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LO ESENCIAL
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Melody (Dos Hermanas, Sevilla, 1990), la primera vez que llegó a Madrid, se hizo una foto en Atocha y, después, se fue a ver a El Fary, su “descubridor”. De eso hace más de 25 años. Ella era una niña, todavía no había bailado con los gorilas ni cantado De pata negra. Sin embargo, en aquel viaje, comenzó a fraguarse una carrera musical que la mantiene en activo y, quizá, en uno de sus mejores momentos.

A Madrid, esta vez, llega con una maleta grande y para hacer promoción tras ‘partir la pana’ —que nos perdonen los Estopa— este verano. Con Ilarié —la mítica canción infantil de Xuxa en su repertorio—, nuevo single a la vista el próximo viernes y un disco cociéndose a fuego lento. Pero, mientras, estrena su nuevo show, ‘El bosque encantado’, y presenta su gira, que pasará por Las Ventas el próximo 8 de noviembre.

“Lo que quiero es que la gente desconecte de su día a día, de la vorágine que llevamos. Que conecten un poco más con su lado más mágico”, cuenta Melody durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Está feliz, algo cansada —la maternidad, ya saben, es tan bonita como intensa—, pero con muchas ganas. Con ilusión y pocos reproches que hacerse a sí misma. Tras dos décadas en la música, puede cantar victoria: "Lo difícil es mantenerse".

P.—Voy a empezar por su último lanzamiento: Ilarié, la canción de Xuxa. ¿Cómo surge?

R.—No es un tema que vaya a ir dentro del disco. Sacamos la canción en verano por hacer un recordatorio de algo que a mí personalmente me recuerda a un momento muy bonito de mi vida. Es muy alegre, se puede bailar y tengo que decir que es uno de los momentazos del concierto. Funciona muy bien.

P.—Supongo que se la ha puesto a su hijo.

R.—Está empezando a canturrear y es maravilloso. Pero ahora estoy terminando mi disco y a él le gusta escucharlo. Él está en ese momento en el que evoluciona de forma muy rápida y le gusta la música.

P.—¿Cómo le ha cambiado la vida ser madre?

R.—Mucho. ¿Tú eres padre?

P.—Sí, dos años tiene, como el suyo.

R.—Pues habrás visto que te cambia por completo.

Melody. Cedida

P.—Pero supongo que más aún en su sector.

R.—Es más complicado. Pero bueno, es lo que ha pasado toda la vida de Dios, ¿no? Todos los artistas han tenido sus hijos y tienen que compaginar su profesión con la crianza. Pero sí, claro que te cambia mucho. Sobre todo, porque nadie te enseña lo que supone todo ese cambio de emociones... Llega una personita a tu vida que es parte de ti, y tus sentimientos se desbordan de una manera increíble. Sientes un amor infinito. Y claro, tienes que cuidar del niño y que esté bien. Eso te hace vulnerable porque, claro, tienes tanto amor que quieres hacerlo todo lo mejor posible; quieres hacerlo perfecto. Y nadie tiene la varita mágica.

P.—¿Qué pensó la primera vez que lo vio?

R.—Mi niño es mi vida entera, lo adoro. Lo tienes dentro muchos meses y vas despertando poco a poco. Y mira que te pasas mucho tiempo planificándolo, preparándolo todo... Pero es como un sueño. No te lo crees. Y me dirán: “¡Anda ya!”. Pero es así. Poco a poco te lo vas creyendo. Dices: ‘Esto es lo que yo estaba esperando; es lo que estábamos esperando’. Te vas concienciando poco a poco. Es impresionante el poder de la naturaleza, de la vida, de la creación. Es muy muy bonito.

P.—Y muy duro.

R.—¡Hombre! Se romantiza mucho, pero también es muy duro.

P.—¿Le duerme bien?

R.—Duerme, pero en cuanto empieza a resfriarse un poco... La que no duermo soy yo (risas). Menos mal que hay corrector y este tipo de cosas para disimular las ojeras y esas noches... Pero bueno, el niño se porta bien.

P.—¿Con quién lo deja cuando le toca hacer promoción y conciertos?

