Las claves
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Con tan solo 21 años, Guillermo García tiene más que claro que quiere dedicar su vida a Dios.
Natural de Torremocha del Jarama, este joven católico se prepara desde hace tres años para ello en el Seminario Conciliar de Madrid, junto a otros chicos que también sintieron la llamada.
Ahora ha decidido dar un paso más en ese camino y el próximo miércoles 18 de marzo será admitido oficialmente como candidato a las Órdenes Sagradas.
La ceremonia tendrá lugar a las 19:00 horas en el propio seminario y estará presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.
En ella participarán seis jóvenes que se preparan para ser sacerdotes y que, tras varios años de formación y discernimiento, recibirán el reconocimiento público de la Iglesia a su posible vocación.
Para Guillermo, llegar hasta este momento no ha sido sencillo. El camino previo exige revisar la vida de cada uno, sus motivaciones y la forma en la que cada cual vive su fe.
Él mismo reconoce en la Archidiócesis de Madrid, que ha sido "un proceso bastante complicado, porque es duro profundizar tanto otra vez en mi propia vida, pero a la vez ha sido muy fructífero".
La admisión a Órdenes suele proponerse a los seminaristas en el tercer curso de formación y no es una decisión automática.
Son ellos quienes deben solicitarlo y pasar por un proceso de discernimiento en el que se analizan distintas dimensiones de su vida, desde la espiritual hasta la humana o pastoral.
Seis jóvenes serán admitidos.
En ese camino, Guillermo admite que uno nunca se siente del todo preparado, ya que "la vocación al sacerdocio siempre te viene grande".
Sin embargo, cuando recibió la noticia de que sería admitido, la emoción fue enorme. Y es que para él, esta noticia tiene un significado muy especial dentro de su camino vocacional.
"Me siento más comprometido con la Iglesia", asegura, explicando que este paso "es como una pedida de mano", en la que la Iglesia "te dice que puedes ser sacerdote; eres pobre, pero la Iglesia confía en ti para el ministerio".
No obstante, la fe no ha sido cuestión de moda. La religión siempre ha estado presente en su vida, ya que Guillermo creció en una familia cristiana y desde pequeño vivió de cerca la vida de la Iglesia.
Con 11 años entró como interno en el Colegio Arzobispal de Madrid, vinculado al seminario menor, donde disfrutó toda su vida de la educación católica.
Tal y como recuerda con emoción, uno de los momentos que más le marcó en el camino, fue su confirmación en la parroquia de su pueblo, cuando sintió que algo cambiaba dentro de él.
"El Señor me abrió los ojos y me di cuenta de todo su amor y de todo el bien que había recibido en mi vida", confiesa.
A partir de entonces empezó a plantearse con más claridad su futuro. Inspirado también por la figura de san Juan Pablo II y por el deseo de ayudar a los demás, decidió en segundo de Bachillerato entrar en el seminario.
Ahora, con 21 años, se prepara para dar un nuevo paso en ese camino que, según confiesa, empezó simplemente descubriendo el reflejo del "amor de Dios" en su día a día.
