Sofía Antuña
Publicada

Las claves

Reconocido por sus caracoles y con más de 85 años de oficio, este veterano hostelero abrió su establecimiento en 1942, en plena plaza de Cascorro.

Amadeo cumple 96 años tras la barra del Restaurante Casa Amadeo Los Caracoles. La taberna es, como él mismo dice, "toda su vida", y continúa atendiendo a la clientela con la misma dedicación del primer día, decidido a hacerlo "hasta el final". 

Nada se le escapa. Mientras conversa, lanza indicaciones: "Pon un aperitivo en esta mesa, que no tienen ninguno". Se mueve con la energía de quien se levanta cada mañana impulsado por la pasión por su trabajo. A su avanzada edad, sigue defendiendo que el trato cercano y amable es la base de su profesión.

Su local, situado en la emblemática plaza de Cascorro y considerado uno de los imprescindibles de los domingos del Rastro, es para él algo más que un negocio: su "taberna es una pequeña ampliación de la casa".

Allí no solo ejerce de camarero; también se convierte en "amigo, confidente y psicólogo". "Quiero que los clientes se desahoguen conmigo, que me cuenten qué les pasa y yo ayudarles".

Tabernero vocacional, asegura que el mejor recuerdo de toda su trayectoria no es otro que el agradecimiento de quienes le visitan. "Su felicidad es la mía", asegura.

Con cierta nostalgia, reconoce que echa de menos otros tiempos y lamenta que "el mundo presente haya empobrecido el diálogo". Para él, una taberna nunca debe perder su esencia de "lugar para relacionarse, de comunicación y de sueños". Y puntualiza: "No para emborracharse". Con humor, añade: "Yo siempre le echo un piropo y digo que es el ateneo del pueblo".

También percibe cambios en la forma de vivir el ocio: "Ahora no se viven tanto los acontecimientos deportivos en las calles, porque con la televisión todo se ha vuelto aburrido, pero antes en las tabernas había mucha pasión, mucha alegría".

Natural de la provincia de Burgos, llegó a Madrid en 1940 siguiendo los pasos de sus hermanas, que se trasladaron a la capital a trabajar. Una de ellas regentaba una taberna en la calle Toledo, donde nació su vocación.

Confiesa que "la ciudad le deslumbró" y hace suya la expresión "esto es elegante, estilo capital". Dos años después de descubrir Madrid y el mundo de la hostelería, se instaló en el local en el que continúa hasta hoy.

La decoración permanece intacta desde el día de la inauguración. "Me gusta un establecimiento sencillo, que la gente se sienta en casa", afirma Amadeo.

Sus famosos caracoles

Si por algo es conocido en toda la capital Casa Amadeo es por sus caracoles, que hoy también se pueden pedir para llevar. Convertidos en un clásico del Rastro, nunca falta una gran perola en la barra. Por 20 euros, se puede degustar un kilo de este plato tan singular.

El secreto, asegura, está en ponerles "todo el amor del mundo" y en "lavarlos muy bien". No puede faltar la guindilla, aunque siempre "en su justa medida. Un poco de picante alegra siempre la vida". Y cuando le preguntan por su procedencia, responde con rotundidad: "Estos son del Planeta Tierra".

Más allá de los caracoles, presume de otros platos de su taberna: "En mi casa siempre intentamos que todo esté rico". Bacalao, callos, morcilla de Burgos, rabo y, por supuesto, la salsa ocupan un lugar destacado.

Aunque ya no pasa tantas horas atendiendo como antes, se define ahora como "un relaciones públicas. Yo soy una persona muy abierta y disfruto mucho consiguiendo que la gente quiera volver".