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Un caballo de bronce se queda a medias en el aire, sujeto por una sola pata, a pocos metros de la Puerta del Sol. Sin jinete, sin silla, sin riendas.

Quien pasa por la plaza del Carmen se para, levanta el móvil y, casi siempre, se pregunta lo mismo: ¿cómo se sostiene en el aire? Detrás de la pregunta está Gonzalo Lebrija (Ciudad de México, 1972), el artista que ha conseguido que media ciudad opine sobre su obra.

La pieza se llama El rumor de la discordia, aunque a estas alturas ya tiene un apodo popular. "Creo que ya me dijeron por ahí que le dicen El caballo flotante, que me parece genial", cuenta Lebrija a EL ESPAÑOL, en la presentación de la obra encargada, y cedida a la ciudad, por el hotel Thompson Madrid.

Gonzalo Lebrija junto a su escultura, este miércoles, durante su inauguración. Mar León

En cuanto apareció en el centro de Madrid, la estatua se viralizó y causó polémica por varias razones. Desde un primer momento, las redes se llenaron de fotos, vídeos y opiniones diversas.

El artista mexicano tiene claro de por qué ha causado tanto impacto en la sociedad madrileña: "¿Qué hace un caballo suspendido? Estamos acostumbrados a ver caballos en una postura de triunfo, más trofeística, y de repente ves un caballo sin jinete, pero que se nota que ha pasado por las manos del hombre, y una base brutalista, minimal, sin decoración".

Para él, esa suma de símbolos es la clave. "Empieza la gente a preguntar qué significa esto. Es una página de libro abierto donde la gente podrá empezar a hacer sus propias conclusiones. Yo me considero artista conceptual porque trabajo con el lenguaje".

La discusión no es solo estética. Como adelantó Somos Madrid, la obra llega rodeada de controversia por su vínculo con el hotel.

La escultura. Thompson Madrid

La escultura está en suelo público, pero es propiedad del Thompson, que la cede de forma temporal. El mismo hotel diseñó y pagó la reforma de la plaza del Carmen, un proyecto que ya fue polémico por las ventajas que el Gobierno de Almeida concedió a la empresa propietaria.

Lebrija, ajeno a esto, ya que él fue elegido mediante consurso, valora el resultado de la plaza. "Creo que quedó estupenda respecto a como me tocó conocerla al principio. Ser parte de ella es la cereza del pastel", opina con orgullo.

Cinco años de espera

El proyecto nació en 2021, pero se retrasó hasta este año. La escultura se fundió en Éibar, País Vasco, y estaba lista para montar en julio de 2023, pero un retraso burocrático en Urbanismo la mantuvo esperando "un año en una bodega", cuenta como curiosidad Lebrija.

A eso se suma que las obras de la plaza del Carmen tardaron más de lo previsto en terminarse.

Gonzalo Lebrija. Thompson Madrid

Montarla tampoco fue sencillo. Mide 6,30 metros de altura y se alza sobre un gran pedestal de hormigón.

Hubo que calcular la altura para que los camiones de bomberos, con sus escaleras, pudieran circular sin rozarla, y que la escala funcionara con la plaza. "Anduve por todos lados buscando por dónde subirme, intentando ver de todos los ángulos cómo funcionaba la altura", recuerda su creador.

Gonzalo Lebrija interviniendo durante la presentación oficial de su estatua. Thompson Madrid

Su secreto está dentro. Lo que se funde en bronce —explica— es solo la piel del caballo, hueca por necesidad.

Por dentro lleva una estructura de acero, conectada con otra oculta en la base que hace de contrapeso. La pata del caballo que lo sostiene es de acero macizo, no de bronce, un material más flexible.

Pese a la sensación de inestabilidad, la obra está calculada para soportar unos 200 kilos más de su propio peso.

Un caballo hecho por el hombre

El caballo es un purasangre inglés, el "más manipulado genéticamente por el hombre. Esta escultura no era sobre un caballo elegante, sino sobre el que pasó por las manos del ser humano y hablar de la vulnerabilidad humana", reflexiona el artista.

Ahí está también el sentido de la obra. La escultura ecuestre —recuerda— siempre ha conmemorado victorias y muertes en la guerra.

El caballo es un purasangre inglés. Thompson Madrid

En cambio, su escultura "habla de la incertidumbre del porvenir y de reconocernos como comunidad, hacia dónde vamos y dónde estamos parados. Es un caballo que está parado en el vacío, que no ha llegado a pararse en su base".

El artista

Lebrija vive en Guadalajara (México) y trabaja el tiempo, la suspensión y el instante previo a que algo ocurra, con escultura, fotografía y vídeo. Es reconocido internacionalmente al haber expuesto en el Museo Jumex, el Museo Tamayo, el SCAD Museum of Art, el Palacio de Bellas Artes de La Habana, el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México y el Museo Reina Sofía.

Encuentros con Lebrija

Con motivo de esta nueva etapa, Thompson Madrid y la galería de arte Travesía Cuatro celebrarán este15 de octubre, un encuentro de presentación en el hotel. Estas citas reunirán al propio Gonzalo Lebrija, representantes vinculados al proyecto, miembros de la comunidad artística, prensa e invitados de la escena cultural madrileña, con el objetivo de acercar al público la obra y el universo creativo del artista.

Gonzalo Lebrija avisa a la ciudad de Madrid: "La escultura fue mía cuando estuvo en concepción. Ahora es de ustedes" y asegura que para los ciudadanos "hay cierta atracción, la gente se toma fotos, hay una conexión".