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Los madrileños vuelven a ver estos días ríos crecidos, compuertas abiertas y chorros marrones bajando valle abajo después de varios inviernos mirando al cielo.

La imagen, tras años de sequía y restricciones en media España, desconcierta: si tanto nos preocupa quedarnos sin agua, ¿por qué los embalses de Madrid están soltando miles de metros cúbicos cuando no han llegado al 100% de su capacidad?

Pese a esa fotografía de relativa abundancia, el gestor del agua en la región insiste en que no se trata de 'tirar agua', sino de maniobras programadas para garantizar la seguridad.

La red de embalses que gestiona Canal de Isabel II ha arrancado febrero con unas reservas en torno al 77% de su capacidad total, unos 728 hectómetros cúbicos almacenados, por encima tanto del año pasado como de la media de los últimos ejercicios en estas mismas fechas.

Vista aérea presa El Villar Canal de Isabel II

Desde la entidad explican que "las normas de explotación de cada presa fijan un nivel de resguardo distinto para cada embalse y para cada mes del año, de modo que no existe una cifra única de metros cúbicos o de porcentaje de llenado que pueda aplicarse al conjunto de los embalses madrileños".

Lo que sí hay, añaden, "es un volumen útil que debe quedar libre en cada caso para poder laminar avenidas futuras con seguridad, tanto aguas arriba como aguas abajo del río, teniendo en cuenta las previsiones de lluvia y de deshielo".

Además, subrayan que no hay que mirar el porcentaje de llenado de forma aislada, sino el margen disponible para absorber crecidas.

Minimizar el riesgo

"Si esperamos a que el embalse esté prácticamente al 100% y llega una avenida importante, la capacidad de maniobra se reduce muchísimo y aumentan los riesgos para las poblaciones situadas río abajo; por eso, en episodios como el de este invierno, se adelantan maniobras de desembalse con los pantanos aún alrededor del 80% de su capacidad", explican.

En ese contexto, el agua liberada no desaparece del sistema. Canal de Isabel II recuerda que 'no es agua perdida', ya que sigue siendo aprovechable a lo largo del cauce del Tajo para otros usos regulados.

Embalse Madrid José Manuel Vidal EFE

Las decisiones sobre desembalses se toman analizando datos de caudales, aforos en ríos, previsiones meteorológicas, series estadísticas y la información de los instrumentos de seguridad y auscultación. También se emplean modelos de funcionamiento de las presas y modelos predictivos de ayuda a la decisión.

Aunque este análisis se realiza de manera remota, la ejecución de las maniobras de apertura y cierre de válvulas y compuertas se lleva a cabo de forma presencial en las propias presas, con personal técnico especializado, para garantizar su seguridad.

Protocolos de seguridad

El procedimiento sigue un protocolo establecido: desde Canal de Isabel II notifican todos los desembalses y el caudal vertido en cada caso tanto al organismo regulador de cuenca, la Confederación Hidrográfica del Tajo, como a la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112.

Actualmente, los 13 embalses gestionados superan el 83% de su capacidad total, frente al 76% con el que iniciaron el mes, y se están produciendo desembalses desde nueve de ellos.

La combinación de borrascas consecutivas, suelos saturados y nieve acumulada en cotas altas ha llevado a los técnicos a mantener un margen amplio para absorber posibles avenidas sin comprometer la seguridad de las infraestructuras.

Los desembalses preventivos, que vistos desde fuera pueden parecer un desperdicio de agua, buscan en realidad reducir el riesgo de inundaciones

Luis Garrote de Marcos, catedrático de la UPM

Luis Garrote de Marcos, catedrático del Departamento de Ingeniería Civil en Hidráulica, Energía y Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Madrid, explica que "el objetivo principal de un embalse de abastecimiento no es llenarse al máximo, sino gestionar el riesgo; en años con episodios de lluvia intensa y concentrada, la variable clave no es tanto el porcentaje de llenado como la capacidad disponible para amortiguar una avenida".

"Desde el punto de vista hidrológico, es más prudente mantener un cierto colchón libre cuando se encadenan borrascas y hay nieve en la cuenca alta, porque la respuesta del río puede ser muy rápida y las presas necesitan margen para regular ese pico sin generar problemas aguas abajo", subraya el catedrático.

Garrote recuerda además que "las reglas de explotación de los embalses madrileños se han ido adaptando con el tiempo a un contexto de cambio climático en el que tenemos menos lluvias regulares y más eventos extremos", y subraya que este nuevo contexto climático obliga a revisar los volúmenes de resguardo y a trabajar con escenarios de lluvia más intensos en menos tiempo.

Los desembalses preventivos, que vistos desde fuera pueden parecer un desperdicio de agua, buscan en realidad reducir el riesgo de inundaciones, aclara el experto. Por último, recuerda que un embalse cumple simultáneamente varias funciones: garantizar el suministro, reducir el riesgo de avenidas y preservar determinados caudales ecológicos.

Las decisiones que se están adoptando estos días responden precisamente a la necesidad de equilibrar esos tres objetivos con la mejor información disponible en cada momento.

"Lo importante es que haya transparencia en las reglas de explotación y en los datos, para que la ciudadanía entienda por qué se abren las compuertas cuando todavía no se ha olvidado la sequía", concluye.