Las claves
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Generado con IA
Madrid es una tierra admirada en todo el mundo. La capital de España es ejemplo de muchas cosas, no solo de calles repletas de monumentos y de parajes preciosos. También es una ciudad cuyo valor está en sus gentes entre los que se esconden muchos madrileños ilustres. Dramaturgos como Lope de Vega, escritores como Quevedo, reyes como Carlos III, alcaldes como Tierno Galván, actores como Javier Bardem, cantantes como Ana Belén o incluso pensadores como Antonio Escohotado.
Y es que, precisamente, si de algo van sobrados los madrileños, es de filosofía. Pero no solo de filosofía de vida, sino también de filosofía académica, de la que se enseña en las escuelas. Y ahí, pocas figuras han sido más prolíficas que este pensador madrileño que, siempre agarrado a su cigarrillo, consiguió dejar píldoras de sabiduría universal aplicables a cualquier época.
Es difícil saber interpretar la vida si no aplicamos cierta filosofía y para ello qué mejor que leer a genios como Escohotado, un adelantado a su tiempo y quien ya sabía hace unos años cómo calibrar el impacto de una tecnología que hoy en día forma parte de nuestras vidas a cada segundo. Se trata de la Inteligencia Artificial, un universo que genera miedo y sorpresa a partes iguales.
Alrededor de la IA siempre hay un debate abierto. Sobre todo cuando se relaciona con las redes sociales. Hay quienes piensan que puede facilitarnos nuestra vida, pero también hay quien defiende que puede llegar a controlarla. Y sería en ese punto donde su uso se convertiría en un riesgo. La Inteligencia Artificial sirve para automatizar procesos. Por ello, mejora el ritmo de algunas gestiones.
Sin embargo, adaptarse a ella es un proceso complejo que algunos adelantados a su tiempo ya supieron analizar. Es el caso de Escohotado, quien antes de su muerte, ya dejó una completa reflexión sobre el papel del ser humano frente a la IA. A pesar de que en aquel momento era un gran mundo por descubrir, el filósofo madrileño ya sabía cuál era la manera correcta de encarar su aterrizaje.
¿Hay que temer a la Inteligencia Artificial?
Antonio Escohotado iba a la raíz de la cuestión, a la naturaleza de la creación de la IA: "¿Si somos capaces de crear Inteligencia Artificial, también seremos capaces de crear maldad artificial?", se preguntaba sarcásticamente el filósofo en el año 2018 junto a Toni Segarra. A pesar de esa sensación de temor inicial, Escohotado se posicionaba claramente a favor del avance.
"¿Pero qué amenaza va a haber ahí? ¡Qué absurdo! Tenemos cosas que una Inteligencia Artificial, fruto del ingenio y la capacidad técnica, nos podría limar. Por ejemplo, los celos. ¿A quién le sirven los celos y qué cantidad de crímenes y de dolor causan? Si un robotito o lo que fuera pudiese en cada momento convencernos de que ese impulso es un remanente de la época en que no éramos humanos y pudiéramos pasar de los celos…".
De esta manera, Escohotado advierte de cómo podríamos usar este avance para una cuestión positiva de manera global con un ejemplo un tanto exagerado y drástico. Seguramente, imposible de cumplir. Pero es en esos imposibles donde está el principio de hacia dónde se deberían dirigir los pasos.
Escohotado falleció en el año 2021, pero varios años antes ya era capaz de predecir lo que ocurriría solo conociendo la psique humana: "Yo creo que se teme que la inteligencia artificial nos obligue a dar pasos irreversibles en la dirección de más racionalidad, más humanidad y más inteligencia. Y tenemos deseos de seguir siendo igual de brutotes que siempre e igual de arbitrarios. O sea, no enmendarnos, sino consentirnos".
Para él, la clave no está en rechazar los avances, sino en ser capaces de adaptarlos a nuestra vida: "Fundamentalmente consentirnos es la causa central, a mi juicio, de nuestros males y el mal ajeno, que es la indolencia. Es mucho más mal que la ignorancia".
"Yo al principio era socrático, pensaba que el mal final es que las personas no están informadas del bien. Y no. Ahora pienso que las personas se consienten o no, el no ser como si fuera ser". Para Escohotado, la clave no estaba en la IA, sino en el uso que fuéramos a darle. Igual que sucede con las redes sociales, denostadas ahora desde algunos sectores.
