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Las claves

Lleva 24 años siendo una de las caras más conocidas de la televisión madrileña. Muchos se habrán enterado de su mano de los acontecimientos que han marcado la historia de la capital -y del país-: el 11M, la inauguración de los túneles de la M-30, la pandemia de Covid-19 o, más reciente, la gran nevada de la Filomena.

Y, a pesar de ello, José Antonio Masegosa todavía habla de su profesión como quien acaba de salir de la carrera; con la ilusión de alguien que todos los días descubre algo nuevo. "Me queda por hacer todo, porque yo cada día reseteo. Pongo el cuentakilómetros a cero y vuelvo a empezar", cuenta desde los estudios de Telemadrid en la entrevista con este periódico.

Es el coordinador y presentador de los reportajes realizados en directo para el programa informativo 'Buenos Días, Madrid', dentro de la cadena. Un trabajo de calle, cercano y caracterizado por la información local que defiende a capa y espada.

De hecho, es esa forma tan personal de hacer periodismo la que le llevó el año pasado a ganar una Antena de Plata otorgada por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España.

Y eso que acabar en esta carrera fue algo casi fortuito. Una serie de acontecimientos que ocurrieron el verano previo a ese primer año que le hicieron decantarse por la que posteriormente descubriría que sería su vocación.

"Hice selectividad y no tenía muy claro qué hacer. Igual hubiera sido médico, de no ser por mi aprensión a la sangre". Finalmente, "un primo hermano periodista" y la "histriónica" forma de expresarse y "mirar a la cámara" del conocido Jesús Hermida fueron algunos de los factores que propiciaron que encontrara "por casualidad" el periodismo.

Por aquel entonces, no leía el periódico, ni escuchaba la radio, ni siquiera veía la tele todos los días. "Cuando llegué me di cuenta de que no sabía nada. Mis compañeros en BUP ya estaban escribiendo cosas en su barrio o ciudad y yo tenía una formación cero".

José Antonio Masegosa, en una redacción de los estudios de Telemadrid. Rodrigo Mínguez

De Almería, su ciudad natal, voló a Barcelona a estudiar en la Universidad Autónoma. "Tenía familia allí. Pero tuve que ponerme las pilas con el catalán".

Y pasó por varias emisoras, como la Cadena Ser, Cope o Radio Popular de Barcelona, con Luis del Olmo -"si él físicamente es grande, profesionalmente más todavía. Yo lo veía como un gigante. Casi no me atrevía ni a mirarle", recuerda entre risas-, antes de llegar a la que ahora define como su casa.

—Pregunta.- ¿Cómo acaba en Telemadrid?

—Respuesta.- Pues llegué para estar dos años. Llevaba tres en Bloomberg Televisión -que tenía un acuerdo con la Agencia Efe- con un contrato de larga duración y ganando muy bien, pero echaba tanto de menos la calle... No me atrevía a dar el paso.

Hasta que fue el atentado de Pedro Antonio Blanco, cerca de donde yo vivía en la calle Juan Duque, en Arganzuela. Recuerdo estar durmiendo, oír el bombazo y salir; ver el coche en llamas y el otro coche en el que huían los etarras a unos 300 metros, que luego estalló al lado de una guardería.

Yo fui para allá. No tenía nada que contar. Pero el ardor guerrero te lleva allí. Me metí en la guardería en cuestión... Fui periodista sin que nadie me mandara. Ni siquiera podía vender la crónica a un periódico. Pero era por estar ahí. Y me di cuenta de que yo no quería estar en un plató, sino en la calle.

Mi familia me dijo que estaba loco por dejar Efe. Pero al final me quedé para siempre en Telemadrid. Al principio fue una amante y terminó siendo una esposa con la que de vez en cuando discuto y me llevo mal, pero en el fondo adoro y amo.

—P.- ¿Qué hay detrás de las cámaras?

—R.- Me levanto a las cinco y cuarto de la mañana. Llego a las seis y cuarto al estudio. Me monto en el coche con el cámara y automáticamente nos vamos. No me da tiempo ni a tener sueño. Hay temas que los tienes preparados del día anterior y ya tienes un guion, pero en el 60% de los casos es información de nueva creación. Un suceso o cualquier noticia como las inundaciones de esta semana.

Así que llegas y tienes que ir buscando. Hasta las siete y poco que empieza el programa y la conexión en directo. Es un chutazo de adrenalina. Una película diaria donde pasa de todo.

José Antonio Masegosa en los estudios de Telemadrid. Rodrigo Mínguez

—P.- Ha cubierto absolutamente todo lo que ha pasado en los últimos años en Madrid desde la cadena. Es ya alguien de referencia para la gente que le lleva viendo tanto tiempo.

—R.- Es curioso, porque en la calle mucha gente me dice: "Oye, te llevo viendo toda la vida". Te das cuenta de que ocupas un lugar en la vida de mucha gente. Como un familiar más.

Cuando yo llegué a Madrid, era un poblado manchego. Era la capital de España, pero era muy pueblo. Yo venía de Barcelona, una ciudad cosmopolita. La ciudad moderna y europea por antonomasia. Y Madrid me encantó porque era como sentirme en casa.

