Nada más entrar en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense de Madrid queda claro que Noches del Botánico no es un festival al uso. Es un pequeño oasis en medio de la ciudad con hamacas, mesas bajitas, foodtrucks de comida gourmet dispersos por todo el recinto, un riachuelo, vegetación por doquier y hasta patos. Y la música suena en todos lados, con altavoces ubicados en cada zona del espacio.
Tras este ciclo de 54 conciertos, que se celebra los meses de junio y julio desde hace 10 años, hay dos promotores y veteranos del sector de la música y los festivales. Ramón Martín (Madrid, 1959) y Julio Martí (Valencia, 1956) se conocieron por medio de un amigo tras décadas dedicados a la producción de este tipo de eventos. Los dos tuvieron claro empezar con este proyecto casi desde el momento en el que coincidieron.
El primero ya tenía una relación con la Universidad Complutense, pues estaba dirigiendo el festival Dcode, que se celebraba en Cantarranas (el complejo deportivo de la UCM). Cuando surgió la posibilidad de recuperar el antiguo Complujazz (o una versión parecida), buscó a alguien que dominara ese género.
"Yo no tenía tantos conocimientos [de este tipo de música] y ahí me presentaron a Julio, que era el que realmente lo controlaba. Y luego, al ir hablando, vimos que no queríamos hacer solo un festival de jazz, sino algo que fuera diferente a todo lo que había en Madrid, dirigido a un público un poco más especial, más melómano y con artistas que no estaban en grandes festivales mainstream", cuenta.
Y es que él venía de una carrera profesional relacionada con grupos de rock y pop español. Empezó con una agencia de management y producción artística, ligada sobre todo a artistas nacionales. Fue representante de Los Ronaldos, Tam Tam Go!, 21 Japonesas o La Frontera, entre otros clásicos de los 80 y 90. Y también fue promotor de grandes conciertos, como la gira de Nirvana en España en 1992.
Julio, por su parte, empezó de una manera más peculiar. Él era médico. En concreto, el jefe del Departamento de Asistencia Sanitaria del Instituto Nacional de la Salud de la Comunidad Valenciana. "Pero yo tenía la música muy en la cabeza, lo que me llevó a pedir la excedencia para intentar ver si podía simplemente con la música ser más feliz. Y nunca lo retomé".
Así, su primer festival fue en el año 1977 en el Teatro Principal de Valencia. "El año que viene hago 50 años haciendo música", recuerda. Sobre todo, estuvo trabajando durante muchos años con los Veranos de la Villa. Es decir, el festival del Ayuntamiento de Madrid que ya cuenta con más de 40 ediciones (desde los años 80).
En el Jardín Botánico
La elección del Jardín Botánico de la UCM para albergar este ciclo no es casual. De hecho, vino dada por la propia naturaleza del proyecto.
Y es que el Complujazz ya había tenido este espacio como sede. Por eso, cuando llegaron, vieron la ubicación idónea para crear otra propuesta.
Julio Martí y Ramón Martín con el escenario de Noches del Botánico.
Precisamente, es que sea en un lugar como este lo que lo hace tan especial y, a la vez, complicado. "Obviamente, el entorno es mágico. Posiblemente no haya ningún sitio en Europa en el que se celebre un festival de estas características en un sitio así. Pero también nos implica dificultades a las cuales nos hemos ido adaptando, superando y aprendiendo", cuenta Ramón.
"Un detalle curioso, por ejemplo, es que la primera vez la gente solo podía circular por las partes empedradas. El césped estaba totalmente fuera del límite que nos habían permitido. Es decir, que empezamos con unas condiciones y nos hemos ido ganando confianza. Y ya hemos pasado por tres rectores diferentes", añade Julio.
Todo esto conlleva que el montaje empiece a realizarse incluso en la época de Semana Santa. "Tenemos que planificar incluso las podas", dice Ramón.
La sostenibilidad es algo que tienen muy presente y que en algunos aspectos supone una diferencia con respecto a otros festivales al uso. Por ejemplo, con la sustitución progresiva de baños químicos mediante conexión directa al alcantarillado, algo muy poco habitual en este tipo de eventos.
Ramón Martín y Julio Martí momentos antes de que empiece el festival.
También la eliminación de generadores gracias a acometidas eléctricas conectadas a la red pública o los sistemas permanentes de limpieza y mantenimiento durante toda la actividad. "Y nos hemos dado cuenta de que, efectivamente, la gente lo ve todo limpio y no tira nada".
