"Extraordinario es un ser diferente a los demás..." Así comienza una de las canciones más conocidas de Maldita Nerea.
Lo que pocos saben es que esa letra no nació entre las paredes de un estudio de grabación, sino tras varios días de convivencia y esfuerzo montado en bicicleta.
Detrás de aquella historia estaba Miguel Silvestre, que lleva años recorriendo España con su proyecto Kilómetro Cero: rutas en bicicleta en las que personas con y sin discapacidad comparten kilómetros y vivencias.
Miguel Silvestre
El pasado 24 de junio arrancó la primera etapa del desafío Andorra por la inclusión que culminó en Alhama de Aragón. Las 100 plazas para participar en el trayecto se agotaron en menos de una hora y los participantes lo completaron en menos de 100 horas.
El proyecto nació en 2017 con la participación en la Madrid- Lisboa y desde entonces ha ido creciendo en cada edición con retos tan emblemáticos como la Pilgrim Race, la Transpyr, el KM 0 Madrid-Tarifa o el KM0 Madrid-Hondarribia.
Lo que comenzó como un desafío deportivo se ha convertido en un proyecto de inclusión real que visibiliza las capacidades de las personas con discapacidad intelectual y fomenta espacios de convivencia donde desaparecen las etiquetas.
Un poco raro
Este madrileño de 45 años y padre de dos hijos asegura que su vida siempre ha girado alrededor de una bicicleta: "Mis padres vienen de pueblecitos de Toledo y Guadalajara, donde la vida se hacía en bici", recuerda.
Empezó muy pronto a competir desde categorías juveniles junto a la generación de Alberto Contador hasta llegar a la categoría élite. Se retiró oficialmente a los 24 años, aunque después siguió participando en pruebas de ultradistancia por todo el mundo.
Él mismo se define como "un poco raro": mientras competía estudió Derecho y Ciencias Políticas, algo poco habitual entre los ciclistas de aquella época.
Esa forma de entender el deporte y su implicación en proyectos como denomina él "con alguna casuística" acabó llevándolo hasta la Fundación A LA PAR, con quien organiza y colabora en los proyectos de integración.
Participantes de la iniciativa 'Kilómetro 0'
Mongolia, el desierto de Atacama…Después de tantos años viajando, Miguel sintió que había llegado el momento de reunir todo aquello en un solo proyecto: "Kilómetro Cero es un espacio que me inventé, pero que es una evolución mía", explica.
Y durante el COVID tomó forma: no había donde ir, así que "¿por qué no hacerlo por España?" se cuestionó.
Primero fueron seis personas participando en la Madrid-Lisboa. Después llegaron la Pilgrim Race, la Transpyr atravesando los Pirineos y, más tarde, los recorridos de Kilómetro Cero.
Miguel evita utilizar la palabra solidaridad para definir estos proyectos: "Solidarios son ellos, que nos regalan su tiempo y su espacio los días que compartimos en bici".
"No me gusta tildarlos de superhéroes. La verdadera igualdad empieza por no ponerles un cliché por el hecho de tener una discapacidad, son personas con unas circunstancias diferentes y una bondad infinita", los define.
A través de los años, rescata más de una experiencia de estos recorridos: "Cuando convivo unas horas con ellos vuelvo a creer en el ser humano. Me demuestran que no tienen las tres grandes enfermedades de nuestra sociedad: el estrés, las envidias y los complejos".
43 grados
Silvestre recuerda especialmente una anécdota que ocurrió durante una ruta hacia Santiago. Llevaban cerca de 18 horas pedaleando, con temperaturas que rondaban los 43 grados y atravesando un terreno arenoso.
Juan Alberto, uno de los participantes con discapacidad intelectual, apenas tenía experiencia sobre una bicicleta y perdía el equilibrio continuamente: "Estaba convencido de que iba a abandonar", recuerda. Se acercó para preguntarle cómo estaba y recibió un "pues muy contento" como respuesta.
Entonces Juan Alberto añadió: "Así, si algún día hacemos una prueba en el desierto, aquí estoy aprendiendo con la arena". Cuenta Miguel que ahí aprendió a relativizar muchas cosas y entendió que quería pasar más tiempo con ellos.
Aunque cuando terminan los recorridos, la relación entre los participantes no acaba. Siguen hablando por grupos de WhatsApp, vuelven a quedar para montar en bicicleta y se visitan durante el año: "Llega un momento en el que nadie piensa quién tiene discapacidad y quién no, esa es la verdadera inclusión".
Extraordinario
Miguel conocía desde hacía años a Jorge Ruiz, cantante de Maldita Nerea. Un día, el músico le hizo una promesa: "Cuando tengas un proyecto relacionado con la bicicleta que pueda inspirarme para escribir una canción, llámame".
Y la llamada llegó cuando el equipo se preparaba para afrontar la Transpyr, una de las pruebas de mountain bike más duras del mundo : "A Jorge solo le gusta la bici de carretera. Fue como decirle que íbamos a dar un paseo por El Retiro y encontrarse con el infierno", bromea Silvestre.
Llegada a la meta de los participantes
El cantante tuvo que abandonar la prueba en la tercera etapa. Pero antes de marcharse le dijo: "Miguel, en bici no voy a seguir más días, pero has conseguido lo que querías".
Poco después nació Extraordinario, una canción que habla de poner en valor y aprender de la diferencia : "No hay más que sentirse capaz y entender muy bien quien eres siempre…"dice parte de la letra.
Siguiente etapa
Y aunque no se trate de la vuelta a España, Miguel asegura que todavía le queda una siguiente etapa por cumplir: generar empleo: "Unos son carpinteros, otros chapistas, lavan coches, son jardineros, otros son cocineros o camareros", enumera: " Todos viven de un trabajo, no quieren beneficencia".
Su siguiente reto consiste en que la bicicleta también sirva para generar oportunidades laborales. Quiere crear un centro de mountain bike con un servicio de alquiler y un taller de bicicletas gestionado por personas con discapacidad intelectual.
Reconoce que, aunque aún no lo han conseguido, pero "es de las poquitas cosas que todavía no hemos conseguido, pero la conseguiremos", asegura Miguel.
