Las claves
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Madrid todavía sigue sacudiéndose las secuelas del feroz paso de la borrasca Kristin. La nevada que cayó el pasado miércoles generó por momentos un caos considerable en la capital de España. Colapsó el tránsito en vías tan importantes como la A-6 y puso al límite la eficacia de servicios como el de los autobuses de la EMT, los cuales registraron incidencias en 30 de sus líneas.
Aunque no es del todo raro que caiga una nevada así en Madrid, lo cierto es que tampoco es lo más habitual. Y, sobre todo, que la ciudad no está del todo preparada para esos momentos de tensión, porque en cuanto se desatan algunas precipitaciones, las prisas, la impaciencia y la falta de calma hacen acto de presencia.
Los efectos de esta borrasca no se reducen solo a esa espectacular nevada, sino que han proseguido con las intensas lluvias que han caído desde entonces, una situación que, por otro lado, se viene repitiendo desde hace unos meses. Y es que el invierno, al contrario de como pronosticaban los expertos, está siendo pasado por agua tanto en Madrid como en el resto de España.
La Agencia Estatal de Meteorología aseguró que este sería un invierno seco y cálido. Al menos, más de lo que estamos acostumbrados en los últimos años. Sin embargo, existe una distopía que nos está afectando. Cualquier día frío nos parece el fin del mundo, algo incluso fuera de lo común a pesar de estar en invierno. No obstante, la explicación es que la serie histórica de los últimos años es la que va por libre.
Esto quiere decir que los inviernos están siendo mucho más cálidos de lo normal. Por ello, los días que llegan como excepciones no son demasiado fríos, sino que se acercan a la media de lo que había en otras décadas. Al menos, lo que no se puede decir es que estas semanas estén siendo carentes de frío y lluvia, sobre todo en Madrid. Por ello, conviene más que nunca sacar a relucir este refrán: "Madrid, nueve meses de invierno y tres de infierno".
¿Qué quiere decir este refrán madrileño?
Pocos refranes hay más madrileños que este tradicional dicho. Aunque eso sí, algunas regiones de España lo han hecho suyo y lo han adaptado. Su origen se remonta al Siglo de Oro, época de la que hay registros que demuestran que ya se usaba. Y como no podía ser de otra forma, resume a la perfección la climatología que suele haber en la capital y que tanto se está acentuando este invierno.
Mientras que el clima de España se define como un mediterráneo continentalizado, la zona centro de la península, alejada de la influencia del mar, se convierte en la expresión perfecta de esos climas continentales que se caracterizan por tocar los dos extremos. Del frío gélido en invierno al calor sofocante del verano. Y Madrid es uno de los mayores ejemplos de ello.
Madrid es, por antonomasia, la ciudad sin otoño ni primavera. Y es que pasa de un lado a otro del termómetro sin transición ni previo aviso. De las máximas superando los 40 grados a las mínimas muy por debajo de 0. Por ello, este refrán busca definir con la sabiduría popular lo que los datos evidencian, que en Madrid unos meses están marcados por el frío y otros por el calor.
Los inviernos en Madrid suelen ser bastante prolongados. Y es que podemos encontrarnos con frío desde octubre hasta mayo. No es extraño que tanto en el Pilar, (12 de octubre) como en San Isidro (15 de mayo), nos encontremos con días marcados por las lluvias y por las temperaturas bajas.
Sin embargo, los meses al margen de estos, están marcados por un calor asfixiante. No es que en Madrid se alcancen las temperaturas más altas de España, pero solo un madrileño sabe el calor que hace en la capital desde junio hasta septiembre. Por ello, este refrán consigue explicar incluso mejor que los especialistas lo que pasa en la ciudad.
De hecho, una de las predicciones más curiosas y virales de la Agencia Estatal de Meteorología es la que se produjo solo unas horas antes de la llegada de las nevadas provocadas por Kristin, asegurando que sería el tercer invierno sin una sola ola de frío, cuando ha habido periodos prolongados, continuados e ininterrumpidos de varios días muy por debajo de 0 grados en toda España.
Como decíamos, este refrán no solo se aplica en Madrid a pesar de ser su punto de origen, ya que también se utiliza en zonas con climas similares como Burgos. Y para buscar su origen hay que retroceder hasta los siglos XVII y XVIII, periodo que fue conocido como la Pequeña Edad de Hielo.
Durante este periodo, los inviernos en Madrid contaban con nevadas mucho más frecuentes, las heladas se prolongaban hasta bien entrada la primavera y las temperaturas bajo cero eran mucho más agresivas y prolongadas. Fue ahí donde se empezó a generalizar esta exageración literaria del clima madrileño.
