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Las claves

La historia de Laura Peco, de primeras, es una de tantas. Una de esas que comienzan en cualquier pueblo de la España vacía —en su caso, Puertollano (Ciudad Real)—, que beben de sueños por cumplir, notas de Selectividad que dan (o no) para acceder a la universidad deseada y consejos de unos y de otros. En su caso, ella eligió estudiar el primer grado de Lengua de signos que se podía hacer en España. Y lo terminó. Y trabajó de ello. Pero también tuvo que cambiar de camino.

Una década después, ha levantado su propio negocio cuando muchos jóvenes aún buscan un trabajo estable o una habitación más barata en el far west de la vivienda que se ha convertido Madrid. Laura se ha tirado a la piscina para, a sus 28 años, abrir Etérea en la calle Buitrago de Lozoya, 10. Una clínica integral que ofrece medicina estética, psicología, nutrición y estética avanzada —de las pocas que incluye todos estos servicios—. “Aquí no tenemos clientes. Son pacientes. Los acompañamos en todo el proceso”, explica la joven manchega a EL ESPAÑOL.

Pero, ¿cómo llega una licenciada en Lengua de signos a montar un negocio? En estos 10 años, Laura Peco ha visto y trabajado de todo. “Empecé de lo mío, pero era un trabajo muy mal pagado. Todo lo que encontraba era para ser autónoma y a lo mejor me pagaban 700 euros por 40 horas”, explica. Por eso, se tuvo que reinventar.

Laura se puso a trabajar en La Casa de las Carcasas y mientras se dedicó a estudiar auxiliar de medicina estética, enfermería en quirófano, micropigmentación, microblading, Reiki... Y empezó a trabajar en clínicas de todo tipo, pero volvió a tener problemas de cobros y vio la oportunidad de poder emprender por sí sola y montar una clínica propia. “Había hecho muchas cosas, pero jamás imaginábamos que fuera a hacer esto”, cuentan sus familiares.

Negocio

Pero ella lo tenía claro. “Había estado en una clínica que era todo lo contrario a la filosofía y al planteamiento que tengo yo en cuanto al trato de cara al público y al paciente. Por eso di el paso”, cuenta la manchega a EL ESPAÑOL.

En verano, Laura comenzó a hacer su plan de empresa y estudió minuciosamente cuál era la mejor localización de Madrid para abrirla. Ella sola, sin ayuda de nadie. Y se juró que en cuanto pudiera iba a montar su propia clínica. Y eso fue lo que hizo. En mayo, abrió Etérea. Eso sí, con paciencia. “Es mucho dinero, mucho tiempo, muchos quebraderos de cabeza y, sobre todo, muchos papeles”, explica.

WhatsApp Image 2026-07-08 at 16.36.08.jpeg David Palomo

Y, tres meses después, puede gritar bien alto que es lo mejor que ha podido hacer. De momento, los clientes han ido llegando y está orgullosa de haberse tirado a la piscina. Eso sí, reconoce que España no es un país para emprendedores. “Está fatal. No hay ayudas...”, lamenta.

Tratamientos

Laura lo primero que hace cuando los clientes llegan a la clínica es una valoración previa. “Les digo que me cuenten qué es lo que quieren tratar y les hago una valoración. Si puedo ayudar, adelante. Y si no puedo hacer nada, no se hace nada. No quiero engañar a nadie”, cuenta.

La clínica la ha dividido en cuatro salas: fuego (medicina estética), tierra (estética avanzada), agua (nutrición integral) y aire (psicología y calma). Y, a través de ella, realiza cada uno de sus tratamientos: neuromoduladores, ojeras, ácido hialurónico... O simplemente un tratamiento psicológico y nutricional. “Aquí atendemos en función de las necesidades de cada uno”, finiquita.

Su sueño, 10 años después, permanece intacto, pero ha cambiado. No es el mismo que vislumbró el día que aprobó la Selectividad y cogió su primer AVE para instalarse en Madrid. Una decisión “valiente” que la ha llevado a ser una de las tantas autónomas que hay en la capital, que registra 441.542, cifra récord del gobierno de Ayuso.