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Las claves

Las alfombras rojas, los focos y los premios suelen mostrar la parte más estética y glamurosa del trabajo silencioso y muchas veces, de años que hay detrás de cada proyecto consagrado.

El pasado 26 de mayo, los cines Callao celebraron su centenario con una gala en la que reconocieron a figuras del audiovisual español como Alejandro Amenábar, Elena Anaya, Isabel Coixet o José Sacristán.

Entre ellas, estaba el director y productor leonés Néstor López, ganador de tres premios Goya: como director, el de mejor cortometraje documental por “Semillas de Kivu” (2025); y como productor, el de mejor cortometraje documental por “Mamá” (2022) y el de mejor cortometraje de ficción por “La gran obra” (2025).

Gala de los 100 años de los cines Callao Cedida

En conversación con EL ESPAÑOL, cuenta cómo han sido los inicios y nos devuelve su mirada sobre el presente y el futuro del cine.

López recuerda bien los años en los que encadenaba trabajos mientras intentaba abrirse camino en el audiovisual. Desde los 18 años está ligado al mundo de la producción de cine aunque describe, no todo fue un camino de rosas.

"Trabajaba de lo que hiciera falta para pagarme las cosas, para pagarme el alquiler, las facturas. Escribía textos que a veces publicaban y otras no. También trabajé en la construcción durante un verano".

"Eso te da mucha hambre, mucha ambición y muchas ganas de moverte para trabajar en lo que te apasiona". Aunque siempre supo que lo suyo era el cine, admite que tardó tiempo en convencerse de que podía hacerlo.

A los 17 años comenzó la carrera de Química. Llegó a cursar dos años antes de dejarla para centrarse en el audiovisual: "Con 18 o 19 años envío algunos guiones, me cogen para hacer pruebas y poco a poco me voy creyendo, por validación externa y no por mí, que igual puedo intentarlo", recuerda López.

Y reconoce, a la vez, que durante un tiempo encontró más oportunidades como productor que como director. Hasta que él mismo se dio una oportunidad para intentar dirigir: "Muchas veces somos nosotros mismos los que nos autosaboteamos".

Néstor Lopez, en uno de sus rodajes Cedida

Actualmente, en sus charlas en centros como la ECAM, la ESCAC o la Universidad Carlos III, Néstor cuenta a los alumnos una parte de la experiencia del mundo audiovisual muy concreta: "Hablo de cosas que pueden hacer los chavales desde el mismo momento en el que termine la clase".

"Está muy bien que te digan cómo funciona el sistema, pero vas a tardar muchos años en llegar. No vas a tardar uno ni dos; vas a tardar siete, ocho, nueve o diez años en llegar ahí y probablemente cuando llegues ya habrá cambiado". Su cortometraje Semillas de Kivu es fiel reflejo de ese cambio, que fue gestándose a través de los años.

Semillas de Kivu

La República Democrática del Congo ocupa un lugar importante en su trayectoria. Allí ha desarrollado varios proyectos y allí se sitúa también parte de Semillas de Kivu, el cortometraje que ha recorrido festivales y que ha sido proyectado en espacios como Naciones Unidas, el Parlamento Europeo o el Vaticano: "Empecé el proyecto en 2016 y entre que lo levantas, lo financias y la gente confía en ti, no es nada fácil", sostiene el cineasta.

La película aborda la violencia sexual en el conflicto del este del Congo y las consecuencias que deja en las víctimas. También resume su forma de entender el cine.

"Velázquez decía que el arte debe ser pragmático y yo estoy totalmente de acuerdo con esa frase. Para mí el cine debe ser pragmático". López defiende que las historias puedan tener una utilidad más allá de la pantalla.

"No se me ocurre nada más pragmático que intentar hacer una obra que pueda aportar luz o soluciones o que pueda ir de la mano de ciertas problemáticas". Por eso considera importante que Semillas de Kivu haya llegado a instituciones tan relevantes.

Galas & política

La conversación derivó hacia un debate actual, tras cada edición de los Goya o de los grandes festivales debido al peso de los discursos reivindicativos en ceremonias concebidas para reconocer el trabajo de actores, directores y técnicos.

López no comparte la idea de separar ambas esferas: "Todo arte es político", afirma. "El arte es cultura, la cultura pertenece a la sociedad y la sociedad es política".

Néstor López Cedida

Eso sí, defiende que cualquier reivindicación pública esté vinculada al trabajo que la respalda: "Para reivindicar algo tienes que tener conocimiento sobre lo que estás diciendo, si alguien ve mi discurso en los Goya, está relacionado con mi película. Reivindico una cosa relacionada con lo que yo llevo trabajando muchos años", sostiene.

También considera que quienes cuentan con una gran visibilidad pública tienen la oportunidad de llamar la atención sobre asuntos que habitualmente quedan fuera del debate : "Hay gente extremadamente mediática y creo que es importante que se use esa exposición para poner atención sobre ciertas cosas".

Alma y futuro

Inevitablemente, la irrupción de la inteligencia artificial es otra de los temas en los que López pone su mirada: "Ojalá fuera un apoyo, pero creo que va a ser muy difícil, el impacto será profundo y la convivencia con esta tecnología, inevitable".

Sin embargo, rescata lo insustituible, "el Alma de las Cosas", que solo las puede dar un ser humano.

El cine continúa dependiendo de las experiencias, emociones y miradas de quienes lo hacen posible: "Al final la expresión artística en el cine, que somos mucha gente, parte desde un lugar humano".

López, durante un rodaje

Mientras recibe reconocimientos por su trayectoria, López trabaja ya en el proyecto que ocupará los próximos años. Se trata de la adaptación al largometraje de Semillas de Kivu, que se rueda en España, en Bruselas y también en el Congo.

El rodaje comenzará en los próximos meses, aunque ahora mismo el trabajo se concentra en la preparación y la financiación del proyecto.

Después de más de una década en la industria, López disfruta de este momento de alfombra roja, pero no olvida de dónde viene ni todo lo que hubo antes de llegar hasta aquí.