Las claves
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Durante décadas fue uno de los lugares más temidos por los presos políticos y la oposición antifranquista. La cárcel de Carabanchel, levantada por el franquismo en 1944 con planta en forma de estrella, se convirtió en símbolo de represión y castigo. No en vano se ganó el apodo de la "estrella de la muerte del franquismo".
Hoy, ese mismo solar vuelve a ocupar titulares: el Gobierno ha aprobado su cesión para levantar 508 viviendas públicas y un hospital que atenderá a los barrios de Carabanchel y Latina.
La historia física de Carabanchel explica por qué el anuncio reverbera: concebida y erigida en la posguerra con un trazado estrellado pensado para la vigilancia, la Prisión Provincial de Madrid abrió sus puertas en 1944 y durante décadas albergó a miles de presos políticos, sindicalistas y reclusos comunes.
Su estructura, su cúpula y su emplazamiento en el sur de la ciudad terminaron por hacerla símbolo —y a veces metáfora— de la represión franquista. Fue clausurada en 1998 y su demolición se completó en 2008.
El solar vacío que dejó ha sido, desde entonces, campo de disputas sobre memoria, usos públicos y vivienda.
Un giro de uso y titularidad
El trámite aprobado esta semana desbloquea la cesión de 27.000 metros cuadrados a la Entidad Pública Empresarial de Suelo (SEPES), dependiente del Ministerio de Vivienda, que asumirá la urbanización y la promoción de las 508 viviendas de protección pública que ahora se anuncian.
El resto del ámbito (el conjunto suma aproximadamente 172.000 metros cuadrados) seguirá sujeto a decisiones municipales y a figuras de planeamiento que ya han venido negociándose en los últimos años.
El planteamiento ministerial se presenta, además, como pieza de un plan mayor: la reconversión de suelos penitenciarios en vivienda pública en varias ciudades españolas.
El proyecto no se limita a bloques de pisos. Según las fuentes oficiales y el desglose que manejan grupos municipales y el propio Ministerio, se reserva una parcela de 40.000 metros cuadrados para la construcción de un hospital "de referencia" para los distritos de Carabanchel y Latina.
La antigua cárcel de Carabanchel
Paralelamente, las zonas destinadas a equipamientos y espacios verdes se amplían con respecto a planes anteriores —pasan de 38.000 a 59.000 metros cuadrados— y se reserva una parcela de 2.000 metros cuadrados para equipamientos municipales como una escuela infantil, un centro de mayores o una biblioteca.
Además, se prevé que alrededor de 20.000 metros cuadrados se empleen para dependencias de la Administración Penitenciaria, si bien parte de ese suelo retornará al Ayuntamiento como dotacional.
Memoria y límites
El proyecto incorpora, de forma explícita, un espacio dedicado a la memoria de lo que allí ocurrió: el plan incluye la creación de un monumento y un centro de interpretación o museo sobre la cárcel y su papel en la represión franquista.
La Secretaría de Estado de Memoria Democrática ha reservado una partida de 300.000 euros para ese memorial-museo, una cifra que el Ejecutivo presenta como inicio de una intervención museográfica y con vocación didáctica.
Ese compromiso financiero ha sido recibido —y reclamado— por plataformas vecinales y asociaciones memorialistas que llevan décadas pidiendo reconocimiento y preservación de los vestigios.
El diseño previsto apuesta por conectar peatonalmente el entorno de la Ermita de Santa María la Antigua, declarada Bien de Interés Cultural, con la nueva zona verde y con la Vereda de Aluche
Con el movimiento, desaparece la infraestructura viaria que en planes anteriores habría atravesado el parque Eugenia de Montijo, y se plantea su sustitución por una vía verde arbolada.
Parte del proyecto incluye también la musealización de una antigua canalización romana que permanece bajo el terreno, una pieza de arqueología urbana que el planeamiento quiere incorporar a la lectura pública del lugar.
Consenso
La transformación recoge décadas de movilización: plataformas vecinales, asociaciones memorialistas y grupos municipales han presionado para que el uso del suelo fuera público y para que la memoria del penal no quedase enterrada por completo bajo nuevas promociones.
"Este proyecto nació del consenso institucional y de la lucha vecinal por recuperar un espacio emblemático marcado por la historia de la represión y la defensa de las libertades democráticas", ha señalado el Grupo Socialista del Ayuntamiento de Madrid al celebrar los avances.
La voz del pasado
Al mismo tiempo, asociaciones como la FRAVM reclaman medidas complementarias como un centro de memoria más amplio, la preservación de restos y la clausura de equipamientos de gestión migratoria que ocupan parte del ámbito. Esto evidencia que la implementación tiene aún etapas de negociación por delante.
La propia literatura sobre la cárcel ha contribuido a fijar su apodo en la memoria colectiva: Luis A. Ruiz Casero dedicó a la prisión un estudio titulado 'Carabanchel. La estrella de la muerte del franquismo' (Libros del K.O.), un registro analítico y crónico de una institución que fue, durante décadas, sinónimo de castigo y control.
