Más que una pregunta, es casi un axioma. Una verdad apenas discutida desde que todos conocimos por primera vez lo que era capaz de hacer un modelo de inteligencia artificial generativa como ChatGPT.
La IA destruirá cientos, o miles de puestos de trabajo. Creará otros nuevos, pero el seísmo en el mercado laboral, con su correspondiente periodo de inestabilidad, será inevitable.
Y, sin embargo, van pasando los años y eso todavía no ha ocurrido. Las herramientas multiplican exponencialmente su efectividad, pero eso no se ha traducido, al menos aún, en el apocalipsis que algunos anticipaban. Pero tampoco en un mercado laboral que pueda calificarse de inestable.
Pronto, el 30 de noviembre, hará cuatro años que la compañía OpenAI mostró al mundo un modelo de inteligencia artificial extraordinariamente sencillo de utilizar.
Uno que permite, en lenguaje natural (inglés, español o cualquier otra lengua), realizar consultas que permiten desarrollar buena parte de nuestro trabajo en la mitad del tiempo que le dedicábamos hasta entonces.
Con limitaciones al principio, este modelo y sus competidores han ido evolucionando hasta ser capaces de resumir textos, codificar, diseñar y escribir no solo con rapidez, sino con muchísima calidad. Cientos de trabajadores observan con recelo la herramienta, preguntándose si no ha llegado el día en el que pueda sustituir por completo sus habilidades.
No parece ser el caso. De muestra, un botón. La inteligencia artificial permite escribir código entre 10 y 20 veces más rápido. Eso debería traducirse en que, en estos años, hubiese aumentado el lanzamiento de nuevos softwares entre un 1.000 y un 2.000 %. La realidad es que solo se han incrementado en un 30%.
La producción de IA ajustada a la calidad crece un 2.000% anual
Más datos: una de cada cinco empresas estadounidenses utiliza actualmente la IA en al menos un ámbito de su actividad. En el sector de la información, esa cifra asciende a dos de cada cinco.
La producción de IA ajustada a la calidad -es decir, en qué medida ha mejorado la capacidad de la tecnología, y no solo su grado de uso- creció más del 2.000 por ciento anual tanto en 2024 como en 2025.
Aunque la IA potente es relativamente nueva, estas cifras sugieren que ya deberíamos estar observando cierto impacto en el mercado laboral.
Y, sin embargo, el mercado laboral estadounidense se mantiene tranquilo. El desempleo se situó en el 4,1% en julio, un nivel que la Reserva Federal considera compatible con el pleno empleo y la estabilidad de precios.
Por cada trabajador desempleado, hay algo más de un puesto por cubrir, una proporción que algunos economistas interpretan como una señal de que la oferta y la demanda de mano de obra están más o menos en equilibrio.
El empleo entre los trabajadores en edad productiva se mantiene cerca de los máximos de varias décadas. Las solicitudes semanales de subsidio de desempleo se han mantenido estables en niveles bajos durante cuatro años consecutivos, y los despidos se sitúan en niveles iguales o inferiores a los registrados antes de la pandemia.
Si la IA estuviera sustituyendo a los trabajadores, el aumento de la productividad iría acompañado de pérdidas de empleo
Son cifras aportadas por Peter McCrory, director de Economía de Anthropic y, como es obvio, parte interesada en sostener este discurso. Pero tampoco escapa a las inquietudes que este desarrollo acelerado de la IA genera entre sus propios trabajadores. Como confiesa alguno de ellos: "estoy preocupado por mi trabajo 365 días al año, 7 días a la semana, 24 horas al día".
¿Estamos ante la calma que precede a la tormenta? Hay razones para pensar que no, aunque nadie se puede fiar, en estos tiempos tan marcados por el cambio climático. Pero sí empieza a asomar una evidencia. Después de 4 años, ya no podemos decir que es demasiado pronto para notar los efectos de la IA en el mercado laboral.
Ya estamos empezando a ver el impacto de la IA en las estadísticas de productividad agregadas. La productividad laboral ha crecido (en Estados Unidos) alrededor de un 2% al año desde 2022, en comparación con el 1,6% de los cuatro años anteriores a la pandemia.
Los sectores que han adoptado la IA más rápidamente también han tendido a registrar un aumento más rápido de la productividad. Esto es una prueba de que la IA está surtiendo algún efecto, pero no de que esté sustituyendo a nadie.
Si la IA estuviera sustituyendo a los trabajadores, el aumento de la productividad iría acompañado de pérdidas de empleo. Actualmente no vemos que esto esté ocurriendo.
Si analizamos las renuncias, los despidos y las tasas de inserción laboral, observamos una tendencia a la estabilidad. Tampoco hay indicios de una rotación laboral inusualmente rápida debida a la IA.
Un buen ejemplo lo encontramos en la ingeniería de software, un campo en el que muchos suponían que la IA acabaría con los puestos de trabajo.
Si nos fijamos en Estados Unidos, las ofertas de empleo para ingenieros de software se han recuperado en general desde mayo del año pasado en comparación con el resto de ofertas, lo que indica una creciente demanda de trabajadores en una profesión en la que las capacidades de la IA están avanzando más rápidamente.
A pesar de su increíble avance y de su acelerada adopción en toda nuestra economía, no existe ningún puesto de trabajo en el que todas las tareas asociadas sean gestionadas sistemáticamente por la IA.
Muchas de estas funciones pueden depender de la coordinación interpersonal, las interacciones presenciales o la interacción con el mundo físico que, hasta ahora, solo los seres humanos pueden realizar.
¿Qué nos deparará el futuro? Sin duda los modelos evolucionarán, y muchos trabajos cambiarán, total o parcialmente, en los próximos tiempos. Pero no parece que haya razones para que el desempleo sea notablemente más alto dentro de un año. Al menos, no a causa de la IA.
*** Alicia Richart es Socia en IBM Consulting.