“No entiendo cómo alguien puede argumentar que el resultado de lo que está desarrollando va a ser malo para las personas y, al mismo tiempo, construirlo” (Zuckerberg).
La narrativa sobre la IA se debate entre dos extremos: el temor social a la destrucción masiva de empleo y la inquietud financiera por la rentabilidad del mayor despliegue de infraestructura de la historia.
Sin embargo, al cruzar los datos del mercado laboral con las proyecciones de inversión de los grandes actores tecnológicos, emerge una imagen mucho más matizada y realista. El verdadero desafío de la IA no es si erradicará el trabajo humano, sino si el valor económico que genere será suficiente para amortizar una factura multimillonaria.
Frente a las alarmas sobre la erradicación del trabajo humano, los datos de ARK Invest reflejan una tendencia opuesta, respaldada por la creación de aproximadamente un millón de nuevos empleos en EEUU vinculados al auge de la IA (suma combinada de las categorías “cuello blanco” y “cuello azul”).
El siguiente gráfico muestra una tendencia acumulada claramente positiva desde la base de noviembre de 2022 hasta julio de 2026 en empleos de “cuello blanco” expuestos a la IA.
Las contrataciones de desarrolladores de software, expertos en matemáticas y ciencias de datos, analistas de ciberseguridad e ingenieros se han situado de forma constante por encima del rumbo previo a ChatGPT:
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La expansión física de la IA impulsa directamente a la economía real. La demanda de empleos de “cuello azul” (contratistas eléctricos, especialistas en fontanería y climatización, construcción comercial, sistemas de instalaciones y fabricación de equipos eléctricos) registra una aceleración sostenida para edificar los centros de datos y la red de soporte necesarios:
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La ecuación financiera: ¿cuánto valor debe generar la IA? Con una inversión en centros de datos de IA cercana al billón de dólares anuales en 2026, Schroders analiza la viabilidad económica de este esfuerzo gigantesco.
Detalla cómo se acumulan las exigencias de retorno a lo largo de los tres niveles de la cadena de valor (proveedor de nube, capa de software/modelos y cliente final). Por cada billón de dólares invertido al año en centros de datos, los clientes finales deben obtener 1,2 billones de dólares de valor bruto anual (o 1,19 dólares de valor anual por dólar gastado considerando los 10 años de vida útil del activo) para cubrir los costes e incentivos del sistema:
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Si el CapEx crece un 30% anual sumando nueve billones de dólares acumulados entre 2026 y 2030, el parque de activos maduro hacia 2033-2034 exigirá generar 5,4 billones de dólares anuales de valor para el cliente. Esto equivale al 20% del beneficio operativo empresarial mundial o al 4,5% del PIB global:
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La sustitución directa de costes laborales u operativos (estimada entre 2,2 y 3,7 billones de dólares anuales) sólo cubre la mitad del objetivo requerido. El resto deberá provenir de la aceleración de ingresos y de nuevas categorías de valor hoy impredecibles:
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Al evaluar si este capital gastado empieza a generar retornos, Schroders identifica luces y sombras en los balances de las empresas.
Esta gráfica muestra cómo los hiperescaladores mantienen el CapEx en niveles muy superiores a los históricos, obligando a los analistas a elevar constantemente sus previsiones a lo largo del año:
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Aquí se evidencia la tensión financiera. En varias firmas, el CapEx absorbe una proporción crítica del flujo de caja operativo (llegando a superarlo en algunos casos), lo que obliga a recurrir a emisiones de deuda o capital para sostener el ritmo:
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Estamos asistiendo a una notable brecha en el mercado. Mientras los proveedores de la cadena de suministro (chips, memoria) disfrutan de ingresos y beneficios récord, las empresas que financian las infraestructuras sufren recortes en sus múltiplos de valoración porque los inversores siguen exigiendo pruebas definitivas de rentabilidad:
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La transformación de la IA no se frenará por la falta de empleo, sino que se medirá en la factura que los clientes estén dispuestos a pagar. La evidencia confirma que la tecnología está impulsando la creación de puestos cualificados y de infraestructura.
Sin embargo, la brecha estructural de 18 a 24 meses necesaria para construir centros de datos y rentabilizar las aplicaciones hace que el capital deba invertirse hoy mientras el retorno madura años más tarde.
Si el gasto de los clientes en servicios de IA en la nube y modelos se mantiene creciendo a ritmos cercanos al 45% anual, la mayor apuesta financiera de nuestra época terminará estando plenamente justificada.
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No te dejes contaminar por los agoreros. Hoy cierro con esta frase de Jeff Bezos sobre la IA: “Se está reduciendo el número de personas que se necesitan, pero la tecnología multiplicará esos trabajos por diez”.