Hace algo menos de un año el Gobierno anunciaba el inicio de la tramitación de una iniciativa que podría tener un impacto transformador para los pequeños ahorradores: la creación de una cuenta de ahorro e inversión concebida para movilizar los cerca de un billón de euros atrapados en cuentas y depósitos que prácticamente no generan ningún rendimiento.
Celebrábamos entonces la intención del Gobierno de impulsar un vehículo fiscalmente eficiente para democratizar la inversión a largo plazo y ayudar a las familias a proteger el valor de su dinero frente a la inflación.
El anuncio de la nueva Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa ratifica que el diagnóstico de partida era el correcto: España necesita urgentemente pasar de ser un país de ahorradores a un país de inversores.
Sin embargo, tras analizar el detalle del texto publicado en el BOE, la sensación imperante es la de una oportunidad parcialmente perdida. Aunque la iniciativa contiene elementos positivos, la letra pequeña aleja la norma de su objetivo primordial: poner al pequeño ahorrador en el centro del sistema.
Si comparamos el mecanismo planteado por el Ejecutivo con las necesidades reales de los ciudadanos, encontramos barreras estructurales que limitan su verdadero potencial democratizador.
La sensación imperante es la de una oportunidad parcialmente perdida
Una cuenta que verdaderamente sea útil para el pequeño ahorrador debe ser flexible, permitiendo a un mismo titular diversificar y contratar distintas cuentas con diferentes proveedores para fomentar la libertad de elección y la competencia entre entidades.
El vehículo exige la titularidad de una única cuenta en su modalidad general y el titular sólo podrá movilizar la cuenta a un nuevo proveedor una vez al año. Esta restricción ata de pies y manos al ciudadano, obligándole a concentrar sus decisiones de inversión en una sola entidad en vez de permitirle elegir en cada momento la entidad o el servicio que mejor se adapta a sus intereses.
Por otra parte, si bien la propuesta de establecer porcentajes mínimos de inversión en activos europeos es coherente con el objetivo de canalizar el ahorro hacia la economía del continente, es importante permitir que esa exposición se articule a través de fondos y ETFs que, a su vez, puedan invertir en mercados globales.
Así se aumentará la relevancia de los mercados financieros europeos, sin penalizar la diversificación de carteras que exige incorporar exposiciones a otras economías fuera de Europa.
Una mayor inversión en activos europeos ha de darse por méritos propios de esos activos y no por la limitación forzosa de los activos extranjeros que a día de hoy forman parte en cualquier proceso de creación de carteras de inversión diversificadas.
Es importante permitir que esa exposición se articule a través de fondos y ETFs que puedan invertir en mercados globales
Una de las barreras históricas de la inversión minorista en España han sido los costes ocultos y las altas comisiones. Se echa en falta un marco de comisiones proporcionales, transparentes y con límites máximos explícitos que protejan al pequeño inversor ante posibles abusos, garantizando además traspasos gratuitos y automatizados entre entidades.
El borrador omite una regulación contundente al respecto, abriendo la puerta a que la rentabilidad obtenida por el ahorro de los ciudadanos quede erosionada por comisiones de custodia o gestión poco transparentes o que la movilización de la cuenta sea coartada por comisiones de traspaso desproporcionadas.
Por otra parte, es justo reconocer que el borrador incorpora elementos muy relevantes y necesarios para que el nuevo vehículo cumpla su función de canalizar el ahorro hacia la inversión productiva. La fijación de un techo máximo de aportaciones de 150.000 euros evita que el instrumento se convierta en un vehículo para grandes patrimonios.
Asimismo, la exención tributaria total sobre los primeros 10.000 euros de beneficio obtenido representa un incentivo directo, claro y atractivo para dar el paso hacia la inversión.
El borrador incorpora elementos muy relevantes y necesarios para que el nuevo vehículo cumpla su función de canalizar el ahorro hacia la inversión productiva
De la misma manera, establecer un periodo de mantenimiento de cinco años para consolidar las ventajas fiscales y optar por un abanico amplio de instrumentos elegibles que incluye acciones, fondos de inversión y ETFs son decisiones acertadas.
Garantizar la prosperidad individual y colectiva de los españoles exige construir herramientas que otorguen más control a los ciudadanos sobre su salud financiera. Reducir la brecha de inversión en España no es sólo una cuestión de incentivos fiscales; es una cuestión de simplicidad, transparencia, costes ajustados y soberanía del cliente sobre su dinero.
Tras el rechazo del Congreso a los decretos de vivienda este viernes, en los que iba incluida la creación de la nueva cuenta de ahorro e inversión, queda por ver el camino que seguirá el Gobierno para que este nuevo mecanismo llegue a buen puerto. Todavía estamos a tiempo de perfeccionar esta norma con los desarrollos reglamentarios correspondientes y aclaraciones de los reguladores. La estructura fiscal y la visión de largo plazo con la que nace la Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa son elementos positivos, pero para que sea un éxito debemos atrevernos a eliminar las barreras de entrada: fomentemos la competencia, garanticemos la transparencia de costes y otorguemos plena libertad al ahorrador para gestionar su futuro financiero.
*** Antón Díez Tubet es director general de N26 para España y Portugal.
