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Las claves

La venta de la sede del British Council en el paseo del General Martínez Campos ha encendido las alarmas entre trabajadores, familias y parte del sector educativo internacional en Madrid.

El emblemático edificio, ubicado en pleno distrito de Chamberí y vinculado a la institución británica desde los años 50, forma parte de un proceso de reorganización patrimonial con el que el organismo busca reforzar su situación económica tras varios años de dificultades financieras.

En los últimos años, el British Council ha cerrado dos centros educativos: la escuela infantil especializada en enseñanza en inglés Infants School El Viso y el Colegio British Council School de Pozuelo de Alarcón al grupo educativo internacional Inspired Education Group.

Aunque desde la institución insisten en el que las actividades educativas y culturales continuarán desarrollándose en España, la coincidencia de ambas operaciones ha aumentado la sensación de incertidumbre dentro de la plantilla.

Los trabajadores del centro madrileño se han concentrado frente al edificio de Martínez Campos para protestar contra una decisión que consideran simbólica y estratégica.

Los representantes sindicales denuncian la falta de información sobre el futuro de las instalaciones y temen que la salida de inmuebles históricos termine reduciendo la presencia institucional del British Council en España.

En el palacete de Chamberí hay cursos de inglés y exámenes oficiales, pero también ha sido durante décadas, uno de los principales símbolos de la presencia cultural británica en Madrid y un punto de encuentro para actividades educativas, culturales y diplomáticas vinculadas al Reino Unido.

Por esto, la venta del edificio tiene un fuerte componente simbólico, más allá del puramente económico e inmobiliario.

La dirección del British Council ha atribuido esta estrategia a la necesidad de mejorar la sostenibilidad financiera de la organización a largo plazo.

Desde la pandemia, la institución arrastra problemas económicos derivados de la paralización temporal de parte de su actividad presencial, especialmente la enseñanza de idiomas y la realización de exámenes oficiales.

El organismo recibió entonces apoyo financiero del Gobierno británico mediante un préstamo millonario que todavía sigue pendiente de amortización.

Dentro de la plantilla existe preocupación por el impacto que pueda tener el traslado a nuevas instalaciones. Los trabajadores temen que abandonar una sede reconocible y consolidada afecte a la fidelidad de alumnos y clientes, especialmente en un sector tan competitivo como el de la enseñanza internacional.

También preocupa la posibilidad de futuros ajustes internos, aunque por el momento la institución no ha comunicado recortes de personal.

La operación despierta además interés en el mercado inmobiliario madrileño. La zona de Martínez Campos, en una de las zonas más cotizadas de Chamberí, concentra algunos de los edificios más valiosos de la capital, tanto para uso residencial como de oficinas premium.

Cualquier movimiento sobre un inmueble tan especial como este, suele atraer la atención de grandes inversores y fondos especializados.

La venta del edificio sigue una tendencia cada vez más habitual entre instituciones internacionales, que tras la pandemia han optado por reducir patrimonio inmobiliario y apostar por modelos más flexibles y menos costosos.

Sin embargo, en el caso del British Council, la decisión tiene una dimensión especialmente sensible por el peso histórico que la organización ha tenido durante décadas en las relaciones culturales y educativas entre España y Reino Unido.

Mientras continúan las protestas de los trabajadores, el futuro del emblemático edificio de Martínez Campos sigue sin calendario definido ni comprador confirmado.