Asimismo, han ganado el galardón en dos ocasiones al Mejor Festival Sostenible de la Península Ibérica (en 2019 y 2022).
Los artistas
Por la edición de este año —que comenzó a principios de junio y termina el próximo 31 de julio— han pasado nombres como Love of Lesbian, Pablo López, M-Clan, Niña Pastori, Van Morrison, Babasonicos, Elvis Crespo, Rick Astley... Y todavía faltan por llegar otros como John Legend, Tom Jones o María Becerra.
En ediciones pasadas, además, tuvieron artistas de la talla de Bob Dylan, Pixies, Phoenix, Bomba Estéreo, The Lumineers o Serrat. "Van Morrison es el que hemos perseguido más tiempo", concuerdan ambos directores.
El festival Noches del Botánico.
"Muchos son muy costosos. Hacer dos días de Santana es un esfuerzo potentísimo. Son artistas que prefieren sitios más grandes y los convencemos para venir aquí", dice Julio.
Uno de los aspectos que caracteriza este ciclo de conciertos es su limitado aforo, lo que aporta que sea una experiencia mucho más íntima. Y es que tiene una capacidad diaria de 4.000 espectadores (en algunos casos, con aforo completo, como los días dedicados a Rick Astley, Diana Krall o Tom Jones en esta edición). "Yo creo que estamos en otra liga. Ahora mismo, a nivel de Madrid, no hay nada parecido. Es el público el que nos ha puesto aquí; el boca a boca".
"Los artistas grandes son muy difíciles. Ya solo por sus propias necesidades de equipo, de gira... Al final no deja de ser un negocio. Lo que pasa es que, por suerte, yo creo que ya después de todos estos años, el tipo de artista que viene aquí está ya por encima de eso. Realmente tiene claro que viene porque tiene una experiencia completamente diferente", expresa Ramón.
Y agrega: "Nos gustan los artistas que después de los shows abrazan los árboles. Que bajan, se emocionan y dicen: '¡Qué experiencia; qué bien me he sentido!'. Eso ha ocurrido. Algunos nos han dicho que ha sido lo mejor de su gira europea". Enumeran algunos como Alabama Shakes o Garbage.
Especial mención hacen a Jeff Goldblum, el actor de Hollywood (Parque Jurásico, Wicked...). "Tuvimos una entrada normal; poco más de media entrada. Había sitios vacíos, pero no le inquietó lo más mínimo. Disfrutó como un cosaco; se hizo fotos hasta con los patos. Nos pidió que le invitáramos otra vez. Y se podría haber ido con un sabor agridulce por no llenar", recuerda Julio.
"Esto está ideado para que la gente viva una experiencia. El artista también vive una experiencia. Es una palabra que se dice mucho, está muy manida, pero es que aquí es real. Yo creo que eso nos hace únicos", explica Ramón.
El festival Noches del Botánico en el Jardín Botánico de la UCM.
"También hay cosas que no encajan. Sobre todo, hay que tener coherencia. Y no estamos exentos de crítica. Alguna vez que hemos hecho una cosa extremadamente comercial porque nos agrada y la hacemos bien, ya hay quien dice: 'Eso no es digno del Botánico'", cuenta Julio. Su compañero añade que intentan "buscar la singularidad". "Pero bueno, a veces sí que intentamos todo tipo de cosas y tener la mente abierta de alguna manera".
En cada edición trabajan unas 20 personas fijas más otras 300 durante los días del festival. Y es que es una máquina que no para: ya en medio todavía de la actual, tienen cerrados algunos artistas para la siguiente. Se trata de una inversión total cada año de unos 10 millones de euros aproximadamente.
¿Y cómo se viven los dos meses que dura el evento? "Intensos", es la respuesta casi al unísono a la pregunta de este periódico. "Es un elemento muy vivo que nos hace estar siempre en tensión. Hay días que no duermes nada...", dice Ramón.
Son más de 50 días seguidos en los que cualquier detalle puede alterar la programación. "Puede pasar de todo". Un violín que no soporta el calor e impide actuar a la orquesta, una tormenta inesperada o una cancelación de última hora forman parte del día a día. Pese a ello, ninguno de los dos piensa aún en dar un paso atrás. "Si seguimos aquí es porque nos gusta. Lo disfrutamos muchísimo", concluyen.
