbito en el que exista competición. "Me gusta mucho porque competir saca muchas cosas buenas de las personas", explica.

Su objetivo profesional también apunta en esa dirección. Le gustaría trabajar algún día en la Formula 1. Pero antes de llegar a ese mundo, su aprendizaje está ocurriendo en un taller universitario, entre presupuestos, reuniones, patrocinadores, piezas, plazos y horas de trabajo.

Ahí, un grupo de estudiantes de ingeniería tiene que conseguir que un coche diseñado por ellos mismos deje de ser un proyecto sobre el papel y se convierta en un monoplaza capaz de superar una inspección, salir a pista y competir.