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Las claves

El 7 de enero de 1984, en el Hospital de Santa Cristina de Madrid, nació Carmen. Pero a su madre le comunicaron una mala noticia: las maniobras de reanimación cardiopulmonar que tuvieron que practicar no habían sido positivas y el bebé no había sobrevivido al parto. Pero no era cierto.

El abuelo biológico de esta madrileña había organizado una adopción por la cantidad de 100.000 pesetas, poco más de 600 euros.

Fue así como Carmen, recién nacida, dejó su Madrid natal y viajó a Granada, lugar donde creció.

Ahora, esta madrileña de nacimiento, de 42 años, con dos hijas y que trabaja como auxiliar de enfermería, relata a Madrid Total su historia y cómo rastreó sus orígenes hasta conocer toda la verdad sobre su vida.

"Me enteré de que era adoptada a los 9 años. Me lo contaron mis padres poco antes de ir a echarme una siesta. También me dijeron que mi hermano también era adoptado", recuerda Carmen.

Desde aquel momento, ese tema pasó a ser "tabú": "No sé si a mis padres les daba miedo o respeto. Es verdad que vivíamos en un pueblo y el 'qué dirán' estaba muy presente".

Pero lo cierto es que, desde que esa información llegó, nunca se fue de la cabeza de Carmen, pero pasaron varios años hasta que comenzara a rastrear sus orígenes.

"Con el paso de los años comencé a preguntarme: ¿cómo me adoptaron? ¿quiénes son mis padres biológicos? Poco a poco la curiosidad comenzó a aumentar", explica.

Con 17 años, fue su pareja quien le animó a buscar respuestas: "Me ayudó mucho. Descubrí que había nacido en el Hospital de Santa Cristina de Madrid y fui a preguntar, pero la experiencia no fue buena y no saqué nada en claro. También fui al registro".

Fue así como Carmen comenzó a colaborar con asociaciones centradas en rastrear los orígenes de bebés robados e incluso hizo un cruce para cotejar el ADN.

Pero la vida de esta madrileña de nacimiento cambió a los 19 años: se quedó embarazada y tuvo una hija, por lo que la investigación se ralentizó.

El abogado Enrique Vila y Carmen. E.E.

"En el año 2011 comenzó a salir en los medios el tema de los bebés robados. Fue entonces cuando me puse en contacto con Enrique Vila, pieza clave en esta historia", explica.

Vila es uno de los abogados que investiga el tema de los bebés robados y es responsable de la asociación SOS Bebés Robados.

Además, y por desgracia, él también había sido un bebé robado. "Tras conocer a Enrique pude conocer a varias personas que estaban en mi misma situación", recuerda Carmen.

Fue así como Enrique Vila localizó a la madre biológica de Carmen, pero le dijo que, por protocolo, "aún no podía decir quién era".

Pero una persona se saltó esas normas y contactó a Carmen por Facebook: "Me llamo Raquel y soy tu hermana biológica, quiero que nos conozcamos".

Hay un mes y un año que Carmen nunca olvidará: abril de 2013. "Con 29 años, llegué a la estación de Méndez Álvaro y allí estaba mi madre biológica, llamada Carmen".

"Fue una sensación bonita. Entré en calma. No me esperaba que mi madre dijera que no quería hablar de mi padre porque les había abandonado", relata.

Por desgracia, la madre de Carmen falleció en el año 2015: "Mi madre biológica era la amante de mi padre y tenía otros ocho hijos".

Y también hubo una sorpresa en esta historia. Cuando Carmen conoció a Raquel, se dio cuenta de algo: había coincidido con su hermana Carmen en un chiringuito de Chiclana donde trabajó de camarera.

De este modo, Carmen logró encajar las piezas de un puzzle largo, extenso y complejo: fue víctima del tráfico de bebés que se hacía de los hospitales hacia afuera y la vendieron por 100.000 pesetas.

Fue su abuelo biológico el que recibió la cantidad y, con toda probabilidad, él repartió el dinero entre las personas que estaban al tanto de la adopción: "Es muy difícil rastrear qué pasó con aquel dinero".

Pero, ¿qué se siente al completar un puzzle como este? "No quiero juzgar a nadie. Solo quiero saber. Por eso quiero que se trate con respeto a mi familia adoptiva. Pero es cierto que tengo mi verdad".

"Para mí la familia biológica es la que me ha dado la vida, pero me ha visto crecer mi familia adoptiva. Cuando mi madre murió para mí fue casi como una ironía: esta mujer me vio nacer y yo la veo morir", relata.

Carmen cuenta que, a sus 42 años, y siendo madre de dos hijas, se encuentra "en calma": "Al final, me paro a pensar y digo: 'Que alegría, tengo ocho hermanos, aunque no me haya criado con ellos' y son ocho personas con las que tengo una bonita amistad".

Así, Carmen Osuna termina su entrevista con EL ESPAÑOL diciendo que sus padres "no tienen apellidos" y, por fortuna, tras saber toda la verdad, está "tranquila".