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Pedro Valle apenas lleva unos meses como guardia civil, desde que salió de la academia en julio del año pasado. “Llegué destinado a Manzanares del Real tras seis años en el Ejército (en infantería mecanizada)”, cuenta a EL ESPAÑOL. Y se puede decir que ha llegado y ha besado el santo. Sólo así se explica que el pasado lunes, durante una jornada rutinaria, salvara a un hombre de morir tras realizarle una RCP (Reanimación Cardiopulmonar).



“Estábamos de servicio por la mañana cuando nos entró un aviso de que una persona se encontraba inconsciente”, comienza Pedro Valle a contar lo ocurrido a este periódico. ¿La dirección? Manzanares el Real.

Allí acudió Pedro Valle junto a otro compañero para ver qué pasaba. “Al ser un aviso de que no respiraba, me tiré del coche, fui para dentro y me encontré a una farmacéutica que creía que estaba muerto. Le tomamos el pulso y le hice la RCP”, cuenta. “Mi compañero mientras llamó a los servicios sanitarios y despejó la zona”.

Desde entonces, 18 minutos en los que Pedro Valle consiguió salvarle la vida al hombre. “Empecé a ver que movía unos dedos y los ojos, y además vi que podía aguantar un poco la respiración, aunque fuera de forma bastante agónica. Entonces lo puse en posición lateral de seguridad —para que no se ahogara— y cuando se lo pudieron llevar los servicios sanitarios el hombre se pudo ir hablando en la ambulancia”.

Al parecer, el hombre habría sufrido un ataque epiléptico mientras trabajaba, se enteró más tarde Pedro Valle.

Otros casos

No es la primera vez que ocurre algo parecido. El pasado 8 de diciembre del pasado año, en vísperas de Navidad, el subinspector de la comisaría Central de Seguridad de la Policía Municipal de Madrid, Francisco Rodríguez Losada, hizo lo propio salvando la vida a una niña de dos años.

Entonces, el agente le salvó la vida a la menor con la maniobra de Heimlich, una técnica de primeros auxilios vital para salvar a alguien que sufre un atragantamiento. Yo me encontraba en un dispositivo de la Unidad Central de Seguridad de la Puerta del Sol cuando, a las 19:10, vino una mujer en un alto estado de nervios con una niña que estaba convulsionando”, contó entonces a este periódico el subinspector.

El Subinspector Francisco Rodríguez Losada de la Policía Municipal de Madrid. Policía Municipal de Madrid

La pequeña tenía “los brazos caídos y los ojos cerrados” y había “perdido los estímulos”, quedando en un estado de semiinconsciencia por la falta de oxígeno.

La niña se había atragantado y Francisco, tras comprobar las vías respiratorias, llegó a la conclusión de que lo que estaba provocando la obstrucción estaba en una zona que no era visible. Y entonces optó por realizar la maniobra de Heimlich.

Al final, consiguió salvar a la niña y, en su caso, protagonizó un cuento de Navidad que los padres de la menor recordarán durante toda la vida como el día que su hija volvió a nacer por segunda vez.