Carmen Ferre (Mairena del Aljarafe, Sevilla, 2006) apenas tenía 10 años la primera vez que cogió un tren con destino Madrid. Rubita, bajita y con esos ojos azules que son un fogonazo de optimismo e ilusión, se montó en un taxi al llegar y la tomaron por sueca. “Mis padres son como yo. Así que cuando llegamos a Atocha, cogimos un taxi y nos empezaron a hablar en inglés. Nos hartamos a reír”, confiesa en esta entrevista con EL ESPAÑOL.
A Madrid llegó para participar en 'La Voz Kids', uno de los tantos programas que la han acogido durante estas dos décadas. Vanessa Martín, entonces, le hizo de guía. La acogió en su equipo, la mimó, la cuidó y le marcó el camino. Después vino 'Got Talent' y todo lo demás.
A sus 16 años, hizo su presentación con ‘Cicatrices’ y ‘Volver’, con la que llegó a acumular 6 millones de escuchas en Spotify. Desde entonces, ha sacado 16 canciones. Algunas de ellas, con el beneplácito y la admiración de Alejandro Sanz o Pablo Alborán. Pero se atrevía con el disco. “Tengo que crecer un poquito más”, decía a todos los que la empujaban a lanzarse al ruedo.
A sus 20 primaveras, ha dado el paso tras un año complicado —como cuenta en esta entrevista—. Ha vuelto a Madrid más madura, pero con la misma ilusión y un CD debajo del brazo que es toda una declaración de intenciones: ‘Todo saldrá bien’. Lo presentará el próximo 23 de octubre en Madrid en la Sala Galileo Galilei.
Pero antes de su estreno en directo, esta “niña que persigue sus sueños”, que “quiere mirar el miedo y desnudar el alma”, que quiere “gritar todo lo que ha callado”, se sienta con este periódico. Ha dormido poco. En las últimas semanas, está nerviosa, ansiosa. No para. Y no puede hacerlo. Vive lo que siempre quiso vivir; toca el destino que siempre quiso tocar. Le brillan los ojos. Le sonríe la cara. Su camino acaba de empezar.
P.—Cuéntame. ¿De dónde le viene lo de la música? Tengo entendido que sus padres tenían un bar en Sevilla.
R.—Ha sido una inquietud mía de siempre. Mis padres me cuentan que desde pequeñita, cuando íbamos a la feria de Sevilla, yo no les pedía juguetes ni muñecas. Yo lo que buscaba eran guitarras. Sin saber acordes ni nada. Y eso que entonces sólo le daba golpes.
Luego a las 7 u 8 años me regalaron mi primera guitarra, rosita. Y empecé a dar clases, con acordes, con punteos. Pero no me gustaba el profesor porque pasaba de mí. Éramos muchos en clase, así que les dije a mis padres que no me gustaba y me quitaron.
Entonces empecé yo sola a tocar acordes en casa y al mismo tiempo le escribía poemas a mis abuelos. Pasaba mucho tiempo en su casa por el trabajo de mis padres.
Y un día llegaron mis padres con una amiga de toda la vida que toca la guitarra flamenca y me dijeron: ‘¿Quieres que te dé clases?’. Empecé con ella en sesiones uno a uno y desde entonces no he parado. Ella fue la que me llevó a cantar versiones al bar de mis padres.
Carmen Ferre, a su llegada a la entrevista.
P.—¿Sigue existiendo el bar? Ahora que saca disco se puede convertir en un lugar de peregrinación.
R.—No. Antes se llamaba Casa Rapu. Estaba en Mairena del Aljarafe. Y comer se comía bien. Pero ahora ya ha cambiado de dueño.
P.—Canta en ‘Tengo miedo’, la primera canción de su disco: “Soy la niña que persigue sus sueños’. Cuénteme algo más de cómo era esa niña.
R.—Mi infancia la recuerdo con mucha nostalgia por el trabajo de mis padres. Mi padre siempre estaba en el bar y venía cuando podía; y mi madre estaba en la peluquería con mi abuela. Así que yo estaba todo el día en casa de mi abuelo y con mi hermano. Por eso nunca tuve un grupo de amigos del colegio. Siempre estaba en un lugar diferente por el trabajo de mis padres.
Pero no he podido tener mejor infancia ni con más cariño. Aprendí mucho de mis abuelos.
P.—Desde el principio empieza a ir a programas de televisión. ¿Era cosa suya o de sus padres?
R.—No, no. Mis padres nunca me han exigido nada. Al revés. Lo que querían es que yo disfrutara y no querían que tuviera el vicio de ir a un programa o a otro. No quería que me llamaran la niña de los programas.
Lo que pasa es que yo empecé a cantar en el coro de la iglesia de mi pueblo, en Mariana del Aljarafe y allí había gente que había ido a programas. Un gran amigo de la familia, Nacho, me cogió de la mano y me llevó a los primeros programas benéficos y al casting de ‘Menuda noche’. Y a partir de ahí fue un no parar. Y otro compañero del coro, Julián, que toca la guitarra, que hace vídeos, que hace de todo, me dijo: ‘Niña, ven’. Y me presenté al casting de 'La Voz Kids'.
P.—¿Qué le decían sus compañeros en el colegio? Los niños a veces pueden ser muy crueles con esto.
R.—Nada.
P.—¿Siempre quiso ser cantante o ha estado estudiando otra cosa por si no salía?
R.—Me matriculé en Magisterio, pero me salí de la carrera. Me llegó la oportunidad de sacar disco y he querido centrarme en esto. Desde pequeña he sido muy responsable y no me gusta dejar las cosas de lado.