R.—Con los abuelos y con su papá, y yo me vuelvo lo antes posible. Ya no estoy para decir: ‘Me voy a quedar la tarde por aquí’. No, termino y vuelvo volando.

P.—Como a los padres nos encanta hablar de nuestros hijos. Hábleme de Cairo.

R.—Pues mira, mi niño me gusta mucho. Es muy feliz, muy risueño, muy activo... Lo quiere saber todo. Está en ese momento en el que quiere investigar, quiere ver. Es muy muy muy simpático, muy risueño, muy cariñoso. Llega y te agarra la manita y te dice: ‘¡Hola, hola, hola!’. Es muy lindo.

Melody. Cedida

P.—¿Cómo de difícil fue la decisión de ser madre para usted?

R.—El ser humano busca siempre el momento perfecto para todo, pero el momento perfecto no existe. Luego te das cuenta de que las cosas suceden cuando tienen que suceder. Ahora todo va muy deprisa, nos pasamos la vida corriendo y tener un hijo... Pero bueno, todo es reorganizarse. Y, por supuesto, decir que no a cosas que realmente no tienen tanta relevancia ni tanta importancia como lo que estás viviendo, que es muchísimo más importante.

P.—¿A qué cosas ha tenido que decir que no?

R.—A muchos proyectos.

P.—¿Ha dicho que no por la maternidad?

R.—No, lo he dicho porque lo necesito también como persona. No se puede ir a mil por hora todo el tiempo. Y también dices que no porque quieres seguir disfrutando de tu trabajo, y para que así sea no puedes hacerlo todo de forma frenética y rápida, es inconcebible. Lo que pasa es que nos estamos apurando más de la cuenta. Pero, claro, llega un momento en el que también tu cuerpo dice: “¡Basta ya”.

Hay que escucharse y adelantarse o anticiparse un poquito a eso. Decir: ‘Quiero vivir, quiero trabajar, pero de una forma un poquito más calmada para poder disfrutar’. Eso es importante. Para dar lo mejor de ti también hay que pararse un poco.

P.—Para gestionar todo eso de lo que habla, ¿ha pedido ayuda a alguien: psicólogos, amigos...?

R.—Sí. Mismamente a la gente que quieres. Aparte de que tú eres a veces tu mejor y tu peor amigo. A veces tú sabes cómo te sientes. Lo que pasa es que no queremos ver la realidad. Pero tú sabes perfectamente en todo momento si tienes que tirar por un lado, parar un poco...

P.—¿Cuál ha sido su peor momento?

R.—El estrés. No es positivo estar sometido a demasiado estrés. El cuerpo tiene memoria y cuando acumulas mucho estrés, cuando estás muy relajado te viene todo el estrés que has acumulado. Y eso no es positivo. La vida pasa muy rápido y hay que saborear cada momento. Por eso yo cada vez más estoy en otro modo. El de querer disfrutar y darme cuenta de qué es lo que estoy viviendo y qué es lo que ahora estoy sintiendo. La vida pasa y no te das cuenta.

P.—¿Con los años se va pareciendo uno irremediablemente a sus padres? ¿Qué tiene de ellos?

R.—Creo que me parezco en la atención. Mis padres siempre han estado muy pendientes de todo, y yo soy una madre a la que le gusta estar pendiente de cómo está mi niño.

Ahora mismo es así porque es muy pequeño, pero me veo venir en el futuro. Me gusta estar pendiente de todas sus cosas, de los detallitos, de qué le gusta...

Melody. Cedida

P.—¿Cuál es la mejor lección que le han enseñado sus padres y que le gustaría transmitirle a su hijo?

R.—Los valores. Hay que ser noble y humilde; hay que respetar y ser educado. Me gusta la educación que me han dado mis padres. Hay que valorar a las personas independientemente de a qué se dediquen y hay que valorar lo que hacen por ti y darles su sitio. Hay que ser amable y educado con todo el mundo.

P.—Hablaba antes de que no se eligen los momentos, pero la maternidad le ha llegado en una etapa muy buena en lo musical.

