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El acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) se ha cerrado con el objetivo de facilitar el intercambio de productos agrícolas, ganaderos e industriales entre ambos bloques.

Sin embargo, el pacto ha generado un profundo rechazo entre los ganaderos y agricultores de la Comunidad de Madrid, y de España, que advierten que la entrada de productos procedentes de terceros países, con menores exigencias normativas y costes de producción más bajos, pone en riesgo la viabilidad del sector primario europeo.

En esta línea, desde la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) Madrid denuncian que el acuerdo no garantiza una competencia justa ni la reciprocidad normativa, y temen que la agricultura vuelva a ser la "moneda de cambio" en las negociaciones comerciales internacionales.

Rafael Fructuoso, agricultor del madrileño municipio de Estremera, miembro de la citada asociación y dedicado al cultivo de cereal de secano y regadío, olivar y huerto de forma profesional desde el 2008, considera que la Unión Europea debería "proteger el sector primario como un ámbito estratégico".

"No estoy en contra de los acuerdos comerciales, pero considero que no podemos depender de la alimentación de terceros países; especialmente si pasa algo en el futuro, debemos tener un sector primario propio que no esté debilitado", señala.

El agricultor alerta de que los costes de producción se encuentran "en máximos históricos", especialmente en lo relativo a "la mano de obra", mientras que en países de América Latina "no tienen las mismas condiciones" ni las mismas exigencias medioambientales o sanitarias.

En su opinión, la entrada de productos más baratos, como maíz, arroz o soja, dejará "vendidos" a los cerealistas madrileños, que además apuestan por modelos de producción sin transgénicos, a diferencia de muchos países del Mercosur.

De hecho, este agricultor afirma que, en el caso del cereal de secano, la rentabilidad es "muy ajustada": "Depende del año, y llevamos dos buenos con 5 toneladas de producción, pero cuando esa cifra es de 2 toneladas y media o 3, no hay casi ningún beneficio teniendo en cuenta todos nuestros costes". 

Por eso, y por desgracia, cuenta que "si hay un año malo" y con "los costes en máximos históricos" los agricultores pierden dinero. Una situación que se ve agravada ahora con la llegada del acuerdo con Mercosur.

"Al final, los perjudicados del acuerdo somos nosotros y también los consumidores", afirma, al tiempo que reclama que el acuerdo pase por el Parlamento Europeo con exigencias claras para evitar la entrada de productos que no cumplan los estándares europeos.

Por su parte, desde Asaja Madrid, su presidente Francisco José García subraya que "no se puede aprobar ningún acuerdo comercial si éste no garantiza una competencia justa, una reciprocidad normativa y una protección real del sector agrario europeo", condiciones que, a su juicio, el pacto con Mercosur no cumple.

La organización agraria lamenta el "doble rasero" de la Unión Europea, que impone una creciente carga normativa a los productores comunitarios mientras muestra una "laxitud absoluta" con terceros países.

Asaja Madrid advierte que el acuerdo afectará gravemente a la autonomía y viabilidad del sistema productivo, con especial incidencia en sectores como el vacuno en la Comunidad de Madrid, y alerta de que la liberalización comercial vuelve a cargar sus costes sobre el campo europeo.

Libre comercio

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur es un tratado de libre comercio negociado durante más de dos décadas y que busca crear una de las mayores áreas comerciales del mundo, con más de 700 millones de consumidores.

El pacto contempla la eliminación progresiva de aranceles para una amplia gama de productos industriales, agrícolas y ganaderos, lo que facilitaría el acceso de las exportaciones europeas a los mercados sudamericanos y viceversa.

En el ámbito agroalimentario, el acuerdo prevé un aumento de las cuotas de importación de productos como carne de vacuno, aves de corral, azúcar, arroz, maíz, soja o etanol procedentes de los países del Mercosur, algunos de ellos considerados sensibles para el sector primario europeo.

A cambio, la Unión Europea mejoraría el acceso de sus productos industriales y de valor añadido, como automóviles, maquinaria o productos farmacéuticos, a estos mercados.

El tratado todavía debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y por los Estados miembros, un proceso que puede prolongarse en el tiempo y que está generando un intenso debate político y social.