P.—Tiene 16 canciones que ha ido sacando poco a poco. ¿Por qué saca disco ahora? Ya tenía material para haberlo hecho antes.
R.—Ha venido solo. La gente me lo venía pidiendo, pero yo siempre decía que para más adelante. Creía que tenía que crecer más. Lo que pasa es que nos sentamos con el equipo de la discográfica, vimos lo que había y dijimos: ‘¿Por qué no sacar un disco ahora?’. Es dar un pasito más. Me daba miedo porque era una meta muy bonita y un sueño.
P.—Irremediablemente uno tiene que sentir miedo cuando saca su primer disco, ¿no?
R.—Llevo meses con esto y estaba ansiosa. Por eso no quiero que me cuenten nada de las estadísticas. Yo le digo a mi equipo: voy a hacer lo que esté en mi mano. Seguiré subiendo cosas, currando, demostrando quién soy y lo que valgo y ya está.
Carmen Ferre posa para este periódico.
P.—La siguen Pablo Alborán y Alejandro Sanz. ¡Vaya presión!
R.—Claro. Me da miedo subir cosas. Digo, a ver si voy a salir despeinada o algo... Y eso que tengo cuatro pelos. Pero se me suben para arriba (risas).
P.—¿El haber pasado por tantos programas también le da una presión extra?
R.—No, para mí ha sido todo como un juego. No iba a los programas para triunfar. A mí me han servido para coger tablas, tener experiencias y ver lo que hay detrás. Sabes a lo que te expones, pero creo que me ha ayudado. Me hayan echado antes o después, sin haber hecho eso yo no estaría aquí ahora presentando un disco.
P.—Con ‘Volver’ consiguió 6 millones de escuchas en Spotify. Ya apuntaba maneras.
R.—’Volver’ fue un punto de inflexión conmigo misma y con el equipo. Todo pasó muy rápido. Fue el segundo tema que sacamos y, te lo digo de corazón, yo no tenía ninguna expectativa. En plan, yo sacaba canciones para que la gente me conociera, pero no esperaba eso.
P.—¿Qué siente ahora con la salida del disco?
R.—Muchas cosas. Nervios, esa ilusión que comparto con mi niña interior. Estoy que me subo por las paredes (ríe). La ilusión es la misma que sentía cuando era pequeñita, sin saber a lo que me enfrentaba en los programas, sin dormir durante una semana... Pues así estoy.
P.—¿Ha necesitado ayuda psicológica en todos estos años?
R.—Siempre lo he gestionado sola, pero hace un año mi mente, no sé por qué... Yo siempre he considerado que mi mente está pa allá, pa acá... Siempre ha sido muy ruidosa. Y de repente se quedó en silencio. En blanco. Y no lo entendía.
Me enrabietaba conmigo misma, me frustraba no entender por qué. Yo tenía salud, mi familia estaba bien... Había cositas, como cada uno tiene en su mochila, pero... Lo que me hacía más feliz dejó de hacerlo. No lo entendía.
Empecé con ayuda de mi equipo, de psicólogos... Hice clic y salió el primer single del disco: ‘Todo saldrá bien’.
P.—¿Es optimista?
R.—Lo soy, pero depende del día me entran dudas.
P.—¿Prefiere escuchar lo que dicen de usted?
R.—Creo que todo es positivo. Lo bueno es un chute de energía y de lo malo se aprende. Mientras no vaya con maldad o con ganas de hacer daño... Pero de momento no he escuchado ningún comentario malo. Y si salen, no los tengo en cuenta porque yo lo hago todo desde el corazón, o al menos lo intento. ¿Para qué voy a escuchar entonces tonterías?
Carmen Ferre, durante la entrevista con este periódico.
P.—¿Ha hablado con Pablo Alborán, con Alejandro Sanz o con Vanessa Martín (que fue su coach en La Voz Kids)?
R.—Con Alejandro lo que me pasó es que me desperté un día, un sábado y poco más y le doy un infarto a mi madre porque me levanté chillando y diciendo: ‘¡Mamá, mamá!’. Pensaban que me había caído. Pero no. Era porque me estaba siguiendo Alejandro.
Con Pablo he tenido la oportunidad de compartir algunos momentos sobre el escenario y es un ser de luz. Por eso está donde está.
P.—¿Te ha dicho algo ahora con la salida de su primer disco?
R.—No he tenido la oportunidad de hablar con él porque estos días he visto que estaba nominado a los Grammy y no quería... Pero le pondré un mensajito diciéndole que me alegro un montón.
Y a Vanessa Martín la vi hace unos meses en una gala de discos de Spotify y fue un reencuentro muy bonito. Ahí estamos. La tengo en redes, pero hace tiempo que no hablo con ella. Me dan mucho pudor esas cosas.
P.—¿Quiénes le van a acompañar en esta gira?
R.—Espero que los músicos que empezaron conmigo, que son cuatro. Y luego la familia, los amigos... Y a seguir disfrutando mucho. Vamos a ir rodando y que el show evolucione.
P.—Ahora igual se hace famosa. ¿Le obsesiona eso?
R.—No, no. Déjame de rollos. Sé que es una consecuencia de exponerte y de publicar canciones, pero mi intención no es esa, evidentemente. Mi sueño es tener un disco en la calle y espero que llegue a la máxima gente posible y que esa sea la consecuencia de que me reconozcan.
P.—¿Cómo quiere verse dentro de 10 años?
R.—No quiero ni pensarlo. Lo único que quiero es seguir siendo la misma. Me veo sin límites. Todo lo que venga, bueno será. Y a seguir trabajando.