R.—Sí, estoy muy contenta y muy feliz. Estoy viviendo la maternidad de una forma muy normal y muy natural. Y estoy aprendiendo de todo sobre la marcha, de mí misma también. Es un reto. Pero poco a poco se va superando y aprendiendo a sobrellevarlo. Estoy muy contenta y creo que estoy en un momento muy dulce. Obviamente, también hay nervios, tensión, miedo... Pero no cambio a mi niño por nada.

P.—¿Cuál es su mayor miedo?

R.—Mi mayor miedo es... Bueno, yo lo que quiero es que tengamos todos mucha salud y que podamos seguir viviendo la vida de una manera sana, bonita, en la que podamos valorar cada momento. Eso es lo que quiero. Mi mayor miedo es no tenerlo. Así que espero que lo podamos tener por mucho tiempo.

P.—¿Es muy estricta como madre? Quiero decir, es de las que no le pone el móvil a su hijo, no le deja comer dulce ni sal...

R.—A medias. Es un poco raro hablar de uno mismo. Quien realmente lo sabe es quien está a tu lado. Pero, por supuesto, la alimentación es muy importante: cuidarse y comer sanito. Eso me gusta mucho. Pero respeto que cada uno tiene que llevar su vida como lo crea mejor. Cada uno lo hace lo mejor que puede.

P.—¿En algún momento de todos estos años ha pensado en que podría haberse quedado fuera del mundo de la música?

R.—Creo que es parte de la vida. Nunca vas a estar en la misma situación. Pero todo pasa por algo. Yo no me puedo quejar. Son 25 años de muchas canciones, de muchos discos, de muchas giras y estoy muy contenta. Obviamente, todo cuesta mucho esfuerzo, mucha dedicación, mucho sacrificio, mucho trabajo, pero estoy feliz porque es muy complicado mantenerse.

P.—¿La redescubrió de nuevo mucha gente en el Benidorm Fest?

R.—No, yo creo que no. El Benidorm Fest ha sido una etapa más que ya forma parte de nuestras vidas. Creo que se va a quedar para siempre. Pero yo ya venía de hacer muchas cosas los últimos años. ‘Mujer loba’, ‘Bandido’ o ‘Sin ley' son canciones que la gente canta mucho en los conciertos. No es que haya estado desaparecida y haya aparecido. Ha sido una continuación de lo que yo venía haciendo.

P.—¿Es más insana la industria musical ahora que cuando empezó?

R.—Empecé con casetes. Pero yo creo que todo tiene su lado positivo y no tan positivo. Sí es cierto que ahora es todo más efímero, y yo echo de menos de antes cuando te daba tiempo a tener vivencias con una canción. Antes te planificabas para ir a por el disco. Tenías que coger el Metro, el autobús o lo que sea para comprarlo. Y leías las letras, y le dabas mucha importancia a eso. Ahora todo es mucho más rápido, lo tenemos todo en el teléfono y damos todo por sentado.

Melody. Cedida

P.—¿Es más exigente? Quiero decir: uno tiene que cantar, pero también cuidar las redes sociales...

R.—Me adapto a las redes, pero no me vuelven loca. Yo no vivo de lo que publico en las redes, sino de la música. Y entiendo que la red social es una plataforma muy importante para poder mostrar tus proyectos o tu forma de ver la vida. Pero yo sí que echo cosas de menos de antes. Va todo tan rápido que a veces no sabemos ni dónde estamos.

P.—Ya la última. ¿Cómo le gustaría que la viera su hijo en 30 años?

R.—Quiero que se sienta orgulloso de mí, que me quiera mucho igual que yo a él, y que cuando me vea pues pueda apreciar todo el sacrificio que hacemos todos para sacar adelante nuestros proyectos, para superarnos...

Me gustaría que viese eso. Si tú ves sacrificio, evolucionas y te sabe aún mejor. Así se pondrá en mi piel y dirá, pues yo también me estoy sacrificando. Y cuando tenga su familia o lo que él decida, verá las cosas desde otro punto de vista. Pero tener eso hace tener un plano muy diferente del mundo: no dar todo por sentado.