Es 15 de mayo, es San Isidro, y Madrid se pone traje y boina y de chulapo para honrar a su patrón en una jornada donde la acción se traslada a la famosa pradera madrileña.
Claveles, organillos y mantones de Manila inundan las calles para celebrar la identidad castiza que sobrevive al paso de los siglos.
Y como cada año, la agenda de San Isidro de este año está repleta de citas imprescindibles para exprimir la festividad.
Los madrileños podrán disfrutar de los tradicionales bailes de chotis en Las Vistillas y de una programación de conciertos gratuitos que llenará de ritmo la Plaza Mayor y Matadero.
No faltarán las colas habituales para cumplir con el rito de beber el "agua del santo" en la Ermita, ni la compra obligatoria de las rosquillas listas, tontas y de Santa Clara.
Pero hay una pregunta que no todos los que acuden a la festividad saben responder: ¿Quién fue San Isidro Labrador y por qué es el patrón de Madrid?
San Isidro Labrador nació en Madrid, su ciudad, el 4 de abril de 1082, cuando todavía era conocida como Mayrit por su sello musulmán.
La actual capital era una comarca de la Marca Media de los territorios fronterizos de Al-Andalus cuyo centro era Toledo.
San Isidro llegó al mundo en el seno de una familia humilde y pasó a la posteridad al ser la primera persona laica y casada que llegó a ser santo.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ante el cuerpo incorrupto de San Isidro.
De hecho, San Isidro no solo contrajo matrimonio durante su vida, sino que también tuvo un hijo, un detalle de su vida que no todos conocen.
En la actualidad, es en la Archidiócesis de Madrid donde se encuentra la mayor cantidad de datos y vivencias recopilados sobre la trayectoria de San Isidro Labrador.
Su vida giró en torno a sus trabajos como pocero y como jornalero en el campo, dando sus servicios a la familia Vera.
Sin embargo, todo cambió cuando el ejército de los almorávides tomó Toledo, lo que provocó que se mudara a Torrelaguna.
Allí conoció a Toribia, quien poco después se convertiría en su esposa y que más tarde pasaría también a ser santa, conocida como Santa María de la Cabeza. Ambos tuvieron un hijo, Illán. Tiempo después de su primer viaje consiguió regresar a Madrid para retomar su trabajo para la familia Vera en el campo.
Allí demostró sus virtudes cristianas y también sus habilidades profesionales como zahorí desarrollando el resto de su vida. Falleció a los 90 años después de un largo camino.
Canonizado en el siglo XVII
San Isidro Labrador fue canonizado en el año 1622 por el papa Gregorio XV en la Plaza Mayor junto a San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Francisco Javier y San Felipe Neri.
Sin embargo, no fue hasta el año 1960 cuando se convirtió en el primer laico casado que fue llevado a los altares.
Además, fue proclamado como patrón de los agricultores por el papa Juan XXIII. Aunque tardó mucho tiempo en recibir este reconocimiento, su influencia pasó de generación en generación hasta crear una gran leyenda alrededor de su figura.
Los agricultores ya veneraban las enseñanzas y virtudes de San Isidro antes de que fuera canonizado e incluso antes de que muriera.
El cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador se conserva en la Colegiata de San Isidro de Madrid y el arcón donde secularmente estuvo depositado se encuentra en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, donde puede ser visitado por fieles y turistas.
La figura de San Isidro de Labrador ha estado marcada a lo largo de la historia por los milagros que realizó. Sin duda, el más conocido es el que protagonizó al elevar las aguas de un pozo donde había caído su hijo Illán.
El santo consiguió hacer que el nivel del agua subiera para que el niño pudiese llegar hasta el brocal y así rescatarle, evitando que se ahogara. Este pozo se encuentra ahora en el Museo de los Orígenes.
Cuenta la leyenda que el agua de su manantial, que se encuentra muy cerca de la actual Ermita de San Isidro, tiene poderes curativos desde el siglo XII.
La emperatriz Isabel de Portugal en 1528 ordenó la construcción de esta ermita después de que su agua curara las preocupantes fiebres de Carlos V y de su hijo Felipe II.
