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Madrid amaneció este sábado con el cielo amenazando lluvia. Por momentos, algunos manifestantes abrían los paraguas, aunque el agua apenas aparecía y la marcha continuaba. A mediodía, cuatro columnas avanzaban desde distintos puntos del centro de la capital con un mismo destino: Cibeles.

La del norte salió de la glorieta de Emilio Castelar; la del sur, de Atocha; la del este, del Hospital de La Princesa; y la del oeste, de Plaza de España. Poco antes de las dos de la tarde, todas terminaron encontrándose frente al Ayuntamiento de Madrid.

La Delegación del Gobierno calcula que unas 70.000 personas participaron en la movilización, convocada por el Sindicato de Inquilinas bajo el lema 'Hacia la huelga general'.

Es una cifra menor que la del 8-M de 2019, cuando la Delegación contabilizó 375.000 manifestantes, pero superior a las estimaciones que se manejaron para la manifestación que dio origen al 15-M en 2011, que según la Policía Nacional y la Delegación del Gobierno que fueron de 20.000 manifestantes.

En Cibeles se mezclaban edades y pancartas. Había niños de la mano de sus padres, personas mayores y muchos jóvenes. También familias enteras que avanzaban juntas entre los cánticos. No parecía una marcha formada únicamente por quienes viven en las casas de los barrios más tensionados: el problema del alquiler aparecía como una preocupación compartida entre generaciones.

Manifestantes en Madrid. Europa Press

Los gritos se repetían durante el recorrido, muchos de ellos ya conocidos de las concentraciones de los últimos días. “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, esto no es un Gobierno, son los rentistas en el poder”, coreaban los manifestantes.

Después llegaba otro de los lemas que más se escuchaban: “Que no queremos, que no nos da la gana, trabajar para los caseros toda la semana”. Y, entre una consigna y otra, también se repetía: “Ministra rentista, estás en nuestra lista”.

Imagen de la manifestación. Europa Press

Entre la multitud estaba Jorge, de 27 años. Es profesor y comparte piso con otros tres amigos. Había acudido a la manifestación después de que el Congreso tumbara el día anterior los dos decretos de vivienda impulsados por el Gobierno. “Yo creía que sí había posibilidad de que el decreto se aprobara, pero no fue así. Es una vergüenza lo que está pasando”, explica.

Jorge no habla solo de su situación actual, sino de los planes que no puede hacer. Tiene pareja y quiere independizarse con él, pero el precio de la vivienda se lo impide. “Quiero hacer mi vida e irme a un piso con el, pero no puedo permitirme compartir solo con una persona”, cuenta.

A su alrededor, la marcha sigue avanzando. Las pancartas se levantan por encima de los paraguas que aparecen y desaparecen según amenaza la lluvia. Jorge reconoce que tampoco tiene una respuesta concreta para resolver la crisis. “Yo no sé cuál es la solución, pero tiene que haber una porque esto nos afecta a todos”, dice.

La manifestación termina en Cibeles, pero el recorrido que empezó horas antes por distintos puntos de Madrid deja una imagen común: jóvenes que no pueden independizarse, familias preocupadas por el alquiler y mayores que reclaman poder permanecer en sus casas.

Una multitud que, al menos según la cifra oficial, super la de aquel histórico 15M pero que queda lejos del récord del 8-M. La convocatoria y los gritos de esta manifestación vuelven a colocar la vivienda en el centro de la calle.