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Las claves

Muchos de los que acampan —ya son aproximadamente 250 las tiendas de campaña, según ha podido contabilizar EL ESPAÑOL— esta noche en la Puerta del Sol para pedir un 'decreto Maricarmen' que frene la crisis de vivienda que atraviesa España arrastran detrás una historia personal marcada por la dificultad de encontrar y permitirse un techo donde dormir.

Algunos han tenido que volver a casa de sus padres después de independizarse al no poder sostener el pago de un alquiler, o han visto cómo han intentado echar a sus padres de su vivienda. Muchos invierten todo su sueldo en llegar a final de mes, otros comparten piso de forma indefinida y también hay quien ha sufrido episodios de racismo que le han impedido acceder a una vivienda.

Son las caras de la acampada, que viven con "esperanza", "emoción" y "alivio" esta gran movilización, especialmente de jóvenes, en el Kilómetro 0 de este país. "Menos mal que la gente ha respondido después del batacazo de Maricarmen"; "Hay un ambiente muy reivindicativo y con ganas de encontrar soluciones, no perdemos nada por intentarlo"; "Maricarmen ha sido la gota que ha colmado el vaso, aunque ya hacía tiempo que estaba derramado", comentaban varios de los manifestantes.

Asamblea de bienvenida del Sindicato de Inquilinas, este domingo. M. L.

Son ellos mismos, los que están allí sentados todo el día al sol y durmiendo en una tienda a la intemperie, los que sufren de primera mano el drama de la vivienda. Es el caso de Jorge Collado, un joven estudiante madrileño que solo se pudo independizar de casa de sus padres durante tres meses.

"Viví de alquiler, pero me volví a casa porque es imposible", lamenta el joven, que ha sufrido de primera mano lo tensionado que está el mercado del alquiler en la capital. Según cuenta desde el asentamiento improvisado de la Puerta del Sol, actualmente tarda más de una hora y media en ir a la universidad porque vive en la periferia.

Esta situación fue la que le llevó, hace dos años, a formar parte del Sindicato de Inquilinos, agrupación en la que ahora organiza el grupo de trabajo de antirracismo. Fue una coincidencia que, por las mismas fechas, también se hiciera militante Steven Ortiz, quien, tras la gran manifestación de 2024, sintió que debía unirse para luchar por esta situación "insostenible".

Sus padres son colombianos y, al problema habitual de la vivienda, se suma que ha sufrido toda su vida en la capital los "microrracismos y agresiones" por los que suelen pasar las familias inmigrantes.

Steven Ortiz y Jorge Collado, del Sindicato de Inquilinas. M. L.

María Olmedilla, Elena Mercero, Oliver Peñataro y Vera, jóvenes de entre 18 y 28 años, también se han sumado a "la causa" con una manta de pícnic y una guitarra acústica. "Voy a todas las manifestaciones porque vivo de alquiler y el precio está muy elevado. Gasto todo mi sueldo ahí y no hay alternativas viables", lamenta Elena.

Vera, la más joven del grupo, mira con desesperanza al futuro: "Me quiero ir de casa de mis padres, pero cada día tengo más claro que es mejor que no me vaya. Lo paso mal. Me voy a casar viviendo con mis padres", reflexiona con humor y tristeza.

"Compartir piso ha dejado de ser una etapa"

"Compartir piso ha dejado de ser una etapa", dicen Aitor González (27 años) y Martín Vicente (25) desde su tienda de campaña. Ambos, que vinieron a estudiar y trabajar, llevan un año viviendo en Madrid y se han topado de bruces con la dificultad de encontrar un techo en el que dormir.

En cambio, Iona (21) no puede permitirse un alquiler en la capital. La estudiante, de Bustarviejo, se ha tenido que mudar a casa de su abuela, al norte de la ciudad, y aun así tarda una hora en llegar a su universidad, en Getafe.

Iona y Carlota en su tienda de campaña. M. L.

"La Sierra Norte también se está gentrificando —avisa—. Ahora el alquiler cuesta el doble y a mi madre la casera quiso echarla de su vivienda".

Esta noche de domingo, en la Puerta del Sol, va a compartir tienda de campaña con Carlota (29). No se conocían de antes, pero esta acampada está sirviendo para tejer grandes amistades y redes.

"Es un espacio para tejer redes. Yo soy de Greenpeace y ella de Fridays for Future, pero te metes en la causa de la vivienda porque te hierve la sangre y todo es transversal. No son causas tan distanciadas: buscamos la justicia climática y social", opina Carlota.

También hay manifestantes de edad más avanzada que apoyan la causa, aunque no se vean directamente afectados. "Estuve en el desahucio de Maricarmen y es inaceptable si queremos un país social. Tengo un hijo que no puede pagar el alquiler y a lo mejor esto mañana me puede afectar a mí", valora Celes de la Cruz, megáfono en mano.

"Vivimos este momento con esperanza. Todo el mundo está muy volcado y yo voy a hacer todo lo que pueda", afirma Oliver Peñataro, que describe a la perfección un sentimiento colectivo que ha nacido en la Puerta del Sol.