La bolsa es un mecanismo que transfiere dinero de los impacientes a los pacientes” (Warren Buffett).

Durante décadas, la receta de inversión más sagrada ha sido la cartera 60/40: sesenta por ciento en acciones para crecer y cuarenta por ciento en bonos para amortiguar los golpes.

Sin embargo, la renta fija ha dejado de funcionar como refugio seguro, obligándonos a replantear la estructura de nuestras carteras.

Si los bonos ya no protegen, el camino inteligente no es asumir menos rentabilidad, sino poner todo nuestro capital a trabajar en renta variable, sustituyendo la porción de renta fija por sectores defensivos bursátiles descorrelacionados y con baja volatilidad.

Históricamente, la diversificación funcionaba de forma matemática. En el panel izquierdo del siguiente gráfico, que analiza la relación de los retornos esperados de acciones y bonos frente al índice de volatilidad VIX entre 2000 y 2019, se observa una divergencia perfecta.

Cuando el pánico se disparaba en el mercado (subida del VIX), las acciones caían, lo que hacía subir sus rendimientos futuros esperados al abaratarse, mientras que los precios de los bonos subían, actuando como un colchón que estabilizaba la cartera. Era la época dorada de la descorrelación:

Gráfico Gustavo Rivero

Sin embargo, en el panel derecho del gráfico anterior, que estudia este comportamiento desde 2020, la relación se rompe por completo. Con el regreso de la inflación y los shocks de oferta, acciones y bonos comenzaron a moverse en la misma dirección.

Cuantifiquemos esta tragedia para el inversor conservador en 2022: la renta fija estadounidense cayó un -13% (tras haber caído casi un -2% en 2021). A nivel global, la situación fue aún peor: se hundió un -16% (acumulando pérdidas tras caer casi un -5% en 2021). Y el castigo extremo en 2022 se lo llevó la deuda soberana europea con un -18,5%.

Es decir, cuando el mercado sufrió picos de estrés, ambos activos (bolsa y bonos) se desplomaron juntos, amplificando las pérdidas de los inversores en lugar de reducirlas. La siguiente gráfica histórica de correlación ilustra perfectamente este cambio estructural pospandemia:

Gráfico Gustavo Rivero

¿Por qué los bonos se han vuelto tan inestables y bajistas? Los gobiernos de las economías avanzadas no han parado de expandir su deuda para financiar déficits fiscales crecientes.

Al mismo tiempo, los bancos centrales están reduciendo sus balances mediante la retirada de estímulos (dejando que los bonos venzan sin reinvertir).

La brecha generada desde finales de 2023 muestra que la oferta de deuda que deben absorber los inversores privados es sumamente elevada en comparación con las ventas de los bancos centrales.

Al tener que absorber tanta deuda, los inversores privados exigen mayores primas de riesgo, destruyendo la capacidad de los bonos para actuar como cobertura.

Los hedge funds y las estrategias de inversión de paridad de riesgo que emplean apalancamiento basado en la relación histórica se mueven cada vez más en paralelo con la rentabilidad de los bonos del Tesoro, lo que podría hacerlos vulnerables a un desapalancamiento forzoso. Incluso los inversores institucionales conservadores, como los fondos de pensiones y las aseguradoras, podrían verse expuestos a una mayor volatilidad de sus carteras durante las correcciones del mercado:

Gráfico Gustavo Rivero

A mi juicio (y sé que decir esto no es ortodoxo), si la renta fija ya no protege, el verdadero refugio podría estar dentro de la propia renta variable.

Observemos la tabla de rentabilidad histórica por sectores de Novel Investor durante 2022. Ese año fue una tormenta perfecta. Sin embargo, los sectores defensivos y descorrelacionados de la bolsa tuvieron un comportamiento espectacular:

- Servicios públicos (utilities): logró terreno positivo con un +1,6%.

- Consumo básico: sólo retrocedió un imperceptible -0,6%.

- Salud: mostró una solidez tremenda cayendo apenas un -2%.

Estos sectores no sólo batieron holgadamente al mercado general, sino que ofrecieron una protección inalcanzable para la renta fija tradicional en ese periodo de pánico:

Gráfico Gustavo Rivero

Para dar el paso definitivo a una cartera 100% de renta variable, es vital conocer el peor escenario de cada sector. Al mirar la columna de peores rendimientos históricos (worst) de los últimos 15 años, el contraste entre sectores cíclicos y defensivos es demoledor.

Mientras que los sectores de crecimiento sufren caídas anuales brutales en sus peores momentos (como servicios de comunicación -39,9%, consumo discrecional -37% o tecnología -28,2%), los sectores defensivos muestran una resistencia asombrosa:

- Salud: su peor caída anual histórica en este periodo fue de sólo un -2,7%.

- Servicios públicos: su peor año se limitó a un -7,1%.

- Consumo básico: registró un retroceso máximo de únicamente un -8,4%.

Estas caídas máximas son extremadamente tolerables y significativamente menores que la peor caída del propio índice S&P 500, demostrando que estos sectores ofrecen una estabilidad superior a la que hoy ofrece la renta fija:

Gráfico Gustavo Rivero

La correlación positiva entre acciones y bonos ha herido de muerte al portafolio tradicional. Mantener capital atrapado en activos de renta fija que rinden poco y caen al mismo tiempo que la bolsa es ineficiente.

Considero que la estrategia del inversor moderno pasa por estar invertido al 100% en renta variable, derivando la parte que antes iba a bonos hacia sectores como salud (mi predilecto por ser defensivo e innovador a la vez), utilities y consumo básico.

Al hacerlo, mantienes intacto el enorme potencial de crecimiento a largo plazo de la bolsa mientras proteges tu patrimonio de forma real y efectiva contra las caídas del mercado.

Gráfico Gustavo Rivero

Felices inversiones a todos. Peter Lynch suele decir: “Las personas que tienen éxito en el mercado de valores aceptan pérdidas periódicas, reveses y sucesos inesperados. Las caídas desastrosas no los asustan ni los sacan fuera del juego”.