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Las claves

Posiblemente, cualquiera que se cruce con un motor de máquina de coser antigua, un perchero en desuso o engranajes de vehículos averiados solamente los vea como "chatarra" y no les dé mayor importancia. Sin embargo, para Andrés Guardia son un mundo lleno de posibilidades.

Con esas piezas recicladas fabrica sus originales creaciones: esculturas de robots. Una afición que empezó durante la pandemia de covid-19 de manera autodidacta: "Cuando estuvimos restringidos en casa. Tenía que hacer algo creativo; no puedo estar parado. Así que me dijo mi chica que si le hacía un robot"

Cogió "una lata, unas ruedecillas y cosas que tenía por casa" y fabricó el que sería el primero de muchos. Ya son más de 30 robots los que ha elaborado a lo largo de estos años.

Algunos los ha vendido ya en la página web de Etsy. "Muchos de ellos los compran en Estados Unidos para fechas como Navidad. Ahí hay mucha afición", asegura en conversación con Madrid Total desde el Centro Cultural Galileo en el distrito madrileño de Chamberí.

Ahí, precisamente, acaba de terminar de exponer sus creaciones bajo el nombre de Robots Retrofuturistas. Anteriormente, en Madrid —de donde es él— también habían pasado por el Centro Cultural Alfredo Kraus y alguna que otra galería de arte.

"Cazatesoros"

Aunque Andrés asegura que esa pasión por "desarmar y sacar las tripas de los aparatos" para crear cosas nuevas le viene desde pequeño, su profesión nunca se había basado en eso. Era fotógrafo —la otra de sus grandes pasiones— y había trabajado para agencias y hecho algunos trabajos de macrofotografía.

Ahora, a sus 52 años, ha dejado eso de lado para compaginar un trabajo de oficina con su principal afición: la creación de sus 'Recycledrobots'. La idea de hacer este tipo de esculturas sobre platillos volantes o criaturas robóticas fue la afición tanto suya como de su pareja por las películas de ciencia ficción antiguas.

Uno de los robots de Andrés está inspirado en Drácula. Rodrigo Mínguez

"También me inspiran algunos artistas, sobre todo americanos, que sigo por redes sociales. Aquí, en España, no se ve mucho, pero allí hay más cultura por el coleccionismo y la ciencia ficción. Los hacen mucho más grandes, con movimiento... Es otro nivel", explica.

En su caso, sus esculturas van surgiendo a medida que encuentra objetos curiosos a los que darles forma. "Busco en rastrillos, en mercados de segunda mano como eBay o por la calle lo que me encuentro. Soy un poco chatarrero y cazatesoros. Siempre me ha gustado el tema de los aparatos y materiales antiguos de los años 40, 50 o 60, por ejemplo".

Y de estos descubrimientos nacen sus diseños. "Por ejemplo, el de Drácula surgió porque me encontré un toallero con las extremidades de metal. Me gustó la forma que tenían y me recordó a la cabeza del conde. Me apetecía hacer al vampiro porque ya tenía un Frankenstein".

Muchos de los cuerpos de las figuras son motores de máquinas de coser, aparatos médicos o proyectores. "Lámparas que encuentro en contenedores de obra de una casa que están vaciando". Como uno de los ovnis. Otro caso fue un robot con alas que sacó de una luz infantil.

Andrés con sus robots de "chatarra". Rodrigo Mínguez

"Me gusta utilizar sobre todo los metales", aunque también ha usado en algún caso madera o algún plástico. "Una vez encontré una lámpara española de los años 50 que era de cerámica. No suelo trabajar con eso, pero me recordaba a una nave espacial americana y no podía dejarla escapar".

Luego encaja cada pieza mediante tornillos y les añade iluminación LED "para darles vida". Se trata de un proceso en el que tarda aproximadamente de dos a tres meses. No suele hacer diseños previos: "Todo está en mi cabeza".

Ya son 15 los que salen como vendidos en su tienda online. Los precios van desde los 400 euros aproximadamente para las figuras más pequeñas hasta los más de 2.000 para los robots más grandes y laboriosos.

"Es muy bonito ver que la gente lo disfruta como lo hago yo. Y que lo valora la gente. Una vez le vendí uno a un chico que me dijo que se acababa de mudar y no estaba convencido con su casa, pero lo había puesto y ahora le encantaba. Fue muy bonito", recuerda.

De cara al futuro, le gustaría hacer "alguno más grande". "Tendría que hacer sitio. Al final vivo en un piso en Madrid y me tengo que cortar o mi chica me echa de casa", bromea.