Las claves
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El Bachillerato Internacional (BI) es una opción minoritaria dentro del sistema educativo madrileño, pero cada vez más valorada por su enfoque práctico, su exigencia académica y su reconocimiento internacional.
En Madrid solo unos pocos miles de alumnos cursan este programa cada año. Laura es una de ellas. Antigua alumna del Colegio Internacional Eurocolegio Casvi, en Villaviciosa de Odón, se graduó en 2020 y hoy trabaja como investigadora en un proyecto de criptografía postcuántica mientras cursa un máster en Matemática Aplicada y Computación.
Laura recuerda en conversación telefónica con Madrid Total su paso por el Bachillerato Internacional como una etapa "dura, pero muy satisfactoria".
Ella eligió este programa por su forma de enseñar, muy alejada del aprendizaje memorístico. "No me gusta memorizar contenidos como en el sistema nacional, eso siempre lo he llevado mal. Creo que a los pocos días se te olvida", explica.
Frente a ello, destaca que el BI es "mucho más práctico e interactivo", algo que pudo comprobar especialmente en las asignaturas científicas. "Por ejemplo, muchos amigos que estudiaban el bachillerato nacional alucinaban con que tuviéramos varias horas de laboratorio a la semana", apunta.
El Bachillerato Internacional es un programa de dos años para alumnos de entre 16 y 19 años, equivalente al bachillerato español y homologado para el acceso a la universidad en España.
Los estudiantes cursan seis asignaturas de distintas áreas y deben completar un núcleo obligatorio que incluye Teoría del Conocimiento, el programa de Creatividad, Actividad y Servicio (CAS) y una monografía de investigación.
Precisamente esta última fue una de las experiencias más importantes para Laura. "Es un trabajo de 4.000 palabras en el que eliges el tema. Ahí aprendí muchísimo", señala.
Su monografía estuvo centrada en un problema real: la posibilidad de sustituir medicamentos de hierro por una alimentación rica en este mineral en mujeres con anemia que no tienen acceso a determinados fármacos.
"Medí el hierro de los medicamentos y de los alimentos para compararlos. Es algo con aplicación real. Para mí es el culmen del Bachillerato Internacional: poner en práctica los conocimientos teóricos que has adquirido", afirma.
Esa orientación práctica marcó también su elección universitaria. Laura estudió el grado de Matemática Aplicada y Computación en la Universidad Carlos III, donde se graduó en 2024.
"Nunca me ha gustado estudiar por estudiar. Me decanté por las matemáticas aplicadas porque me gusta ver la aplicación a las cosas", explica.
Considera que el BI le aportó una ventaja clara al llegar a la universidad: "Los que lo hemos cursado tenemos mucha capacidad para hacer prácticas y redactar informes. Ahora tengo mejor capacidad de investigación".
Actualmente, Laura compagina sus estudios de máster con un trabajo como investigadora en una empresa dentro de un proyecto de criptografía postcuántica, un campo que siempre le ha interesado.
"Nuestro objetivo es desarrollar software y hardware criptográfico que se pueda aplicar a cualquier sistema, incluso a sistemas con pocas capacidades", detalla.
La criptografía postcuántica busca crear sistemas seguros frente a posibles ataques de ordenadores cuánticos utilizando tecnología clásica.
De su promoción en Casvi, aproximadamente un tercio de los alumnos cursó el Bachillerato Internacional y solo una o dos personas abandonaron el programa.
Además, muchos de ellos continuaron su formación fuera de España. "De los casi 30 que éramos, 11 o 12 se han ido al extranjero. El BI te abre muchas puertas", asegura Laura.
A quienes se estén planteando cursar el Bachillerato Internacional, les lanza un mensaje claro: "Depende del perfil de la persona. Alguien dispuesto a trabajar, a ser organizado y a aprender, el Bachillerato Internacional es para él o para ella". También advierte de la exigencia del programa: "Tienes que tener la madurez de llevar tú las riendas, no hay un profesor detrás constantemente. Si lo haces, es una experiencia muy enriquecedora".