Es cierto que en todos estos años he contado cómo se ha ido transformando. Los túneles de la M-30. Hacíamos especiales cada cierto tiempo para inaugurarlo porque se hacía por tramos. Y ahora digo ostras, es que Madrid no tiene nada que ver con lo que yo vi.

Ahora te diré, para nada me creo un referente. Tengo muy claro que esto es un trabajo. Es un oficio más que una profesión. A mí cada día se me cede un micrófono y una cámara, y mañana me lo quitan y no tengo nada. Y el ego hay que domarlo. En televisión hay que tener mucho cuidado con el ego, porque es una fábrica de imbéciles.

—P.- Su relación con Madrid parece muy estrecha. ¿No volvería a Almería?

—R.- Almería me encanta, es mi tierra. Ahí está mi familia. Pero al final he vivido más tiempo en Madrid. Soy un enamorado de Madrid. Es una ciudad muy viva, muy dinámica, donde si quitas el ruido en el Congreso, en la Asamblea y en los mentideros políticos; la calle es un ejemplo de democracia. Todo el mundo se mezcla y todo el mundo cabe. Barcelona es una ciudad preciosa donde fui muy feliz, pero notaba una frialdad que desde un primer momento no la tuve aquí en Madrid.

—P.- Hay un momento bastante conocido de su trayectoria, que fue una vez que se emocionó cubriendo un desahucio. ¿Es de los momentos más duros que ha tenido durante su profesión?

—R.- Fue un error emocionarme. Tienes que aprender, como un cirujano, a cosificar las historias. Pero también somos humanos. Y surgió así. La verdad es que lo recuerdo ahora y me sigue emocionando.

Estábamos hablando de una pareja desahuciada y, de repente, vi a los dos niños. Los habíamos tapado para que no salieran en plano. No pude seguir hablando. Luego me dio mucha vergüenza. Ya ves. El periodista que se mete en narcopisos, que está acostumbrado a cubrir todo tipo de noticias chungas...

Yo me implico mucho. Me llevo el trabajo a casa. Mantengo contacto con mucha gente a la que hemos ayudado a solucionar sus problemas. Porque hay una distancia sideral entre el ciudadano y las administraciones y muchas veces lo que hacemos [los medios] es conectarlos. Y eso es una satisfacción tremenda. Tuvimos una época con muchos desalojos y desahucios. Es duro.

—P.- ¿Qué anécdota sabe que le contará a sus nietos cuando se jubile?

—R.- Hay tantas... Nada más llegar aquí, mi turno era de noche. Y un día tuve que ponerme la corbata corriendo para dar dos noticias muy tristes: el asesinato de Ernest Lluch y otro atentado de ETA. El informativo de la tarde terminaba a las nueve, se cerraba el control y ya no había posibilidades de retransmitir. Así que hubo que hacer un parche con una camarita pequeña en la propia redacción. Yo muerto de miedo porque tampoco sabía cómo darlo o lo que estaba ocurriendo.

José Antonio Masegosa durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Rodrigo Mínguez

—P.- ¿Sigue habiendo nervios al hacer un directo?

—R.- Sí, eso no se quita. Ganas en autocontrol, pero la tensión previa al directo es inevitable. Yo soy un gran tímido, aunque no lo parezca. Es más, me pongo nervioso incluso la noche anterior. A veces me desvelo o sueño con la noticia en sí.

—P.- Es una cadena pública y ha pasado por todos los gobiernos autonómicos. ¿Cómo se sobrevive profesionalmente a tantos cambios políticos?

—R.- Trabajando con la máxima honestidad posible. Si yo voy a la calle a cubrir una noticia, soy el dueño de esa noticia. En todos estos años en Telemadrid ningún jefe de informativos, ni de antes ni de ahora, me ha dicho: "Esto cuéntalo de esta forma". Todo lo que he dicho lo puedo demostrar.

Solamente he tenido que hacer frente a una demanda en todos estos años. Y fue un okupa. Un tipo que se había metido en varias viviendas de la Seguridad Social en Navalcarnero y hostigaba al dueño de un picadero de caballos. Fue una vista previa y no llegamos ni a juicio.

—P.- En un trabajo con tanta vocación... ¿Hay algo que le haya quitado?

—R.- No. Me ha permitido conciliar vida laboral y familiar. Yo tengo dos hijas y he podido estar con ellas.

—P.- ¿Le gustaría que sus hijas siguieran sus pasos?

—R.- No tengo ninguna intención y ninguna quiere serlo. En casa lo han normalizado. Algunos de sus compañeros en el colegio les han preguntado por mí, pero para ellas no significa nada. De hecho, nunca han tenido la necesidad de verme ni de escucharme. Es curioso, en realidad no sé cómo tomármelo [ríe].

—P.- ¿Cómo le gustaría que le recordaran el día de mañana cuando ya no esté frente a una cámara?

—R.- Como un buen periodista que fue buena persona. Me molesta cuando parece que solo nos importa la noticia, los datos... Y nos olvidamos de que detrás, los protagonistas son personas que sufren y que padecen.

—P.- ¿Qué va a hacer cuando se jubile?

—R.- A veces lo he pensado. A lo mejor me compraría una camarita y me convertiría en youtuber. Y haría cosas diferentes. Incluso atreviéndome a ser más yo todavía y hacer lo que me diera la gana sin ningún tipo de patrón.