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Las claves

Una casa de postas es, por definición, un establecimiento en el que antiguamente se realizaban la toma y cambio de caballerías y asignación de postillones para los correos, viajeros y ganado. Es, probablemente, un edificio que la mayoría de personas no haya visto nunca. Eso le sucedía a Heder y a Andrea. Sin embargo, ahora es su nuevo hogar y engrosan la lista de personas que han huido de Madrid.

Cada vez son más las personas que hacen las maletas para marcharse de la capital en busca de un nuevo futuro. Quizás no mejor, tampoco peor, simplemente diferente, ateniendo a diversos motivos. Algunos se marchan de Madrid por la imposibilidad de sostener un nivel de vida con unos precios tan elevados. Y otros, simplemente agobiados por el estrés que genera una ciudad que no se detiene ni un segundo.

Este fue el caso de esta pareja de inmigrantes. Él ecuatoriano, ella colombiana, pero ambos residentes en Madrid durante muchos años. Los suficientes como para darse cuenta de que no era lo que querían ni para su presente ni para su futuro. Por eso, decidieron ponerse a buscar una nueva vida, algo a poder ser alternativo y que nada tuviera que ver con la capital.

Y así fue como descubrieron Cornellana, un pequeño pueblo de poco más de 700 habitantes situado en Asturias, en el valle de la confluencia de los ríos Narcea y Nonaya. Un descubrimiento que fue de casualidad, ya que su búsqueda original era el pintoresco municipio de Cudillero.

Heder y Andrea salieron de Madrid buscando la tranquilidad y la paz de Asturias y llegaron hasta este pueblo para visitar una casa que no les convenció al no estar como en las fotos, tal y como explican en declaraciones recogidas por El Periódico. Sin embargo, en su camino de vuelta se toparon con la casa de postas de Cornellana y se enamoraron de ella.

De Madrid a una casa de postas

En su regreso hacia a Madrid, Heder y Andrea se encontraron con Cornellana. Y allí, con su particular casa de postas, un edificio de 1835 que desde hace años buscaba propietario. Andrea le dijo a Heder de parar puesto que había dado con la que sería la casa de sus sueños. O al menos, la casa que intentará convertir en eso.

Y es que ambos se decidieron a comprarla y juntos están llevando a cabo la reforma, un proceso que esperan que dure "menos de 3 meses". La mayor parte de sus trabajos se centran en el tejado, la zona que en peor estado se encuentra. En cambio, lo que más gustó a Andrea fue la fachada. Por ahí se empezó a enamorar de la que será su nueva casa.

"Cuando vi la casa, no sabía que el techo estaba tan mal, pero me enamoré de las columnas y de la fachada. Me atrajo mucho su estilo". Por ello, no lo dudó y animó a su pareja a comprarla para acometer ellos mismos, trabajadores del sector, la reforma. El objetivo estaba cumplido, que era buscar la "tranquilidad" de la que no gozan en Madrid.

"Nos decidimos a venir a Cornellana porque es un pueblo muy tranquilo y el entorno es precioso". Ahora, esperan poder mudarse pronto para hacer efectiva su huida de Madrid. "Llamé por teléfono y la compré sin dudarlo". Era la oportunidad perfecta para huir del estrés que les generaba Madrid.

El objetivo es cambiar su modo de vida, huyendo de las aglomeraciones, del ritmo frenético y de que la rutina se convierta en una pérdida de tiempo constante, sobre todo en desplazamientos. Ahora están inmersos en esa rehabilitación cuyos permisos se han demorado más de la cuenta.

Además, siguen teniendo que volver a Madrid por motivos de trabajo, pero el objetivo es ir cerrando todos sus proyectos para poder terminar su mudanza cuanto antes. "Tenemos una agenda de trabajo, pero por ahora no queremos coger nada más.Lo primero que queremos es terminar las obras para poder instalarnos y no tener que gastar más en alquiler".

Viaje que no será sencillo ni pequeño, ya que a Cornellana llegarán con la madre de Heder y con dos de los tres hijos de Andrea, de 13 y 9 años. "Aquí no hay tanta contaminación como en Madrid. Allí todo son coches y lo que queremos es que los niños crezcan en un ambiente tranquilo y sano, donde puedan jugar libremente y, además, montar una huerta y un corral con gallinitas, que teníamos planeado ya".

Toda la familia está encantada, aunque saben que el salto no será fácil. Eso sí, tienen mucho por delante que ganar. "El tiempo, el entorno, la cercanía de las playas... Nos gusta mucho".