Las claves
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El IES San Mateo llega a 2026 como el instituto público con mejores resultados en la Evau de 2025 en la Comunidad de Madrid, coronando una trayectoria en la que sus medias rozan ya el sobresaliente.
Tras haber alcanzado el 9 de nota media el año pasado, el reto que se marca ahora su equipo es revalidar e incluso mejorar ese listón, demostrando que la excelencia puede ser patrimonio de la educación pública.
El centro cumple 15 años de vida y nació como laboratorio de un proyecto singular impulsado por la entonces consejería de Educación de Esperanza Aguirre: el Bachillerato de Excelencia.
A él llegan alumnos de toda la región con una nota media de 8 en la ESO, dispuestos a someterse a una exigencia académica poco habitual en la enseñanza secundaria.
El destino natural de muchos de sus egresados son las carreras más exigentes del sistema universitario. Matemáticas y Física están entre las opciones favoritas, junto con ingenierías como la Aeronáutica, la Industrial o la Naval; Medicina también figura entre las más demandadas, aunque en menor medida.
"Nosotros aquí les damos las enseñanzas propias del bachillerato de siempre", resume el director, Horacio Silvestre, reivindicando una idea sencilla pero firme: contenido sólido, profesores que dominan su materia y alumnos con ganas de aprender.
La metodología, insiste, no tiene artificios: "Es algo tan sencillo como que el profesor cuenta lo que sabe, los alumnos escuchan y aprenden. Nada más".
Horacio Silvestre, el director del IES San Mateo.
Los docentes del San Mateo se sienten parte de un proyecto que les obliga a saber "lo más posible" de sus asignaturas y a transmitirlo sin rodeos.
Esa combinación de rigor y claridad es, a juicio de Silvestre, la clave de los resultados: en 2013 la media en Selectividad ya fue de 8 y, desde entonces, el centro ha ido escalando hasta el 9 actual.
Solo los años de la pandemia rompieron esa progresión. La alteración del formato de los exámenes y de la enseñanza impactó también en las notas, pero, una vez recuperado el sistema tradicional, el San Mateo ha vuelto a su senda de sobresalientes.
De hecho, Horacio Silvestre niega que haya trucos ocultos: "No hay ningún misterio, por más que los mercaderes de la educación traten de vendértelo". La tecnología está presente en las aulas, pero como un mero instrumento, no como el corazón del proyecto.
Su metáfora favorita para explicar el papel del centro es la de la pesca. "Al final, los profesores les damos a los alumnos las herramientas para que pesquen los peces y ellos los pescan; no les damos los peces directamente", explica.
El esfuerzo, por tanto, no se delega en plataformas ni métodos milagro, sino en la relación directa entre profesor y estudiante.
"Se les explican las materias a la gente que quiere atenderlas, no hay más fórmula que esa. El alumno tiene que querer aprender: si tiene la cabeza cerrada, no hay manera. Nosotros queremos enseñar y ellos quieren aprender".
Esa filosofía también se dirige a las familias, a las que Silvestre lanza un mensaje muy claro: "Este es uno de los sitios donde se usa el dinero público y el dinero tiene rendimiento".
Horacio Silvestre, el director del IES San Mateo.
El San Mateo, asegura, ha cumplido los objetivos con los que se puso en marcha: demostrar que un instituto público, con selección exigente y trabajo constante, puede situarse en la élite académica.
El camino, insiste, no ha sido sencillo; al principio hubo dudas e incertidumbres sobre el futuro del proyecto, pero "el trabajo abnegado vence todas las dificultades".
El clima interno del centro se apoya mucho en la cercanía. "Una buena comunicación y conexión entre alumnos y profes" es, para su director, tan importante como las horas de estudio.
Esa confianza facilita que el alumnado asuma la presión de un bachillerato muy exigente y, al mismo tiempo, se sienta acompañado en el tránsito hacia la universidad.
Los profesores, por su parte, comparten la sensación de estar construyendo una experiencia educativa casi artesanal en medio de un sistema marcado por la burocracia y la innovación constante.
Hoy, el IES San Mateo cuenta con tres grupos de Ciencias y uno de Letras, todos de Bachillerato de Excelencia, y mantiene estable una matrícula de entre 220 y 230 alumnos cada curso.
En sus pasillos se repite un patrón: estudiantes con expedientes brillantes, muy motivados y con objetivos universitarios precisos.
No es un centro masificado, sino una comunidad pequeña y muy seleccionada, lo que permite un seguimiento individualizado y un trato directo que refuerza el compromiso mutuo.
La fachada del IES San Mateo.
Horacio Silvestre lo cuenta sin grandilocuencias, casi como una consecuencia lógica de la vida cotidiana del instituto: muchas horas de estudio, explicaciones claras y el convencimiento de que, si el alumno quiere, el San Mateo le da las herramientas para llegar tan lejos como se proponga.
Ahora, el objetivo es mantener el listón y seguir demostrando que la excelencia, en el corazón de Madrid, puede escribirse en letras públicas.
