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Las claves

Aunque millones de lectores la identifican con el universo de Manolito Gafotas, la infancia de Elvira Lindo estuvo muy alejada de la estabilidad.

La autora ha contado en distintas ocasiones que sus primeros años estuvieron condicionados por los continuos cambios de ciudad debido al trabajo de su padre, por la larga enfermedad de su madre y por un ambiente familiar que la obligó a madurar antes de tiempo.

En su libro A corazón abierto, la escritora resume así cómo vivió aquella etapa: "Mi padre era un hombre que lo llenaba todo. Su humor era nuestra tabla de salvación, pero también su mal humor era el clima de la casa. Crecí intentando descifrar su estado de ánimo".

Mudanzas constantes

Nacida en Cádiz a principios de los años 60, Elvira Lindo pasó su infancia entre distintas ciudades españolas siguiendo los destinos laborales de su padre, dedicado a las obras hidráulicas.

Antes de cumplir los 12 años ya había vivido en Cádiz, Málaga, Alicante, Tarragona y, finalmente, Madrid.

Aquella vida itinerante hizo que desarrollara una gran capacidad de observación. "Mi infancia fue una infancia de furgoneta, de ir de un sitio a otro, de no tener raíces en ningún lugar pero tenerlas todas en la familia", recordó la escritora al definir aquellos años.

La enfermedad de su madre

Otro de los episodios que más marcó su niñez fue la enfermedad de su madre, fallecida cuando Elvira tenía solo 16 años. La autora ha explicado que esa situación cambió por completo su forma de ver la vida desde muy pequeña.

"La enfermedad de mi madre hizo que mi infancia se tiñera de una seriedad prematura. Yo era una niña, pero de pronto tuve que entender cosas que no me correspondían por edad", confesó.

La muerte de su madre supuso, según ha reconocido, el final abrupto de su infancia y el comienzo de una madurez temprana que más tarde impregnaría buena parte de sus novelas.

Su obra

Las constantes mudanzas también hicieron que siempre fuera "la nueva" en cada colegio, una experiencia que considera clave para despertar su vocación como escritora.

"Yo era una niña que observaba mucho porque, al cambiar tanto de ciudad, siempre era la extraña. Eso te obliga a fijarte en cómo hablan los otros, en qué códigos utilizan para aceptarte", ha explicado.

Ya instalada en Madrid, primero en Moratalaz y después inspirándose en barrios como Carabanchel, comenzó a absorber el lenguaje popular que años después convertiría en una de las señas de identidad de Manolito Gafotas, el personaje nacido inicialmente en la radio antes de convertirse en uno de los mayores fenómenos de la literatura infantil española.