Una cúpula cilíndrica de vidrio de 11 metros de altura se levanta frente a la estación de Atocha desde el año 2007. Se trata de la parte exterior del monumento-homenaje a las víctimas de los atentados del 11-M que, tres años antes, habían conmocionado a la ciudad de Madrid. Una instalación -no exenta de críticas- que desaparecerá, para siempre, este año. 

La eliminación de este cilindro y del espacio a sus pies en la primera planta del hall de la estación de Atocha, comúnmente conocido como 'el vaso', se enmarca en los primeros trabajos que la Comunidad de Madrid está haciendo para la ampliación de la Línea 11 de Metro a su paso por la estación. 

La actuación prevista por la Consejería de Vivienda, Transportes e Infraestructuras contempla ampliar la capacidad del vestíbulo superior de la estación en el que, hasta ahora, se encontraba la parte interior de dicho monumento.

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Lo que la Comunidad busca con esta actuación es ampliar el vestíbulo del paso superior de la L1 y prepararlo para la llegada de viajeros una vez se ponga en funcionamiento la L11. Anualmente, por esta zona transitan unos 7 millones de viajeros al año y se espera que, sólo desde la L-11, lleguen otros 7 millones.

Por eso, para poder ampliar su capacidad hasta los 15 millones de viajeros, este vestíbulo superior se va a levantar prácticamente desde cero, afectando al citado monumento homenaje que cerrará sus puertas en agosto.

Proyecto inicial de la Comunidad de Madrid sobre cómo podría quedar el vestíbulo tras las obras. CAM

 

Hasta ahora, el monumento en memoria a las víctimas del 11M ocupa unos 400 metros cuadrados de ese hall y sólo acceden a él quiénes lo están 'buscando'. Es una sala -llamada museo, aunque no se expone nada- que está concebida para no llamar la atención.

A su entrada no hay un rótulo y, quien entra en el espacio, debe buscarlo. Es diáfano, azulado, algo oscuro y sólo se ilumina por el lucernario en forma de cilindro que se observa desde el exterior.

Zona de recogimiento

Durante la segunda quincena de agosto y hasta, aproximadamente, finales de septiembre, la Comunidad cerrará el paso a esta sala para su desmontaje. Una vez se culmine esta parte (durará un mes), comenzarán con el pasillo. 

El actual paso hacia la L1 desde Atocha se convertirá en un nuevo vestíbulo de 1.993 metros cuadrados en el que estará integrado el nuevo memorial de la víctima de los atentados del 11M. 

La zona de recogimiento proyectada estará separada por una mampara de cristal. CAM

De momento, la Consejería no tiene un proyecto definitivo y está trabajando con las nueve asociaciones de víctimas del terrorismo para ver cómo configurarlo. Lo que sí tienen claro es que harán una pequeña zona de recogimiento integrada en la sala, pero independizada mediante una mampara de cristal.

Es un espacio más pequeño dentro del vestíbulo y destinado para quiénes, como ocurre ahora, entran al memorial. Aun así, y manteniendo este espacio íntimo, la idea de la Consejería es incluir referencias a los atentados por todos los metros cuadrados del vestíbulo y no sólo en esta área. 

El consejero de la Comunidad de Madrid junto con las asociaciones de víctimas durante la creación del grupo de trabajo. CAM

Nombres de las víctimas

Aunque desde fuera este cilindro parezca vacío, desde el interior de la sala, en la primera planta, se puede ver como la luz solar ilumina una espiral llena de mensajes de recuerdo y el nombre de los 192 muertos. Desde el de Eva Belén Abad Quijada hasta el de Csaba Olimpiu Zsigovszki. 

Estas inscripciones y nombres complican el desmontaje del cilindro que pesa 160 toneladas. El objetivo es eliminarlo, pero siempre respetando los mensajes y los nombres de las víctimas. 

La Comunidad de Madrid reseña, especialmente, que para hacer toda esta actuación se han puesto de acuerdo con todas las asociaciones y fundaciones ligadas al 11-M con quiénes se volverán a reunir en septiembre una vez haya concluido el proceso de desmontaje del interior del monumento. 

El cilindro está construido con unos ladrillos de vidrio pegados entre sí con un pegamento especial, por lo que no pueden establecer cuánto van a tardar en desmontarlo. 

De momento, sí se sabe que empezarán a desmontarlo dos meses después de obtener el permiso del Ayuntamiento de Madrid, ya que antes es necesario instalar el andamiaje y preparar el material. 

El monumento a las víctimas del 11-M ha estado rodeado de polémica en varias ocasiones. Primero, por su sobrecoste (más del 40% de lo presupuestado) y, después, por la cantidad de veces que ha tenido que ser reparado por deficiencias en su estructura. 

Aunque ahora la Comunidad de Madrid se lance a desmontarlo, este espacio no es de su competencia. Es el Ayuntamiento de Madrid el que se ocupa del cilindro y, por eso, se desconoce si en su lugar el equipo de José Luis Martínez Almeida levantará algún otro monumento o preferirá una nueva ubicación. 

Lo que sí es seguro es que, este 11-M, en el que se cumplen 20 años de los atentados. El cilindro de Atocha no formará parte del skyline madrileño.